Los cantos de las aves se vuelven más aburridos al caer las poblaciones

La profesora de Biología Aplicada de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, Esther Sebastián González, ha participado en un estudio internacional que concluye que los cantos de las aves se vuelven más aburridos al caer las poblaciones. La investigación se ha llevado a cabo en relación a la pérdida de las conductas sociales de tres especies de pequeñas aves, pertenecientes al grupo de los mieleros (honeycreepers), que habitan las islas Hawai (Estados Unidos) y que sufren una drástica reducción de sus poblaciones. El estudio se ha publicado en la revista científica Royal Society Open Science.

La diversidad y riqueza del canto de los pájaros de una misma especie se empobrece casi al mismo ritmo y de forma paralela a la disminución del tamaño de sus poblaciones por la reducción del hábitat natural o la mortandad por enfermedades. De esta manera, la caída de individuos provoca que los cantos de las diferentes especies se hagan más similares entre sí a lo largo del tiempo, debido a la falta de otros ejemplares de su especie de los que aprender los sonidos.

Según los investigadores, la disminución de aves es alarmante en sí misma y a veces «oculta» otras consecuencias no tan visibles, pero sí determinantes para la continuidad de la especie como son los comportamientos culturales de grupo que se transmiten oralmente. Se trata de un concepto relativamente nuevo y que está por desarrollar, pero que podría ser determinante en la futura recuperación de especies como las hawaianas que están en peligro de extinción. La investigadora de la UMH, Sebastián González, y cinco científicos de esas islas situadas en el océano Pacífico se han volcado en describir cómo afecta la reducción de las poblaciones de estos tres tipos de mieleros (amakihi, anianiau y akeke’e) a sus cantos, los cuales son fundamentales para la cohesión del grupo y para la continuidad de la especie.

Esto es así, fundamentalmente, porque forman parte indisoluble del necesario apareamiento, dado que a partir del canto se produce el acercamiento de macho y hembra en el proceso de la reproducción. La complejidad de las señales vocales de un canto puede erigirse en espejo de la calidad de un individuo y en un síntoma de la viabilidad de una población. Los investigadores han analizado la situación de estas tres especies en la isla de Kauai, donde se ha registrado una drástica caída de las poblaciones.

El trabajo ha comparado los cantos de 86 individuos (34 amakihi, 26 anianiau y 26 akeke’e), a partir de la evolución del canto en tres momentos (hace 40 años, a comienzos de 2000 y actualmente). Las aves mieleras tienen el tamaño de un gorrión y se alimentan del néctar de las flores, sobre todo de la ohia, un árbol de la familia del eucalipto que tiene una floración rojiza.

La conclusión es que el desplome de individuos (muy rápida desde 1995) ha reducido la diversidad, complejidad y ha acelerado en las últimas décadas la similitud de los sonidos que emiten las tres especies de aves. Según ha explicado la investigadora de la UMH, “las diferencias entre las características acústicas de los pájaros mieleros en la actualidad son significativamente menores que en 2000 o en los años 70”.

En el estudio han participado, además de Sebastián González, Kristina L. Paxton y Patrick J. Hart (Universidad de Hilo de Hawai), Justin M. Hite y Lisa H. Crampton (Universidad Manoa de Hawai) y el experto hawaiano David Kuhn.

La profesora de la UMH publicó en 2017 otro artículo sobre mieleras, concretamente sobre los diferentes “dialectos” que hay en la isla grande (Big Island) de Hawai, en función de los distintos fragmentos de bosque que ocupan.

Fuente: EFE/UMH

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