Hermanos: un vínculo que se potenció con la pandemia (para bien y para mal)

Con clases presenciales intermitentes, poca vida social fuera de la vivienda y pocas actividades extraescolares por la pandemia, los niños, niñas y adolescentes se han visto en el último año y medio obligados a pasar más tiempo en casa. Eso implica también compartir más tiempo del que era habitual con sus hermanos y hermanas (para quienes los tienen).

Luciano tiene dos hijos de 6 y 4 años, y asegura que ahora juegan todo el tiempo juntos y que esa relación se ha intensificado, a veces para bien y a veces para mal. “Un ejemplo de algo negativo es que el más grande (Valentín) quiere que se haga todo como él quiere y el más chico (Baltazar) lo sigue. En la plaza, si Valentín va a la hamaca, Baltazar va detrás de él. Creo que eso tampoco lo ayuda a socializar solo con otros niños”, indicó.

Luego, agregó: “Justo hoy Valentín se fue a la casa de sus abuelos, así que nos quedamos solos con Baltazar y pudo expresar otras cosas. En la plaza se sentía un poco perdido, pero creo que le hace bien que cada tanto estén separados, que puedan compartir tiempo solos con sus abuelos o tíos o con nosotros (los padres)”.

En cuanto al aspecto positivo, Luciano no lo duda: “Se han hecho inseparables, Valentín cuida de Balta, le enseña cosas, se fortaleció el vínculo”, explicó.

“Los hermanos y las hermanas juegan un papel muy importante en el desarrollo infantil. Compartir la misma historia, la misma familia y la experiencia de vida hace que el vínculo entre ellos sea muy fuerte. Son relaciones duraderas que generalmente permanecen toda la vida. Sus vínculos suelen ser complejos y ambiguos. Se hacen compañía, juegan, aprenden y comparten la vida, y también son rivales con respecto al lugar que ocupan y a la atención de sus padres”, explicó Verónica Sipowicz, especialista en psicología clínica.

A través de una consulta en el Instagram de La Voz, pedimos a los lectores que nos comenten cómo lo viven en sus hogares: muchos sostuvieron que el vínculo entre los hermanos se fortaleció pero también que aumentó el conflicto. Para otros, los menos, no hubo cambios.

En cuanto al contexto particular de la pandemia, Sipowicz asegura que esto ha alterado en general la vida cotidiana y la manera de convivir. “Establecemos menos vínculos exogámicos buscando nuevas formas de relacionarnos dentro de la familia, entre padres e hijos, y también entre hermanos. Se puede acentuar el apego, el compañerismo y la complicidad, como así también la tensión, la rivalidad y la competencia tan frecuentes en los vínculos fraternales”, dijo.

Luego, señaló: “De este modo, la intensidad emocional de estos días de cuarentena puede aumentar la probabilidad de que surjan nuevos problemas o discusiones fraternales, como así también favorecer la aparición de conductas positivas y la generación de vínculos más estrechos”.

Para Alejandra Bertolez, docente titular de la cátedra B de Psicología del Desarrollo Infantil de la UNC, el impacto del confinamiento depende también de la edad de los hermanos y hermanas, del vínculo que tenían y del mundo laboral de los padres. “Notamos que ha habido en muchos preadolescentes y adolescentes un aumento de la parentalización con los hermanos más chicos: muchos padres no cuentan con ayuda extra para el cuidado y deben trabajar fuera de la casa, por lo que pasan más tiempo solos. Se nota más en la clase media y baja”, indicó.

Una encuesta de Unicef de mayo de 2020 indica que el 62 por ciento de los niños y niñas apoya con los que haceres domésticos: el 54 por ciento con las tareas de limpieza; el 21, participa de la preparación de las comidas; y el 13 cuida a los hermanos y hermanas más pequeños.

Conflictos

Con respecto a los conflictos, Bertolez detecta que el uso de la tecnología es uno de los puntos de conflicto: “Ante la imposibilidad de hacer actividades al aire libre o en otros espacios de socialización, hay más demanda de la tecnología. El celular o la compu se usan para tener clases, tareas, para juegos de los grandes y los más pequeños. Allí es necesario que los adultos organicen las rutinas de acuerdo a las necesidades de cada hijo e indiquen horarios y tiempo de uso para cada uno, más en los casos donde hay pocos aparatos”.

La especialista hace hincapié en establecer rutinas para evitar los conflictos frecuentes y aclara que, una vez producidos esos conflictos, es bueno –en la medida de lo posible– “dejar que los niños lo resuelvan, que digan qué les molesta y busquen cómo resolverlo”. Y que en caso de que se necesite intervención, no basta con “quitar” el elemento de conflicto sino que es bueno escuchar las necesidades de cada uno y proponer alternativas para su resolución. “Debemos dar el tiempo para resolverlo. Ellos empiezan a construir un modo de ser con el otro”, aclaró y agregó que también es bueno promover el encuentro a solas con ellos y respetar la soledad del adolescente.

Al ser consultada sobre qué recomendaciones daría a los padres y madres para promover relaciones sanas entre hermanos y hermana, Sipowicz enumeró: “promover la comunicación y el diálogo entre ellos, respetando la opinión de todos; acordar rutinas, obligaciones y tareas a cada hermano, incluyendo límites y normas de convivencia acordadas entre todos; aceptar la diferencia de la estructura de personalidad de los hijos, evitando las comparaciones que afectan la autoestima; darle tiempo para que compartan las experiencias solos, sin intervenir, dándole espacio para que solucionen sus problemas entre ellos; comprender que los conflictos son inherentes a las relaciones fraternales, no tomar partido, por una parte, actuando de mediador manteniendo la calma”.

Padres

Para Flavio, de la localidad de Pilar, sus hijos de 8 y 5 años también han intensificado el vínculo y también se pelean más, y le preocupa también el rol como padre y madre en esa relación. “Lo que yo me pregunto es cuánto más podremos soportar los padres teniendo que mantener rutinas donde conviven lo escolar, con el trabajo, con el cuidado y recreación de los niños en un solo espacio”, confesó.

Lo mismo le sucede a Luciano, quien dijo que “los niveles de estrés se han elevado en el último tiempo” y que de a poco “nos acostumbramos a vivir con este nivel de estrés y de tener que estar trabajando, cocinando e interviniendo en pequeños conflictos que son típicos de chicos pero que se hacen más frecuentes con esta convivencia prolongada”.

El confinamiento, a veces más estricto y a veces más flexible conlleva a potenciar para bien y para mal los vínculos intrafamiliares. Por eso diferentes especialistas recomiendan tratar de dar espacios para la comunicación, la escucha a cada miembro y proyectar esquemas donde se contemplen las distintas necesidades.

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