El trazo fino de Lydia Davis: comentario del libro “Ensayos 1″

Lydia Davis empezó a ser conocida en Argentina en 2014 con la antología de relatos breves Ni puedo ni quiero, aunque previamente había aparecido en España Cuentos completos (que recopila la totalidad de sus libros hasta 2007 y que da una mayor idea de su obra).

Una amplia franja de lectores quedó cautivada con esas narraciones que a veces no superan las dos o tres oraciones y otras llegan a la extensión del cuento largo, donde la autora incurre en la ironía y la digresión, el vaivén entre la ficción y el ensayo, el detalle anecdótico como disparador o el juego intertextual con algunos clásicos.

Ahora se publica en Argentina Ensayos I, el primero de los dos tomos (el segundo será dedicado a la traducción) donde la estadounidense reúne todos sus textos críticos, entre ellos reseñas, ensayos, artículos, conferencias, reflexiones y notas dispersas sobre autores, escritura e imagen.

Los textos están ordenados cronológicamente en tres secciones temáticas que se alternan –”La práctica de la escritura”, “Escritores”, “Artes visuales”, y una cuarta y última “La biblia la memoria y el paso del tiempo”– y cubren un arco que va desde los años 1970 hasta la actualidad.

En varios segmentos Davis se dedica al laboratorio de sus propias ficciones, al trabajo a partir de material hallado, y, entre otras cosas, a la función que cumple su libreta de anotaciones.

Casi al comienzo, presenta los sucesivos borradores de algunos textos y las justificaciones en cada caso, un recorrido que hace las veces de puerta de entrada a esa cocina entre material y virtual que son los diversos pasos hasta llegar a la última versión.

Más adelante, hace un recorrido por aquellos autores que a lo largo de su formación le despertaron el interés por las narraciones breves, en primer lugar Samuel Beckett por “la forma en que manejaba la lengua” y Franz Kafka por su “mirada diferente de algo muy común”, así como Thomas Bernhard por la estructura de relojería y la sintaxis compleja, Grace Paley con su poder de síntesis y su humor, y el más reciente Russell Edson con sus composiciones de amplio espectro. Pero también aquellos otros a los que llegó por encargos de traducción, como Maurice Blanchot, Michel Butor o Gustave Flaubert.

A su vez, un par de ensayos se dedican a las artes visuales, en los que su mirada se posa sobre Joan Mitchell, Alan Cote y Joseph Cornell.

Davis es maestra en el arte de la lectura y la observación, y en muchos tramos sus señalamientos son una ocasión más que valiosa para tomar nota, aunque, como es natural, la magia del toque final siempre queda reservada para el creador.

Ensayos I. Lydia Davis. Traducción de Eleonora González Capria. Eterna Cadencia. 496 páginas. Precio: $ 1.690.Read MoreLa Voz

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