Los bombardeos y nuestra educación

Durante la Segunda Guerra Mundial, a partir del invierno de 1943, los aliados efectuaron 15 mil bombardeos masivos sobre Alemania creyendo equivocadamente que con ello la moral de la población alemana y la imposibilidad de esta de soportar tanto sufrimiento iba a traer como consecuencia la rendición del Reich.

A la llegada del otoño de 1944 se habían destruido las 45 ciudades germanas más importantes a una media de 2,5 ciudades por mes, y a mediados del invierno se había completado la demolición prácticamente total de Alemania. Así fue que en el período septiembre de 1944–abril de 1945, los aliados occidentales arrojaron sobre Alemania 800.000 toneladas de bombas, que es el 60% del total lanzado por ellos en todos los frentes de batalla en el período 1939-1945.

Persistencia

Ahora bien, en este cuadro de ciudades devastadas, cabe preguntarse qué pasó en Alemania con la educación y las escuelas, y a esto quería llegar: no pasó nada. La actividad fue casi normal, jamás se interrumpieron las clases, y lo único que ocurría con frecuencia era el cambio del lugar donde se dictaban a consecuencia de la demolición de los edificios por las bombas.

Quienes estaban a cargo de las baterías antiaéreas eran adolescentes de entre 14 y 16 años ya que a partir de esa edad eran convocados para los ejércitos de tierra. Hans Moser (citado por Hastings en su Armagedón) en 1944 tenía 15 años, vivía en la Alta Silesia y estaba a cargo de un cañón antiaéreo de 105 mm. llamado Bertha situado en defensa de una fábrica de petróleo sintético.

Es muy revelador lo que escribió Hans en su diario durante esos días: “Entre un ataque y otro, con mis camaradas tenemos que hacer los deberes y asistir a las clases que ahora se dan en el barracón de la batería. Hace varios días que no vemos el medio litro de leche que nos venían dando. Los barracones están helados y cuando no estamos en clase hacemos las tareas escolares, jugamos al ajedrez y leemos alguna novela. Esta semana hemos tenido bombardeos tres veces. Lo primero que hacemos es poner en funcionamiento los generadores de humo para ocultar la fábrica y confundir a los aviones. El médico de la batería nos exhorta a que antes del ataque vayamos al baño y vaciemos el intestino porque de ese modo va a ser más fácil tratarnos en caso de sufrir una herida de metralla en el abdomen. Mientras cargamos y disparamos a Bertha no podemos menos que admirar la colosal formación plateada. Esta semana dimos vítores en cuatro oportunidades cuando derribamos sus aviones”.

Es habitual leer y escuchar sobre el llamado “milagro alemán” y atribuirlo al puente aéreo de Berlín y al Plan Marshall, pero estas y otras medidas no hubieran sido tan eficaces si Alemania no hubiera contado con una población educada e instruida, apta para abordar la reconstrucción de su país, para lo cual fue fundamental no descuidar en ningún momento ni dejar de prestar el servicio educativo por ninguna razón, ya que ni los masivos y demoledores bombardeos de sus pueblos y ciudades fueron capaces de hacer cerrar las escuelas y suspender las clases.

Futuro

Toda nación comprometida con su desarrollo y progreso y con el bienestar de sus habitantes, tiene como propósito básico, irrenunciable y despojado de todo avatar circunstancial o político, la educación de la mayor calidad y excelencia de las nuevas generaciones.

La mayoría de los argentinos han tomado con la más absoluta naturalidad que durante un año no haya habido clases en el país y que los niños y jóvenes se hayan alejado de la escuela y de la universidad.

Ahora en vísperas del comienzo del nuevo año lectivo ni siquiera se sabe qué ocurrirá y tenemos un ministro de Educación que dice muy suelto de cuerpo que su “objetivo es que en marzo vuelvan las clases presenciales”, pero que ello “depende del cuidado que la gente tenga ahora”, lo que en buen romance significa que en nuestro país la educación sigue condicionada y “dependiendo de algo”, como lo viene siendo desde hace años. Ahora es por el virus como lo fue antes por la infraestructura, el presupuesto, los paros, las asambleas laborales, la falta de transporte y cualquier estupidez que se le ocurriera a las autoridades o a las conducciones sindicales.

Un país cuya educación depende de burócratas políticos y gremiales no tiene futuro.

Tendremos la posibilidad de esperanzarnos con un porvenir promisorio cuando todos los argentinos estemos convencidos y hagamos carne que la educación es un bien supremo que nadie puede lesionar.

No podemos tolerar que no haya clases ni que las escuelas estén cerradas por ningún motivo, ni siquiera por el virus, ya que no hay razón alguna que justifique robarle el futuro a las nuevas generaciones condenándolas a la ignorancia.

Hans Moser vivió el infierno de la guerra pero ni siquiera entre las bombas osaron con quitarle el derecho a estudiar, no permitamos que se lo quiten a nuestros hijos y nietos.

*Abogado; exministro de Gobierno de la Provincia

Nicolás Trotta. Ministro de Educación de la Nación. (Archivo)

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