Ciclo lectivo: la bioseguridad ante todo

Ocurre cada año en las semanas previas al comienzo del ciclo escolar en todos sus niveles en la ciudad de Córdoba: la preocupación por el estado edilicio y sanitario de la mayoría de los establecimientos. Un entramado de dificultades para un arranque que será atípico por las consecuencias devastadoras que va sumando el coronavirus.

Pasó un 2020 con experiencias en modo de clases virtuales que apenas alcanzó para salvar el año. Y llega un 2021 que tendrá un inicio igualmente infrecuente, con un sistema mixto entre las clases presenciales y las virtuales.

El gobernador Juan Schiaretti anunció días atrás que las aulas se abrirá “paulatinamente”, conforme a un esquema que contemplará la asistencia de algunos cursos de los niveles primario y secundario.

Todo está por verse y supeditado, como admitió el gobernador, a la evolución de la pandemia. Pero lo cierto es que las aulas vuelven a ponerse al servicio de la enseñanza postergada a raíz de una peste que nadie se atreve aún a pronosticar su fase final.

Retomando el tema de los problemas de numerosos establecimientos escolares de gestión pública o privada en toda la provincia de Córdoba, sería inadmisible que llegado el momento tan esperado no estén dadas las condiciones de seguridad en materia edilicia y de higiene, sobre todo en estos tiempos de excepciones y de cuidados intensivos.

Desde el Ministerio de Educación de la Provincia tratan de llevar calma a los docentes y a los padres de los alumnos que han puesto el grito en el cielo por las deficiencias estructurales de diverso orden.

Las autoridades aseguran que las mejoras están en marcha en base a un “trabajo intenso” para garantizar que los institutos de la Capital y del interior provincial cuenten con elementos de bioseguridad para poder iniciar el ciclo lectivo 2021.

Sin embargo, a tenor de las preocupaciones que manifiestan las asociaciones cooperadoras, los padres de alumnos y los propios estudiantes, entre otros segmentos de la comunidad educativa, no todo parecer ser color de rosa como lo pinta el gobierno.

Ello quedó corroborado en una ronda de consultas y de visitas a distintos colegios que hizo este diario. “¿Cómo van a empezar los chicos si no hay más que dos baños habilitados y son más de mil estudiantes?”, se alarmó una mujer al observar averías de distinto pelaje en un instituto de enseñanza media de la ciudad de Córdoba.

En función de ese y otros testimonios, habrá que colegir que las señales de alarma están encendidas y que aún restan obras y protocolos por encauzar. Vale reiterarlo: son principios que cobran vigor en cada inicio de clases, pero ahora en una instancia clave en la que el Estado no pude estar ausente.

Ya no se trata sólo de atender viejas demandas para la construcción de nuevas aulas, de modo de descomprimir la saturación de algunos cursos, sino de proteger a la comunidad escolar con las precauciones que amerita la contingencia sanitaria.

Cerrados. Con candado en los portones, las escuelas requieren ser acondicionadas para garantizar que estudiantes, directivos y docentes puedan volver a poblarlas. Así luce el Alejandro Carbó, en la ciudad de Córdoba. (Pedro Castillo)

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