Predicción meteorológica: «Antes fallos gordos había tres o cuatro al mes, y ahora dos al año»

Con una semana de antelación, los modelos de predicción atmosférica, como los que maneja la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), ya indicaban que algo «raro» y de potencial impacto se iba a producir en amplias zonas de España. Y se cumplió. Filomena ha sido la borrasca invernal perfecta, con importantes nevadas en zonas poco habituales que han colapsado buena parte del centro peninsular.
«Las predicciones meteorológicas han sido relativamente muy buenas», afirma Francisco Martín León, meteorólogo de Meteored. Para hacer sus avisos, los predictores utilizan una serie de herramientas, entre ellas modelos numéricos que luego han de interpretarse. La Aemet emplea los que Martín considera «los mejores del mundo», entre ellos los modelos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés), una organización intergubernamental independiente con sede en Reading, Inglaterra. Sus cálculos permiten predecir el tiempo y conocer y evaluar la llegada de fenómenos atmosféricos potencialmente adversos con cinco o siete días de antelación con cierta seguridad. «En el caso de las nevadas, determinaron su singularidad, su rareza y el grado de adversidad. En palabras llanas, que «algo gordo» iba a venir. Y los meteorólogos supieron reflejarlo», explica el coordinador de la Revista de Aficionados a la Meteorología (RAM) y exfuncionario de Aemet.

Coincide el exdirector de Predicción de la Aemet, Ángel Rivera. «Se ha hecho estupendamente bien, desde el centro europeo hasta los meteorólogos de la Aemet». El aviso, dice, llegó con hasta diez días de antelación. Porque aunque siempre puede haber errores, la meteorología ha avanzado a pasos agigantados en pocas décadas. Antes «fallos gordos había tres o cuatro al mes, y ahora son uno o dos al año», dice Rivera. La evolución ha sido posible gracias a tres factores: mayor cantidad y calidad de datos, el aumento exponencial de la capacidad de los ordenadores y, sobre todo, la mejora de los modelos numéricos.
Estos modelos numéricos reproducen el comportamiento de la atmósfera en el futuro. Se basan en ecuaciones matemáticas atmosféricas y pueden predecir el tiempo a varios días vista, gracias a un compendio de observaciones de superficie y de satélites que un superordenador opera en base a leyes atmosféricas. Junto a los europeos hay otros modelos, como el americano Global Forecast System (GFS), y cada país dispone del suyo. El de la Aemet es el Harmonie-Arome.
«Por lo general, cada predictor confía en uno u otro modelo o hace una media o ponderación de todos», señala Martín. Los modelos se diferencian en la cantidad de observaciones, las ecuaciones que manejan o la calidad de las predicciones. «Pero fue el modelo europeo el que «clavó» la nevada. Cuando vimos las previsiones, muchos nos quedamos asombrados, pero día a día iba confirmando lo mismo y nos dimos cuenta de que esto iba en serio», dice.
Otras predicciones
Un acierto casi pleno del que no siempre pueden presumir los meteorólogos. «La borrasca Filomena ha sido una gran estructura atmosférica con un alto grado de previsibilidad por parte de los modelos de predicción», aclara Martín. Sin embargo, no pasa lo mismo en Semana Santa, cuando tantas veces nos acordamos del «hombre o la mujer del tiempo». «Es más fácil predecir estructuras grandes como las borrascas, que tormentas pequeñas de primavera que te pueden fastidiar la salida de un paso en Sevilla y la repercusión es enorme», explica.
También se escapan los eventos extremos muy locales, como ocurrió en 2018 con las inundaciones en Sant Llorenç des Cardassar (Mallorca). «No se puede tener una resolución metro por metro, es imposible», indica la catedrática de Física de la Atmósfera de la Universidad de Barcelona, Carmen Llasat. Hoy el nivel de detalle ya es ingente. El ECMWF trabaja con una malla de datos en rejilla que cubre todo el globo cada 5 kilómetros, con 60 o 70 niveles en la vertical, que actualiza dos veces al día. Pese a ello, «el problema es la complejidad de cómo cambios muy pequeños pueden afectar» al clima local, dice Llasat.
Pero no fue el caso de Filomena. Si los autobuses y coches se quedaron varados no fue por falta de aviso. «La Aemet dio con suficiente antelación el grado máximo de aviso por nevadas en Madrid y la zona centro», dice Martín. Se avisó de que superarían los 20 cm el viernes 8 y el sábado 9 y suponía «un evento de fuerte impacto para una ciudad tan vulnerable como Madrid, por su densidad de población e infraestructura», continua. A su juicio, deberíamos reaccionar como ocurre en EE.UU. ante la llegada de un huracán, donde todo el mundo se moviliza antes del desastre. «Y no es que en España no existan antecedentes. En la Comunidad Valenciana conocen muy bien las danas y el año pasado tuvimos la borrasca Gloria -allí se tomaron medidas antes-, pero reducir la movilidad en la Comunidad de Madrid es algo muy sensible. Es la historia que se repite», lamenta.Read MoreTodosRSS Agregación ABC

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