Con clases presenciales cueste lo que cueste

«Están jugando con fuego y el fuego va a quemar a la gente». La imagen que eligió el presidente Alberto Fernández para graficar lo que cree que ocurre en los distritos que decidieron retomar las clases presenciales, a pesar de estar en alerta epidemiológica, es fuerte. Da cuenta de la gravedad de un cuadro que no cede, pero que peligramente se niega desde las jurisdicciones que lo promueven: en la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta asegura que «se basa en evidencia» (ver nota aparte) y muestra datos cuyo origen no explicita. En Mendoza, Rodolfo Suárez anuncia que «inexorablemente» se vuelve al esquema anterior, que además prevé libre circulación hasta las 23.30. Y, de paso, ya anunció que no piensa volver a fase 1 este fin de semana, ni ninguno. En Córdoba, Juan Schiaretti tiene un ministro de Educación que –a diferencia de CABA y Mendoza– firmó una postura común con sus pares en el Consejo Federal de Educación, que ahora no cumple. Aunque aclara, comprensivo: «No vamos a perseguir a quienes no envíen a sus hijos a la escuela».  

A la fecha, hay un fallo de la Corte Suprema que habilita el «desacato», y un proyecto de «ley de emergencia covid» que propone parámetros epidemiológicos precisos para habilitar aperturas o restricciones –en la educación, entre otras áreas–. Tiene media sanción en el Senado pero con una oposición que ya muestra las uñas en Diputados. Desde el Gobierno nacional apuestan a acelarar su tratamiento no más allá de la próxima semana, mientras observan los números con preocupación creciente: sobre un total de 28.175 nuevos contagios, la Ciudad de Buenos Aires registró ayer 2.105 casos, Córdoba, un alarmante récord de 3.581; Mendoza, 788.

Mapa de la presencialidad

El ministerio de Educación de la Nación, a través del Consejo Federal de Educación, presentó ayer el estado de situación de la presencialidad en las 24 jurisdicciones de todo el país para esta semana, comparándola con los criterios que se habían acordado en la última reunión de Consejo, firmados por todas las jurisdicciones, a excepción de CABA y Mendoza.

Hay dos variables básicas que se acordaron como criterio para cortar la presencialidad: la tasa de incidencia mayor a 500 –que indica la cantidad de contagios cada 100 mil habitantes, en un período de 14 días– y una ocupación de camas de terapia que exceda el 80%.

Hoy CABA y Córdoba duplican esa tasa: CABA tiene un índice de 1050; la tasa de Córdoba es de 1099 casos. Mendoza mantiene la tasa en 470 pero supera el 80% de ocupación de las camas de terapia. 

«Que la gente entienda que no es un capricho, no es que se nos ocurrió arruinarles la vida a los porteños, cordobeses… la idea es cuidar a la gente. Y está visto que la educación moviliza al 25% de lo que circula diariamente en Buenos Aires», explicó el presidente. El ministro Nicolás Trotta recordó que “la presencialidad no es una cuestión de deseo, está vinculada a aspectos epidemiológicos y sanitarios», que «suspender la presencialidad no implica suspender la escolarización».

A la cordobesa

«Lo del Consejo Federal de Educación es un marco de referencia en el ámbito educativo. La provincia, además, tiene sus propias variables», justificaron desde la cartera de Educación de Córdoba ante la consulta de Página/12 sobre por qué se firmó en el CFE un semáforo epidemiológico acordado, y ahora se abre la presencialidad aún cuando los parámetros no dan. Ante la observación de que de lo que se está hablando, justamente, es de educación, explicaron que «para eso nuestra autoridad sanitaria evaluó además de los índices epidemiológicos, la ocupación de camas, entre otros criterios».

Anoche el ministro de Salud provincial, Diego Cardozo, llevó tranquilidad evaluando que «los próximos quince días van a ser muy difíciles» (con las decisiones de aperturas ya tomadas), pero que se adoptarán medidas restrictivas «cuando la ocupación de terapia llegue al 80 por ciento». Actualmente ronda el 73 por ciento, aunque según dejan trascender desde hospitales públicos y privados, ese número es inferior al real. 

Con la premisa de que “los chicos están mejor dentro de la escuela que afuera”, el ministro de Educación cordobés, Walter Grahovac, justificó que la provincia abra la presencialidad. “La escuela sigue siendo un lugar mucho más seguro que la calle o que incluso muchos hogares. Les damos oportunidades», evaluó en una entrevista con el diario La Voz del Interior.

En la provincia la presencialidad se abrió totalmente para inicial y primaria; en secundaria se mantiene el sistema bimodal (combinado con virtualidad) en los conglomerados de más de 30.000 habitantes, que representan un 45 por ciento de esas escuelas. El ministro aseguró que “hoy por hoy, la mayoría manda a sus hijos a la escuela. Y los que no los quieren mandar pertenecen a hogares con ciertas condiciones de apoyo a sus hijos”.

Sin embargo, en doce localidades de la provincia (Alto Alegre, Balnearia, Corral de Bustos, La Tordilla, Cruz Alta, Villa Gutiérrez, Lucio V. Mansilla, Bialet Masse, San Marcos Sierras, Arias, Cosquín y Deán Funes), a pedido de los jefes comunales o intendentes ante la alarmante sitación sanitaria local, se suspendió la presencialidad. Es decir que se autorizó el desacato del desacato. 

