“Un dolor en el alma que asfixia”, el adiós del padre de Lara Arreguiz

Lara Arreguiz, de 22 años, era una estudiante de veterinaria que residía en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Amaba los animales, vivía con tres perros, dos gatos y dos serpientes. Su pasión la llevó a sumarse a la Asociación SOS Caballos.

Su muerte, a causa del Covid, conmovió al país. Su caso se conoció a partir de que su madre publicara una fotografía de Lara, que era insulino dependiente, acostada en el pasillo de un hospital mientras esperaba para ser atendida y no lograba mantenerse en pie.

La joven estudiaba en Esperanza, una ciudad ubicada a 30 kilómetros de Santa Fe. Vivía sola en un departamento que abandonó entre octubre de 2020 y febrero pasado, por la pandemia, para volver a vivir en la casa de sus padres. Tres meses atrás había decidió volver para retomar las clases en la facultad de Ciencias Veterinarias.

Las autoridades de la Universidad Nacional del Litoral la despidieron con “profundo dolor” y en SOS Caballos la recordaron como “una defensora sin igual por los derechos de los animales”, “una de las grandes” que prestaba su “ayuda desinteresada”.

El testimonio de Alejandro Arreguiz, su padre, es desgarrador. El hombre contó que el jueves 13 de mayo su hija volvió del gimnasio, se dio un baño y se acercó a la estufa porque tenía frío. Hablando con él por Whatsapp, le comentó que un súbito ataque de tos la traía preocupada, pero supuso que el cambio de temperatura desde el baño hacia la estufa podría haberla afectado.

Sin embargo, al día siguiente despertó con más tos, y sus padres decidieron ir a buscarla. Ya en la casa de Claudia, su madre, Lara se nebulizó pero los síntomas y el dolor continuaron. “No puedo respirar”, decía. Los padres decidieron llevarla al Hospital Protomédico Manuel Rodríguez, en Recreo, ya que ningún centro de salud privado la iba a recibir con síntomas de Covid-19.

El domingo, en el hospital de Recreo, les comunicaron que no había camas disponibles. Lara estuvo cuatro horas sentada en una silla de ruedas, con asistencia de oxígeno. Le hicieron placas y le dijeron que regresara el lunes para realizarse un PCR.

Los exámenes confirmaron que tenía Covid y con las placas se comprobó que tenía una pulmonía bilateral.

“En solo dos días era impresionante como avanzó y le tomó ambos pulmones. Por eso se ahogaba”, le contó su padre al portal InfoMercury. Volvieron a su casa y continuaron con las nebulizaciones, pero como no mejoraba intentaron internarla en el hospital Iturraspe.

Al descompensarse, mientras esperaba, le administraron oxígeno. Tuvo que esperar algunas horas hasta que en el viejo edificio del Iturraspe encontraron una cama para ella.

“Las enfermeras nos decían que nos tranquilicemos, que ella era una chica joven y fuerte. Yo la iba a visitar todos los días. Sólo quince minutos mediante una ventana. Muy duro verla ahí sola, sin poder hacer nada. La mamá estaba aislada con Covid y no podía visitarla”, explicó Alejandro, su papá.

El jueves 20 le enviaron un mensaje desde el hospital para consultar si quería ir a verla, y el hombre advirtió que sucedía algo “raro”, “malo”.

Los últimos días

“Cuando llegué (al hospital) estaba de costado, muy mal, con una máscara de oxígeno. Me miraba y me hacía señas de que estaba ahogada. Cerraba sus ojitos. Yo me quebré, no podía verla así. Vinieron unos enfermeros y me dijeron que ella me tenía que ver bien –detalló–. Que me vaya a casa y que le avisaban novedades a su mamá”.

Las comunicaciones que siguieron indicaban que el cuadro era cada vez más crítico. Lara fue derivada a terapia y tuvieron que intubarla. “Ahí el mundo se me vino abajo. Nos volvieron a decir que nos quedáramos tranquilos, que era joven, que iba a salir adelante”, cuenta su padre sobre los últimos diálogos que mantuvo con el personal médico.

A las 3 del viernes le comunicaron el fallecimiento. Lara murió después de sufrir tres paros cardiorrespiratorios. “Era un ángel, una chica sin maldad. A mí se me murió un hermano, pero mi mamá siempre me decía que no hay dolor como la muerte de un hijo. Y es así, tal cual. Un dolor en el alma que asfixia”, dijo su padre.

Alejandro contó que con él era algo seria, “medio seca”, pero que sabe que lo amaba. “Era mi debilidad”.

Un último recuerdo desgarra. Tras la muerte de su hija, el padre debió encargarse de algunos trámites. En la mochila de la joven, que tenía junto a ella en el hospital Iturraspe, fue a buscar su documento de identidad.

“Cuando meto la mano para buscarlo encuentro cuatro fotos mías con ella. Me mató. No sé por qué las llevó. Quizás se la veía venir o tenía mucho miedo”, contó.

Envuelto por el dolor, Alejandro pidió a la gente que reflexione y “entre en razón” de lo que provoca la pandemia. “Muchos dicen que todo esto es mentira. Pero cuando te toca en carne propia hay que vivirlo y es lo peor que te puede pasar: estar de hospital en hospital con un ser querido y no tener una cama o un médico que te ayuden. Espero que lo que nos pasó sirva para concientizar a la gente. Esto le puede pasar a cualquiera”, advirtió.

En ese mismo sentido, el grupo SOS Caballos reclamó en una carta en la que despidió a Lara que la sociedad “tome conciencia de la crisis sanitaria que estamos viviendo”.

“Que piensen, que respeten y que se cuiden. Por ustedes, por nosotros, por todos. El virus ya no distingue edades, ni comorbilidades. Más que nunca respeten y cuídense”, sugiere el texto de despedida. “Besá y abrazá a tu caballito que seguro fue el primero en recibirte”. El posteo está acompañado de una imagen de Lara besando y acariciando a un caballo. Una costumbre que repetía desde hacía ya varios años.

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