Mudanzas de porteños a las sierras de Córdoba por la pandemia: ¿se dio el “boom” que se presagiaba?

Asomaba como un boom, en plena cuarentena estricta, hace un año. Un fenómeno que sorprendía y que, a fines de junio, un informe de este medio graficaba bajo el título “Más porteños interesados en mudarse a las Sierras”.

Media docena de agentes inmobiliarios de diferentes localidades serranas cordobesas admitían, a fines de junio de 2020, su asombro por la enorme cantidad de consultas que recibían, sobre todo desde Buenos Aires, de interesados en mudarse, agobiados por la pandemia.

Cuando el negocio de compra y venta de inmuebles estaba paralizado en todo el país, en ciertos sitios turísticos atractivos (como las Sierras) las inmobiliarias atendían más consultas que nunca.

En las inmobiliarias serranas contaban anécdotas de gente que, incluso, afirmaba su deseo de comprar aun sin ver la propiedad y sin poder cerrar el trámite formal, por restricciones de viajes y por escribanías inactivadas entonces.

Junto con el crecimiento en la curva de demanda, despuntaba por aquellos días un interrogante: ¿cuánto habría de espuma y cuánto de concreciones al final del camino?

Ahora, un año después, repasamos con las mismas inmobiliarias qué sucedió con ese fenómeno y, si continúa, de qué modo se fue acomodando.

La primera respuesta es que hubo bastante de espuma. La segunda, que el interés por las mudanzas entre los porteños fue decayendo, aunque alguna demanda se sostiene. Y si no hubo más operaciones fue más por razones de dificultades económicas y de mercado inmobiliario que de desaparición del deseo. Veamos.

Deseo y realidad

“Para mí, esto va a estallar de gente en cuanto se levante la cuarentena”, opinaba hace un año María Eugenia Diviú, de la inmobiliaria de Santa Rosa de Calamuchita que lleva su apellido. “Hay muchísimas consultas, se percibe que quieren escapar de la gran ciudad”, interpretaba.

Hoy, Diviú resume que “uno de cada 10 que consultaron dio algún paso”, y que “hubo más deseos y angustias que concreciones”. La mujer marcó que un límite claro lo define que “les cuesta vender sus propiedades en Buenos Aires”, por lo que muchos de los interesados empezaron a repreguntar por alquileres permanentes. “Pero en las Sierras hay muy poca oferta de ese alquiler porque el negocio es el turístico”, explicó.

Diviú señaló que mudanzas de nueva gente a las Sierras ha habido en el último año, pero acotó que es difícil relacionarlas sólo con el efecto pandemia. “Hace 20 años que se observa, la matrícula de las escuelas lo demuestran”, graficó.

De hecho, esa apreciación se corrobora con las estadísticas censales: los valles de Calamuchita, de Traslasierra y de Punilla están entre las regiones de mayor crecimiento demográfico en las dos últimas décadas en Córdoba. Cuánto más se pudo sumar este año por la pandemia resulta complejo de dimensionar, aunque haya casos para contar.

También Diviú interpretó que el interesado en mudarse en el último año no era el de alto poder adquisitivo de Buenos Aires. “Esa gente miraba a Uruguay, no a las Sierras”, planteó. “Los que preguntaban acá eran más de clase media, los que estaban encerrados en un departamento y no daban más. Pero a ellos les cuesta más vender y comprar; no les es sencillo”, apuntó.

Diviú coincidió con sus pares en que, de las operaciones que hubo, la mayoría se concentró entre febrero y mayo de este año. “Que es cuando la gente pudo venir, moverse, concretar”, reseñó.

Guillermo Riegé, de una conocida inmobiliaria en Mina Clavero, coincidió: “Hubo deseo, que parece seguir instalado. Pero pocas operaciones”. Y agregó: “En los últimos meses se lograron cerrar algunas operaciones, pero no fue un fenómeno de alto impacto como algunos creían ver hace un año”.

“Cuesta mucho vender bien un inmueble en Buenos Aires para comprar otro acá. La crisis del mercado inmobiliario general influye. Algunos preguntan entonces por permutas, pero eso es ciencia ficción”, expuso Riegé. Es que hoy nadie con casa en Córdoba está pensando en comprar en Buenos Aires.

Riegé también consideró que, “aunque se ve gente nueva en Traslasierra, no parece mucho más que la se viene viendo desde hace años”.

Más respuestas

Mariela Denacimiento tenía hace un año su inmobiliaria en Nono. “Es impresionante. Estaba todo parado, y de pronto empezaron a subir las consultas de gente de Buenos Aires. La pregunta es si ese interés se mantendrá. Es como que algunos sueñan despiertos. Ojalá que, de 100 consultas, se hagan 10 operaciones; eso ya sería mucho”, decía en junio de 2020.

Ahora, con su local mudado a la vecina Mina Clavero y con operaciones en todo Traslasierra, Denacimiento apuntó que recién pudo cerrar algunas operaciones desde diciembre, y sobre todo entre marzo y mayo.

“En 2020 fue más ilusión que concreciones. Cuando se abrieron las restricciones, se empezó a mover, pero no en relación con aquella ola de interés. Este año hay menos consultas que el anterior, pero más operaciones”, resumió.

