La materia oscura

Se denomina “materia oscura”, o masa faltante, a toda aquella que los astrónomos no pueden observar o detectar en forma directa. Presuntamente, resulta invisible porque no emite o refleja luz visible u otras formas de radiación electromagnética, o quizás su emisión es tan débil que nuestros instrumentos actuales no son capaces de detectarla. Sin embargo, su existencia resulta evidente a través de la atracción gravitatoria que ejerce sobre otros cuerpos celestes.

La presencia de materia oscura fue descubierta inicialmente en 1932 por el astrónomo holandés Jan Oort, quien midió los movimientos perpendiculares de las estrellas cercanas, relativos al plano de la Vía Láctea. Oort estudió la influencia gravitatoria del disco de nuestra galaxia sobre estas estrellas, y así pudo medir la masa de la misma, de la misma forma en que la masa de la Tierra puede ser calculada a partir de la aceleración de un objeto que cae. Para su sorpresa, el resultado que obtuvo equivalía al doble de la cantidad de masa detectable en la Vía Láctea como estrellas y nebulosas. Posteriormente se obtuvieron resultados similares estudiando la rotación de una galaxia espiral vecina, M31, más conocida como la galaxia de Andrómeda.

Un año después, el suizo Fritz Zwicky examinó la dinámica interna del cúmulo de galaxias de Coma Berenices, y llegó también a la conclusión de que las galaxias observadas sólo daban cuenta del diez por ciento de la masa requerida para mantenerlas unidas gravitacionalmente. Adelantándose a su época, Zwicky postuló entonces la existencia de grandes cantidades de “masa faltante”, que superarían a la materia visible en una proporción de 50 a 1.

La teoría de Zwicky no recibió demasiada atención en su época. Sin embargo, en 1970, observaciones espectroscópicas y mediante ondas de radio realizadas por la astrónoma estadounidense Vera Rubin permitieron conocer la velocidad de rotación de cientos de galaxias espirales, revelando que, en la mayoría de los casos, la masa de una galaxia continúa incrementándose hacia el borde de su disco visible formado por estrellas, gas y polvo.

En 1973, los estadounidenses Jim Peebles y Jeremiah Ostriker presentaron la primera argumentación teórica para la presencia de materia oscura en las galaxias espirales. Segun su teoría, éstas se hallarían rodeadas de halos de materia que no podemos observar en forma directa. De acuerdo a las observaciones de Rubin y otras realizadas posteriormente, en algunos casos la masa “oscura” detectada en ciertas galaxias es hasta 200 veces mayor que la “visible”.

La naturaleza de la materia oscura, y su abundancia, son dos de los interrogantes más importantes para la cosmología y la astrofísica moderna. Para intentar responderlos, hasta el momento, se han formulado dos teorías principales, básicamente distintas, aunque no excluyentes entre sí.
Algunos astrónomos creen que la materia oscura está compuesta por electrones, protones y neutrones. Es decir, es materia común y corriente, pero en formas que aún no han podido ser detectadas. A este tipo de materia se la denomina bariónica (los bariones son todas aquellas partículas subatómicas compuestas por tres quarks, tales como el protón o el neutrón; el electrón no es un barión sino un leptón, pero por simplicidad, siempre que se habla de bariones en relación a la materia oscura, se considera al electrón como si se tratara de un barión más). Ver toda la nota.

Fuente: http://www.astronomiaonline.com/

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