Pura magia: viaje a la intimidad de dos cóndores en Pampa de Achala

El mensaje llegó a mi teléfono. Una voz entusiasmada decía: “Tengo material de cóndores que me gustaría que vieras, son de Pampa de Achala”. Y compartió una imagen de esas que nos dejan mirando con atención.

Guillermo Galliano es fotógrafo y ornitólogo. Presidente de la Fundación Mil Aves, una ONG cordobesa que se especializa en educación ambiental y en conservación e investigación científica. Como toda organización no gubernamental, detalla, necesita de la colaboración de la gente para financiar sus estudios científicos y proteger el ecosistema donde vivimos.

Periódicamente, hacen relevamientos en distintas zonas de la provincia: Mar Chiquita, Salinas… Tocaba el turno de Pampa de Achala, “y ahí tuvimos este increíble encuentro con esta pareja de cóndores andinos”, cuenta Guillermo. El nombre científico del cóndor es Vultur gryphus.

“No podemos aseverar a ciencia cierta qué está sucediendo, ni qué vínculo tienen entre sí, lo que sí podemos asegurar es que son un macho joven y una hembra”, explica. La hembra tiene ojos rojos y no tiene cresta, y el macho tiene ojos pardos. Esa incipiente cresta es signo de su juventud.

“No es el comportamiento lo extraño; lo particular fue lo próximo que pude estar de ellos para retratarlos y con tanto detalle: paladar, lengua, párpados… A esto sumale que la luz ambiente era perfecta, algo que no siempre ocurre”, dice Guillermo.

El encuentro fue el martes pasado en cercanías de la Quebrada del Batán, una zona apostada sobre el Camino de las Altas Cumbres, entre Copina y el parque nacional Quebrada El Condorito.

“Aunque no se debe humanizar a los animales –continúa– la ternura que hay entre ellos es conmovedora”.

Guillermo transmite entusiasmo, lo visualizo sonriendo a través de su voz, y una gran pasión por lo que pudo reflejar en sus fotos, que por sí mismas lo demuestran, pero el relato de lo que sintió en ese momento ofrece un valor agregado para completar la escena. Divide sus sensaciones en tres momentos:

“Lo primero que me nace cuando veo estas escenas es agradecer. Soy un agradecido de lo que me brinda la naturaleza y un privilegiado de poder trabajar de esto. La segunda sensación es de adrenalina y estrés. Son instantes únicos e irrepetibles, y muchas veces fugaces. La escena podría haber continuado o, simplemente, las aves podrían haberse volado. Y el tercer efecto, una vez que las fotos están aseguradas en la cámara, es de satisfacción plena.

Guillermo agrega que disfruta enormemente de poder compartirlas, con el deseo de que la mayor cantidad de gente las conozca y disfrute, “tanto como me pasa a mí”, concluye.

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