Las escuelas, las clases y la covid que acecha

Horacio Rodríguez Larreta aseguró en una conferencia de prensa que de las 700 mil personas que acceden a escuelas –alumnos, docentes, directivos y personal no docente– hubo menos de un 1 por ciento de contagios de coronavirus: “sólo 0,89”, dijo. “Es una estrategia para minimizar esta ola terrible que en la Ciudad empezó 14 días después de que abrieran las escuelas”, cuestiona el secretario general adjunto de UTE, Eduardo López. Distintos especialistas consultados por Página/12 no confían en aquellas cifras. Por empezar, siquiera saben cómo están construidas. Advierten sobre un subregistro vinculado a que los chicos suelen ser asintomáticos y, en general, no testeados. También sobre el impacto de las escuelas abiertas en la circulación del virus en toda la comunidad, como lo demuestran múltiples investigaciones.

¿La escuela contagia?

 

“La escuela no contagia”, postuló el jefe de gobierno porteño. Una «certeza» que no sólo es discutida por el informe publicado por The Lancet en los primeros días de marzo. Hay otros y muchos elementos, locales y globales. “Larreta no da la fuente de los datos; desconozco de dónde los saca. No sé cómo hacen para, en un contexto de circulación comunitaria, saber quiénes se contagian en escuelas o en colectivos”, dice el senador provincial de Corrientes Martín Barrionuevo, quien viene haciendo análisis de datos sobre la evolución de la pandemia. Una conclusión a la que llegó es la siguiente: tanto en los niños de cero a nueve años como en los niños y adolescentes de 10 a 19 se manifiesta una mayor velocidad en el crecimiento de contagios desde el inicio de clases presenciales. Se multiplicaron casi por cinco: 4,63 en la primera franja etaria mencionada; 4,54 en la segunda. 

“Plantear el hecho de que se contagian de la misma forma estudiando en casa, teniendo contacto sólo con familiares, que teniendo contacto con 15 chicos -lo que además implica tenerlo con al menos 15 familias y sus vínculos laborales- es insostenible”, agrega Barrionuevo. Como otras fuentes consultadas por este diario -los especialistas Soledad Retamar y Rodrigo Quiroga-, el senador no responsabiliza a la presencialidad en las aulas del aumento de casos. El asunto es que alguna medida hay que tomar para frenar la escalada, y en todo caso se trata de ver qué es lo que se prioriza. Para sostener la presencialidad en las escuelas y que el sistema de salud aguante habría que considerar el cierre de otras actividades, y se sabe que la economía está muy dañada. A todo esto, en el AMBA los contagios están creciendo a un ritmo de un 120 por ciento en 14 días. Este viernes hubo 16 mil casos. Las medidas drásticas tienen fundamento. En dos semanas, el número podría trepar a 30 mil.

El científico Ernesto Resnik –biólogo molecular y biotecnólogo– focaliza en la construcción de los datos. Tampoco sabe de dónde salieron esas estadísticas aportadas por Larreta. Quien lo aclara es López: ese 1 por ciento surgió de los casos que notificaron los directivos de las instituciones. No es, entonces, un dato que permita asegurar que “la escuela no contagia”. Lo explica minuciosamente Resnik.

 

“En otras partes del mundo ya hay un acuerdo sobre la incidencia de la presencialidad (de las clases) en la propagación del virus. Gran Bretaña lleva los datos más estrictos. En lugar de confiar en los casos reportados porque alguien presentó síntomas, van y testean dos cosas al azar: PCR y anticuerpos. Los chicos no tienen síntomas. Se calcula que son asintomáticos en un 80 por ciento de los casos. Van a las casas y contagian a un mayor. El mayor quizá sí tiene síntomas, da positivo. En las estadísticas se cuenta que el primer caso en la familia fue la madre, pero no sabemos si fue el chico. Es un problema estructural del modo de estudiar casos en el mundo

Hay otras investigaciones relevantes en este sentido. Un paper de Science, “de lo más serio que se puede encontrar”, reveló que el cierre de establecimientos educativos es de las medidas más efectivas para reducir el R (índice de contagios), con un impacto del 35 por ciento. “Es un estudio epidemiológico mirando la película entera, no tanto cuánto se contagian los chicos. Se hizo con datos de 41 países”, precisa Resnik. En Suecia se detectó que los maestros que debieron ir a las escuelas encaraban una de las profesiones más peligrosas. Hay que aclarar que allí trabajaban “sin precauciones»; sin barbijo, siquiera. Finalmente, en base a datos de 131 países, The Lancet estudió el comportamiento del virus cuando se cerraban y abrían actividades. En un mes de análisis, cuando las escuelas cerraban el índice de contagios se reducía un 20 por ciento y cuando abrían subía un 20.

