Atentado a Cristina Kirchner: El gobierno discute el esquema de seguridad de sus ministros

Luego del atentado a Cristina Kirchner, el Gobierno empezó a repensar el esquema de seguridad de sus ministros. La inquietud comenzó a ser planteada por el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Agustín Rossi, durante la reunión de gabinete del viernes pasado, horas después del atentado. Rossi sugirió que era necesario revisar, en esas primeras horas, los esquemas de protección de primeras líneas del gabinete, dimensionar la situación y mejorar los cuidados y protección, incluso de los dirigentes. Durante esa misma jornada, Casa Militar reforzó controles sobre el Presidente ante el obvio contexto, pero desde Balcarce 50 sostienen que no se trata ni de nueva agenda ni de mayores controles, sino del cumplimiento del mismo protocolo de cuidado de siempre sobre el Presidente. “Nadie está pensando en variaciones, los únicos que lo piensan son los medios de comunicación”, dice una de las personas más cercanas al mandatario con ironía. El domingo a la noche, en tanto, Cristina Kirchner volvió a su casa de Recoleta y este lunes estuvo en el Senado con los gobernadores (ver aparte).

Casa Militar es el organismo encargado de la custodia del Presidente. La Policía Federal, en tanto, tiene un área específica llamada División de Custodia que está a cargo de la seguridad de ministros. Pero no es cierto que todos los funcionarios del gabinete tengan custodia ni vayan a tenerla, como señalaron algunos diarios estos días. “Los únicos que tienen custodia son algunas figuras como el Jefe de Gabinete, el Ministerio de Seguridad y el jefe de la AFI”, señalan desde la Rosada. Ese esquema es el que seguirá planteado, de momento, según dejó trascender la misma fuente cercana al Presidente. Pero también es uno de los ejes que puso en discusión Rossi en la reunión de gabinete del viernes pasado.

El guiño del Presidente

En esa reunión, sacudida por los efectos del atentado del jueves a la noche, estuvo Alberto Fernández y su lado se sentó el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, una señal de respaldo de uno hacia el otro que continuó con el correr de los días. Según contó este lunes el titular del ministerio –ante las críticas de algunos sectores del oficialismo que dejaron trascender su enojo porque no presentó la renuncia luego de que fallara la seguridad en la puerta de la casa de la vicepresidenta– él puso a disposición su renuncia. «Lo primero que le dije al Presidente es que yo estaba dispuesto, cuando él lo decidiera, a correrme”, aclaró.

Fernández dijo que ofreció su renuncia al jefe de Estado “desde el primer momento, porque esas cosas se deben hacer así”. Además, aclaró, que “es muy difícil de resolver en una situación abierta como estábamos”, y recordó que en cuestión de segundos “el agresor fue detenido por la Policía Federal”, aunque ese punto todavía está en duda. «Minutos después se logró descifrar que había un arma”, puntualizó. Y remarcó: “no estoy justificando ni mucho menos. Lo que ha sucedido es un hecho horroroso que estamos tratándolo con mucho cuidado y profesionalismo para no dejar fugar ningún tipo de situaciones”.

Según información de Jefatura de Gabinete, los cambios en la seguridad del gobierno que se estudian no son extremos sino que las guardias que solían ser de una o dos personas sumaron una o dos personas más. En general, custodios que viajan en el mismo auto de los funcionarios que la poseen y que suelen estar acompañados de otro auto de refuerzo. Eso, dicen, se mantiene.

El blindado

El atentado puso en discusión además el esquema de seguridad de la vicepresidenta. CFK, describen personas que la conocen, solía pedir a los custodios tener espacio para poder saludar a las personas e interactuar con ella. Eso había generado que, en los últimos días de gran exposición en la puerta de su casa, varios de sus colaboradores más cercanos le adviertan el peligro que corría. Incluso se conversó que el sábado, cuando ella iba a hablar en Moreno para cerrar un plenario del PJ bonaerense, el acto oficie de cierre de esa etapa de peregrinación que llegaba hasta su casa desde hacía más de diez días, para bajar el flujo de vigilias en Recoleta. Funcionarios del Gobierno también se reprochan la exposición a la que estuvo sometida cuando el sábado anterior habló desde la cuadra de su casa arriba de un escenario improvisado.

Cerca de la vicepresidenta confirman que su seguridad fue reforzada sin más detalles. «Eso está bien y es lo correcto –dicen–. No tenemos por qué saber todos los detalles porque el tema se maneja con recaudo». Hasta ahora sólo se sabía que la vicepresidenta dejó su casa de Recoleta el viernes a la tarde a bordo de un vehículo blindado, un Ford Mondeo de color negro. Muchas historias se tejieron alrededor de ese auto. Una es que era la primera vez que lo usaba. Sin embargo no es así.

CFK tenía a disposición uno de los dos autos blindados de color negro que la AFI entregó a Casa Rosada por decisión de la entonces interventora Cristina Caamaño. Caamaño entregó dos autos. Uno quedó para el Presidente y otro para CFK. Alberto no usaba su auto. Y días antes del atentado, CFK tenía el suyo en el taller y se movía con otro. Cuando ocurrió el ataque, el Presidente sencillamente le ofreció el suyo durante las varias veces que se comunicaron entre el jueves y el viernes, incluida la visita del viernes a la tarde. Ese fue el auto en el que dejó su casa hacia un destino que algunas crónicas ubicaron en la Provincia de Buenos Aires. El domingo a la noche volvió y el lunes regresó a trabajar al Senado.

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