Supuestos cambios en Venezuela

Se desdeña lo que no se tiene; se minimiza lo que otros logran y nosotros no; se plantean otros ejes de discusión cuando no se puede ni siquiera con lo urgente y mucho menos con lo necesario. Se trata de antiguos y probados ejercicios de retórica con los que cualquier prestidigitador distrae la atención al solo efecto de que nadie vea lo que sus manos están haciendo. Eso, en el mejor de los casos, siempre y cuando el maestro de ceremonias no se haya quedado sin recursos y todos sus trucos sean ya material de archivo. El abuso de la palabra en el afán de disimular la propia impotencia tiene su costo.

Le ha sucedido otra vez al presidente Alberto Fernández, empecinado en contradecirse y en lanzar uno que otro sofisma, como el proferido al referirse al tema de los derechos humanos en la Venezuela de Nicolás Maduro. “Ese problema fue desapareciendo”, afirmó, con la soltura de quien no teme tener que desdecirse unos minutos más tarde.

Importa detenerse en la magnitud de la afirmación presidencial, dado que podríamos estar frente a un hecho sin precedentes, como que un régimen dictatorial haya decidido desnaturalizarse al punto de comenzar a respetar los derechos humanos. O tal vez quiso decir el muy bien documentado presidente argentino que en Venezuela ya no quedan derechos humanos por vulnerar, lo que también sería novedoso.

Quizás en Venezuela las temibles Faes ya asesinaron lo suficiente (más de 19 mil ejecuciones extrajudiciales); el Sebin, liderado por expertos cubanos, ya torturó lo necesario; las cárceles ya no pueden alojar a un disidente más; los 23 civiles asesinados en La Vega (Caracas) hace unos días fueron los últimos de la lista; ya no quedan pobladores para desplazar, pues emigraron todos los que quisieron hacerlo.

Puede que las poderosas bandas narcoguerrilleras del Apure ya no disputen negocios a balazos; que la muerte del exguerrillero Jesús Santrich haya sido la postrera; que los generales venezolanos ya no usen a sus tropas para ocupar yacimientos auríferos o traficar armas y estupefacientes. Que ya no se vea en Caracas o en Maracaibo a legiones de niños revolviendo tachos de basura.

Según el presidente argentino, una noche nos fuimos a dormir con una Venezuela dictatorial y amanecimos con el mismo país caribeño destilando democracia, algo envidiable en esta región de constituciones maltratadas. Puesto a explicarse como siempre lo hace, el primer mandatario tendría que contarnos los secretos de tal prodigio en el seno de un país que ya hace más de una década fue deslizándose por la pendiente del autoritarismo y el populismo más extremos.

Es probable que muchos ciudadanos argentinos no sepamos muy bien lo que ocurre en Venezuela. Pero tanto los venezolanos que aún viven en ese país como los millones que se vieron obligados a emigrar hacia el resto del continente, y en especial a nuestro territorio, no merecen que un mandatario confunda la realidad con la ideología de una facción de su propio partido.

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