Buena propuesta para una cuestión compleja

Las empresas de base tecnológica que recibieron inversión de capital “emprendedor” o “semilla” durante 2019 fueron casi en su totalidad fundadas por varones. Los números oficiales señalan que, en todo el país, apenas en el 2,7 por ciento de los casos había equipos liderados por mujeres.

Córdoba está apenas por encima del promedio nacional: cuatro por ciento. En función de ello, el Gobierno provincial diseñó un programa gratuito de capacitación para impulsar la participación de mujeres y de minorías de género en su creación.

El programa, que durará unos siete meses y lanzará su primera cohorte en agosto, se inicia con un proceso de “inspiración y capacitación”, y luego continúa con la “incubación de emprendimientos”. Un requisito será estar estudiando carreras tecnológicas y de negocios.

En su definición, participaron organizaciones y asociaciones privadas junto con agencias estatales, con la colaboración de varias de las universidades radicadas en la provincia.

Es una buena propuesta que no debe perder de vista el doble contexto en que se inscribe.

En cuanto a la cuestión de género, es probable que el sector tecnológico posea algunas barreras específicas. Pero la realidad es que toda nuestra economía funciona bajo el sesgo de género.

En promedio, las mujeres perciben un salario que es casi un 30 por ciento menor que el de los varones cuando están en blanco; si están en la informalidad, la brecha crece. Además, las actividades que están fuertemente feminizadas –por ejemplo, educación, enfermería y cuidado de personas, las tareas domésticas– tienen ingresos más bajos que otros rubros.

A propósito, el trabajo doméstico es la principal ocupación de las mujeres asalariadas en el país, y la mayoría se encuentra en la informalidad, lo que las perjudica a la hora de gozar de los derechos sociales de todo trabajador.

Las mujeres que cuentan con un empleo trabajan unas tres horas más al día que los varones, porque también hacen tareas en sus casas y no cobran por hacerlo. Además, muy difícilmente accedan a los puestos gerenciales y directivos.

Sabido es que la persona transgénero se encuentra en peor situación que las mujeres en el campo laboral. No sólo por los prejuicios que operan contra ellas en cualquier selección de personal, sino también porque suelen desertar temprano del sistema educativo, de modo que tienen un déficit formativo.

En cuanto a la cuestión empresarial, el índice de defunción de empresas hace demasiados años que supera al índice de nacimiento. De esto se deriva que la inversión directa es muy baja; y la creación de puestos de trabajo en el sector privado, nula, cuando no negativa, por el constante ingreso de las nuevas generaciones a la población económicamente activa.

En consecuencia, el Estado no sólo debe estimular la creación de nuevas empresas, en el marco de una matriz económica que promueva la paridad de género, sino que debe hacer lo imposible por equilibrar la macroeconomía, mantener el rumbo y bajar el costo argentino.

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