Archivos mensuales: octubre 2009

La nave MESSENGER se prepara para realizar su sobrevuelo final sobre el planeta Mercurio

La nave espacial MESSENGER (Mercury Surface, Space Environment, Geochemistry, and Ranging o Superficie, Ambiente espacial, Geoquímica y Cálculo de la distancia de Mercurio, en idioma español), de la NASA, hará su tercer y último sobrevuelo sobre el planeta Mercurio este 29 de septiembre. La sonda MESSENGER pasará a menos de 229 kilómetros (142 millas) sobre la superficie rocosa del planeta con el fin de recibir asistencia gravitacional, necesaria para entrar en órbita alrededor de Mercurio en el año 2011.

«Este sobrevuelo representa nuestra última asistencia gravitatoria planetaria, así que es importante que todo el encuentro sea llevado a cabo tal como se planeó», dijo Sean Solomon, investigador principal del proyecto en el Instituto Carnegie de Washington (Carnegie Institution in Washington, en idioma inglés). «A pesar de lo emocionantes que han sido estos sobrevuelos para descubrir algunos de los secretos de Mercurio, son apenas los hors d’oeuvres (aperitivos) previos al ‘plato fuerte’ de la misión: observar al planeta Mercurio desde una órbita local durante todo un año».

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Un planeta en el que llueven piedras

Los terrícolas sabemos de lluvias de ranas y peces, de granizos del tamaño de puños y de otros fenómenos meteorológicos extraños, pero el clima en un planeta extrasolar puede ser bastante más duro. En Corot-7b, el mundo «gemelo» de la Tierra dado a conocer por los astronómos en Barcelona hace tan solo unos días, llueven piedras.
Corot-7b, llamado así por el telescopio espacial con el que se descubrió, se encuentra a unos 400 años luz y es, según los científicos, «el primer planeta del tamaño de la Tierra que podemos decir que se parece al nuestro». Aun así, hay diferencias considerables que le impiden albergar buenas concidiones para la vida, ya que se encuentra a muy poca distancia de su estrella y, por eso mismo, soporta temperaturas que, según los cálculos, rondan los mil grados centígrados.

Frentes de guijarros y lluvias de piedras El infierno es aún mayor en la cara del planeta que siempre mira su estrella (de la misma forma que la Luna, atrapada por el campo de gravedad de la Tierra, nos da siempre la misma cara). Allí, se superan los 2.300 grados, una temperatura que, aunque parezca increíble, ¡vaporiza las rocas!

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