Los datos que maneja Juan Monserrat, el secretario del gremio docente mayoritario de Córdoba, la Unión de Educadores de la Provincia, también van en sentido inverso a los del ministro: asegura que si en algo ha sido efectivas las acciones gremiales, es en «concientizar a la población, junto a un grupo de infectólogos» y hoy hay un alto número de familias que ya no mandan a sus hijes a la presencialidad. Los números de la realidad seguramente han hecho el resto: Córdoba supera por estos días a CABA en más de mil contagios, y los testimonios de las guardias colapsadas se suceden. 

Los gremios docentes en su conjunto han anunciado que no acatarán el regreso a las aulas, y seguirán dando clases desde la virtualidad. «Hay mucha presión, es impresionante cómo han salido a apretar a los docentes. Ahora se niegan a recibir las notas y dicen que va a ser falta injustificada», lamenta Monserrat, y rescata que «la vacunación ha aumentado mucho en estos últimos tres días, y la logística de la provincia es buena». 

A la mendocina

En otro análisis selectivo, Rodolfo Suárez comparó las curvas de contagios de su provincia: “Nosotros vemos que esta mayor apertura que hemos tenido no significa que haya más casos. El movimientos es el mismo pero la situación en cuanto a políticas que tienen que ver con la economía y la libertad de las personas ha sido distinta, así que eso es lo que estamos estudiando y haciendo las consultas a los expertos y epidemiólogos”.

“Nosotros con presencialidad en las escuelas tenemos los mismos picos que los lugares que tienen un confinamiento duro, que afecta a la economía y a las personas en el aspecto psíquico, que es tan importante en el desarrollo de cualquier ser humano”, analizó el gobernador. El aumento de los contagios sería, según esta lógica, una suerte de devenir mágico, una fatalidad inexorable. 

El Sindicato Unido de Trabajadores de la Educación realizó un informe, en base a los reportes diarios del Ministerio de Salud de la Nación, que muestra que la incidencia de casos cada cien mil habitantes era de 621 al 13 de mayo, y de 554 al 30 de mayo. 

Lo crítico en esta provincia es en particular la ocupación de camas: Según datos elaborados por la Asociación de Clínicas y Sanatorios de la provincia, el promedio provincial es del 85,5 por ciento en el sector privado, trepando al 93, 5 por ciento en el área metropolitana. 

«En realidad hay una falsa presencialidad: tenemos muchísimas escuelas cerradas, entre las burbujas pinchadas, los contagios y contactos estrechos, las famlias que no mandan a sus hijos por temor. Hay solo cerca de un treinta por ciento de esta presencialidad. La disputa es hoy discursiva», evalúa Gustavo Correa, secretario general de la CTA y maestro de segundo grado de la provincia.

Suma también el dato de que el sistema educativo en Mendoza aporta el 21 por ciento de la circulación, sobre todo en los centros urbanos, y que el porcentaje de vacunación docente es muy bajo, de un 30 por ciento. 

No compares que oscurece 

Unas semanas atrás se difundió un informe de investigadores del Instituto de Cálculo de la UBA y Conicet, que concluía que los casos bajaban más donde había virtalidad, que fue ampliamente atacado desde sectores de la oposición. Mario Lozano, virólogo, doctor en Bioquímica y ex rector de la Universidad de Quilmes, es uno de los que firmó aquel informe. Hoy asegura que, dado que transcurrió más tiempo y se pueden extender las conclusiones del análisis, «molestó porque dio en el clavo». 

«Todas las curvas mantienen el comportamiento, con los casos en aumento. Se confirma lo que decíamos no sólo nosotros, hay muchos otros trabajos científicos que llegan a la misma conclsión en el mundo», observa. 

«En la mayoría de los países se ha decidido abrir o cerrar en funcion algún tipo de semáforo epidemiológico. Cada país toma un criterio distinto, pero todos miden la incidencia de la enfermedad, contando los casos cada 100 mil habitantes. Si se cuenta cada 7 días (en Argentina se cuenta cada 14, por eso se duplican estas cifras), Alemania ‘cierra’ con 165, Italia 250, Francia con 400, Perú con 400, México con 250. Hay un criterio objetivo dónde pararse, a partir del cual tomar una decisión pasando determinada barrera. En Argentina se está tomando como base 250 (semanal), pero podría cambiar»

Soledad Retamar, ingeniera en sistemas entrerriana, docente e integrante de un grupo de investigación de la UTN que hace seguimiento de casos diarios a nivel nacional, analiza que «establecer indicadores acordados para después no tenerlos en cuenta al momento de restringir o habilitar actividades, es deshonesto e inútil». 

Y que «basarse en evidencia que no está acordada con el resto, que no son datos públicos y que en ningún lugar se expica cómo se obtiene, es lo mismo que no tener la evidencia: no hay manera de contrastar si el indicador es bueno o no». 

«Si uno pretende mantener la presencialidad a toda costa, habrá que ver qué medidas se toman para compensar la circulación de las personas y restringirla de algún otro modo», concluye. «Pero el problema es que, tarde o temprano, con incidencias muy altas, con niveles de actividad que no descienden, se traduce en saturación en el sistema sanitario, mayor cantidad de personas enfermas y fallecidas».

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