“En los últimos dos meses tuvimos algo más de ventas que lo habitual, y no por gente de Traslasierra, sino sobre todo de Buenos Aires”, reconoció Mariela. “Como al interesado le cuesta mucho vender allá para comprar acá, empieza a preguntar por alquileres, pero en las Sierras eso no es fácil”, graficó.

Sobre las edades de los interesados, marcó que “de jóvenes, nada”, y situó el promedio en los 50 años. “Digamos, gente de más de 40 años, con mayoría de más de 50”, precisó.

Leonardo Frankenberg también decía estar “sorprendido” hace un año. Pero el ejecutivo de Praedia Brokers Inmobiliarios, en Villa General Belgrano, ya adivinaba entonces que se debía esperar para ver el impacto real. “Porque no hay tantas posibilidades laborales tampoco en las Sierras, o porque necesitan vender allá para comprar luego aquí”, advertía.

Hoy, según su cálculo, no más del 20 por ciento de las consultas recibidas en pandemia avanzaron. “En realidad, hemos vendido más lotes que casas, por gente que aspira a mudarse algún día y no ya, más pensando en el futuro”, destacó.

También citó que “muchos de los interesados no pueden concretar nada porque no pueden vender bien en Buenos Aires”, y coincidió en que la idea de permutas no tiene sentido ni chances.

“Si se moviera el mercado de ventas en Buenos Aires, impactaría aquí en operaciones”, avisó Frankenberg.

La idealización, un dilema

Desde su inmobiliaria en Villa General Belgrano, Frankenberg compartió una mirada más conceptual. Interpretó que muchos de esos potenciales clientes de grandes urbes sólo proyectan en las zonas que eligen un “destino aspiracional” hacia el futuro.

Por eso eligen sitios turísticos como sueño de mudanzas: son espacios donde disfrutaron como visitantes. Pero advirtió que la realidad que ve un turista, en cualquier sitio, es diferente de la del habitante fijo.

“Hubo gente que vino y se quedó, pero otra que se volvió. Cuando empiezan a tener exigencias de escuelas, de trabajo, de conectividad, de ver sus familias lejos, muchos no se adaptan. El home office ayudó a muchos a decidir mudarse, pero no es para todos. Y no es fácil en cualquier pueblo”, consideró.

Su planteo ancla en lo que nos pasa a muchos como turistas: solemos cultivar esa mirada idealizada de los sitios que alguna vez disfrutamos de paso, como visitantes. Y en las Sierras es habitual que muchos que llegan relajados por dos semanas pregunten condiciones para quedarse para siempre. Aunque sea, con o sin pandemia, sólo una pregunta.

Una historia de mudados

“A mi nena la bicicleta le quedó chica y nueva porque nunca la usó”, señala Romina Esquivel (32), en una vereda de Santa Rosa de Calamuchita. Renata (6) y su hermanito Benicio (3) entran y salen del local, ubicado en la avenida Giagetto, una de las costaneras de esta ciudad. Juegan en la vereda, algo impensado un tiempo atrás, cuando vivían en el Gran Buenos Aires.

Romina asegura que escaparle a la inseguridad, más que al encierro por la pandemia, fue el principal motivador que impulsó a la familia a dejar Wilde, en territorio bonaerense, para buscar nuevos aires en las sierras de Córdoba.

Renata, sin saberlo, había marcado el límite una tarde cuando, saliendo del súper, le dijo a su mamá que corriera porque tenía miedo de que les robaran. “Tenés que entrar en tu casa antes de las 19; si no, es peligroso. Hay que tener cuidado hasta cuando sacás la basura o guardás el auto”, enumera la joven. Junto con Fernando Melo (32), su pareja, se criaron en esas mismas calles, pero con un panorama “muy diferente”.

El clima de pandemia ayudó a que tomaran la decisión de mudarse. Durante el aislamiento, terminaron de organizar el cambio que venían analizando. Las medidas restrictivas para desplazarse entre provincias demoraron un poco más la mudanza. Desde agosto de 2020, tenían la casa alquilada en Calamuchita, pero recién en noviembre obtuvieron los permisos para concretar el viaje.

Para Fernando, poder mantener su trabajo fue vital. Se desempeña en una empresa canadiense que vende motores para energía y lo sigue haciendo desde Santa Rosa. Justamente, por sus constantes viajes por trabajo a Córdoba, conocía esta zona. También la familia había pasado varias vacaciones en Calamuchita.

La nueva vida los animó a lanzarse en un emprendimiento comercial, sin tener experiencia y sin mucho estudio de mercado: instalaron la primera churrería de la ciudad. Hoy, distribuyen a varios comercios y venden al público en su local churros recién hechos y calentitos, con crema de limón, rellenos de dulce de leche o bañados de chocolate. También ofrecen café al paso. Ahora están a punto de contratar a una persona para que les ayude en el trabajo.

Extrañan la familia y los encuentros domingueros, pero aseguran que valió la pena el cambio.

“Los nenes están felices y eso no tiene precio”, disparan, mientras rellenan una docena de churros con dulce de leche.

Con aportes de Carina Mongi (Corresponsalía Calamuchita)

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