El sexto episodio de “Luis Miguel, la serie” T2: extorsión, desconfianza y “Segundo romance”

Empezando a transitar el tramo final de la segunda temporada de Luis Miguel, la serie, su sexto capítulo (quedan dos más de aquí al 30 de mayo) profundiza en el plano artístico y emocional del ídolo en un tándem temporal que va y viene entre 1994 y 2006.

Si el episodio anterior representó el cierre de la historia de Hugo López, luego de la muerte de su representante Luis Miguel tiene frente a sí el desafío de seguir con su carrera. La continuación de Romance, su disco de boleros de 1991, y la convivencia entre los productores Armando Manzanero y Kiko Cibrián se lleva buena parte del protagonismo, aunque también aparecen por allí las internas entre Patricio Robles y Alex McClusky.

En el plano emotivo, 1994 encuentra a “Micky” empantanado en su relación con Érika y amenazado por una nueva aparición de su abuela en la historia. En 2006, en tanto, el vínculo con su hija Michelle y con su mano derecha, Mauricio Ambrosi, se complejiza y adelanta. En paralelo, la auditora Azucena averigua más detalles del supuesto accidente en Lima, mientras el cantante intenta volver de a poco a sus quehaceres musicales.

A por un “segundo” romance

Con la muerte de Hugo, Luis Miguel se refugia en Acapulco. Hasta allí viajan Kiko Cibrián y Armando Manzanero, productores artísticos a cargo del proyecto Segundo romance, quienes evidencian una fuerte tensión creativa: Manzanero quiero seguir revisitando boleros, mientras que Cibrián pretende adoptar otros géneros para adaptarlos al estilo del “Sol de México”.

Patricio Robles también se instala en Acapulco, despliega su don para la manipulación e intenta convencer a “Micky” para hacer una gira y olvidarse del disco por un tiempo. El cantante no puede mediar entre sus productores y termina escapando de ellos. Sin embargo, en una suerte de epifanía escucha a Cibrián tocando el clásico tango El día que me quieras y se decide a transformar la canción a su estilo.

Luego de disculparse con Manzanero (a quien se le dedica el episodio tras su muerte en diciembre de 2020), Luis Miguel revierte su comportamiento errático y convence al “Maestro” para que sigan trabajando juntos. La grabación del tema de Gardel y Le Pera, con una destacada interpretación de Diego Boneta, cierra ese hilo con un momento de mucha emoción, en la que la memoria de Hugo López es honrada musicalmente.

El tema sirve también como telón de fondo para el reencuentro amoroso entre el cantante y Érika, que vuelve a México tras perderse el funeral de Hugo. Aunque “Micky” la aleja inicialmente, luego corre a buscarla y terminan besándose apasionadamente con la canción en su clímax.

Mientras tanto, Patricio Robles logra que Luis Miguel interceda ante McClusky para no lo eche. El cantante valora que el aspirante a mánager lo escucha y “se parece” a él, aunque el argentino insista en que Robles sólo es condescendiente. Se empieza a resquebrajar la confianza entre “Micky” y la mano derecha de Hugo.

Su abuela y su hija

En su plano familiar de 1994, Luis Miguel se enfrenta a una nueva aparición de Matilde, que insiste con ver a Sergio. La abuela del cantante deja en claro en una conversación con Tito que hará lo imposible para presionar a su nieto y volver a España con el hermano menor del artista.

Luego de que “Micky” la evada una y otra vez, Matilde aparece en la casa de su nieto y mantiene un tenso diálogo con él. “Te dije que iba a recuperar a Sergio por las buenas o por las malas”, le dice luego de amenazarlo con hablar con una periodista y contar toda la verdad sobre su hija no reconocida y sobre la desaparición de su madre.

En 2006, en tanto, la relación con Michelle vuelve a complicarse luego de que el cantante se vaya a Las Vegas sin avisarle. Por intermedio de Mauricio Ambrosi, Luis Miguel regresa a México a disculparse con su hija. “Su padre soy yo, no se te olvide eso”, le advierte a su mánager antes de volver a su casa.

Allí, le explica a Michelle que desde la desaparición de su madre no ha vuelto a pasar la Navidad en México y busca refugiarse en “cualquier lugar que no me recuerde a ella”. Luego de regalarle el crucifijo que Marcela Basteri le había dado antes de su primera presentación en vivo, se funde en un abrazo con su hija y le dice: “Tú eres mi sol”.

Demasiadas internas

Tanto en 1994 como en 2006, el equipo de Luis Miguel está atravesado por diferencias y conspiraciones cruzadas. En ambos casos, Joe Pérez sigue “echando leña al fuego”. Además de funcionar como un cómplice de Patricio Robles y sus movimientos a mediados de los ’90, más de 20 años después busca culpar a Ambrosi por el apagón que generó el accidente auditivo que sufrió el cantante.

Mientras Luis Miguel graba su disco Navidades (suena Santa Claus llegó a la ciudad), la auditora Azucena vuelve de su viaje a Lima, donde el promotor del show la convence –soborno de Joe mediante- de que quien autorizó el “ahorro” en equipamiento técnico fue su representante.

El mánager es otro de los personajes que ganan protagonismo y anticipa un fuerte desenlace. Primero por su tensión con Michelle, que conoce inesperadamente a la pareja del español. Luego, por los roces que empieza a mostrar su relación con el cantante, sobre todo en el diálogo que comparten en torno a los cuidados que realiza el representante para con la hija del mejicano.

Hacia el final, Azucena se reporta ante Luis Miguel y le dice la verdad sobre lo sucedido en Lima. Está comprobado que el accidente ocurrió por una negligencia de la producción, que evitó gastar en el equipamiento correspondiente para evitar cualquier desperfecto. ¿Quién está detrás de esa decisión? “Tu oficina”, dice la auditora antes de nombrar al supuesto responsable: Mauricio Ambrosi.

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