La difícil tarea de hablar de otros temas que no tengan Covid-19

Durante la segunda ola de coronavirus, en Córdoba se volvió difícil hablar de otros tópicos. Es un hecho. Hace dos semanas que en la Redacción se apilan las ideas a un costado de los teclados, pero no se pueden plasmar en crónicas e informes.

Un grupo de 45 mujeres sostiene una red extensa para dar de comer en más de 30 barrios de la ciudad capital. Su tarea es descomunal y merecería cada centímetro de las páginas del diario y cada lugar en nuestra web para ser contada. Sin embargo, una y otra vez tuvieron que suspender las entrevistas ante la aparición de casos positivos.

“Las chicas que no se enfermaron no quieren salir porque están muy preocupadas. Están con miedo, para ser más exactos. Y los voluntarios no están bajando a los barrios por la cantidad de contagios. Vamos a tener que dejar la nota para más adelante”, pidió un colaborador de la red.

Muchas de estas referentes barriales fueron afectadas por la agresividad de la pandemia. Por fortuna, pudieron sobrellevar –hasta ahora– el cuadro que produce la enfermedad. Pero, a la vez, sus barrios están “atestados” de Covid-19.

Este jueves, el Ministerio de Salud provincial identificó 4.993 casos nuevos en Córdoba. Y un informe de este medio detalló que un 80 por ciento de los barrios de la ciudad tienen vecinos contagiados.

Uno de cada 100 habitantes de Cordoba capital se contagió de Covid en las últimas dos semanas.

La agenda también colapsó

Cuando los cronistas nos movemos hacia alguna de las vías paralelas de la pandemia, la realidad nos da un topetazo, ya sea porque los protagonistas de la noticia se contagiaron del virus Sars-CoV-2 o porque el entorno se ve condicionado por este.

A principio de mes, un joven se contactó con La Voz. Adelantó la iniciativa que encabeza junto con un grupo de ciclistas en el corazón de la ciudad: han decidido recuperar “la Cueva del Oso” del parque Sarmiento.

Ellos señalan que ese icónico rincón del pulmón verde hace años fue invadido por la basura y afectado por el descuido. De noche, aseguran, es habitado por personas que buscan un refugio ante la clemencia del tiempo. Otros señalan que es un lugar visitado por las parejas que buscan escapar de las miradas ajenas.

Como sea, ellos lo quieren limpiar y desean que allí se pueda andar en bicicleta. Piden que ese lugar vuelva a formar parte del parque. Porque, según ellos, es como un sitio aparte, con una vida y una dinámica singulares.

“Mi amigo tiene Covid-19. Está confirmado. Se liberaría los primeros días de junio. Podríamos encontrarnos por esos días”, escribió un integrante del grupo a la Redacción.

Unos días antes, el paseo que este medio iba a realizar por “la Cueva del Oso” quedó suspendido. El motivo: el impulsor de la iniciativa empezó a notar síntomas compatibles con la enfermedad. Fue a testearse para descartar el cuadro y, según su criterio, el resultado iba a ser negativo.

El virus y lo cotidiano

Las historias que se van acumulando son potentes. Un grupo de “edutubers” nació hace algunos meses. Su pilar es Adela Narowlansky, una docente particular que dedica parte de su tiempo a generar acciones solidarias. Aprovechando la plataforma YouTube, crean videos educativos junto con otros docentes y animadores de distintos puntos del país.

La aparición de esta red, según cuentan ellos, es inédita. Y también estiman que se trata de una iniciativa de gran ayuda para los estudiantes que deben alternar la virtualidad con las clases presenciales.

Sin embargo, por la vorágine en que se han sumido las vidas cotidianas de la gente, no se pudo –hasta ahora– avanzar con el informe. Entre ir a hisoparse cuando aparecen síntomas y estar pendientes del turno de la vacunación, las personas han incorporado ocupaciones a sus vidas que sólo se orientan a sobrevivir.

Nunca antes se había registrado un tiempo parecido. Las agendas periodísticas marchaban a un ritmo propio. Las historias encontraban su lugar en las páginas de los diarios por su peso.

La pandemia cambió todo. Y lo que algunos creían que iba a ser pasajero o fugaz, tomó por asalto la atención de las audiencias. Se convirtió en un tema ineludible.

Hasta hace dos semanas, el grueso de los casos y el escenario controlado daban todavía un poco de aire. Ahora no. Hasta las noticias fueron contagiadas por el bicho.

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