Resnik cuenta que los epidemiólogos están teniendo debates por WhatsApp en relación a los escuetos y precarios datos que circulan sobre lo que ocurre a nivel nacional con esta temática. La última información pública que hay, del 6 de abril, es que los casos positivos de Covid en escuelas representan el 0,12 por ciento en los estudiantes matriculados y un 0,79 en el cuerpo de directivos, docentes y auxiliares, de acuerdo a los números registrados en la Plataforma Cuidar Escuelas. “En relación a los datos relevados sobre la población de estudiantes y de docentes y no docentes que asisten de manera presencial, los porcentajes varían al 0,16 y al 1,03 por ciento respectivamente”, detalla un comunicado oficial. “Parece haber un aumento del 33 por ciento en la cantidad de estudiantes contagiados que están en la presencialidad, y  en docentes de aproximadamente el 25 ó 26 por ciento. Pero no está bien explicado qué hicieron, cómo lo midieron… todo esto no está disponible abiertamente, no se ha generado información de manera sistemática”, dice Quiroga.

“Lo importante es cómo afecta esto en la comunidad, no es simplemente que los chicos estén infectados. Soy muy crítico de los datos epidemiológicos de la Argentina. Si no nos podemos poner de acuerdo en los datos es imposible ponerse de acuerdo en la solución. Francia, Alemania, Gran Bretaña insistían en tener las escuelas abiertas, pero cuando vino la segunda ola se dieron cuenta de que era un problema. Siguen con las escuelas cerradas. Israel, en el proceso de vacunación, tuvo las escuelas cerradas un mes y medio. ¿Por qué los chicos argentinos no se contagian cuando los del resto del mundo sí? La manipulación es total”, se explaya Resnik.

Quiroga y Retamar hacen hincapié en el subregistro de contagios en niños. Ella -docente investigadora de la UTN Regional Concepción del Uruguay- agrega que muchas veces presentan síntomas leves que «no generan sospechas», como diarreas, y él que no se los suele testear para que no tengan que pasar por hisopados. Un aspecto alarmante tiene que ver con las variantes del Reino Unido. Según distintos estudios tienden a afectar más a les niñes. «Todas las agencias europeas que recomendaban mantener escuelas abiertas y restringir otras actividades cambiaron de opinión cuando empezaron a circular estas variantes. Comenzaron a recomendar cierres totales o parciales», explica Quiroga, bioinformático e investigador del Conicet.

Datos mal enunciados

Eduardo López, de UTE, no desconfía tanto de los datos que Larreta puso sobre la mesa como de su modo de enunciarlos. «Se contagiaron 7200 niños, estudiantes, docentes y no docentes. Nunca tuve el mal gusto de sacar el porcentual de, por ejemplo, los muertos en la Argentina. El mal gusto se lo dejo a Larreta, que intenta arrimar votos en base al dolor y la muerte”, protesta. En rigor, si se hace el cálculo sobre la cifra de 700 mil personas comprometidas dentro del sistema educativo porteño, el total de contagios da 6230. El universo total que contempla López es un poco mayor (810 mil personas); de ahí la diferencia.

«Esta es una estrategia para minimizar esta ola terrible, esta curva ascendente de contagios que en la Ciudad empezó 14 días después de que abrieran las escuelas. Para mí, los afectados son personas. No es un porcentaje. Conozco a la amplia mayoría. Les pido que las respete; que no presente la situación como que acá no pasó nada. Todos los políticos hacen política y marketing, pero en medio de una pandemia linda con la criminalidad», manifiesta el gremialista. En CABA hubo jornadas de duelo por dos trabajadores: Juan Carlos Ramírez, auxiliar de la escuela 21, del distrito escolar 3, y Jorge Langone, docente de la escuela técnica 13, del distrito 21. Además, falleció por coronavirus un estudiante de 22 años que cursaba el segundo año del Bachillerato de Orientación Artística Antonio Berni, del barrio de Almagro.

 

Según López, el viernes, último día de presencialidad en las aulas, asistieron a las escuelas 8 de cada 100 chicos. En instituciones donde funcionaban 20 burbujas sólo se veía una. La presencialidad perdía efecto por sí sola, sin las restricciones (ver aparte). «Tuvieron menos horas de clase con el sistema de burbujas improvisado en esta primera quincena de abril que en el mismo período del año pasado, cuando la educación era a distancia. Además, están más enfermos. Todo esto se vivió con mucho dolor, angustia, bronca. En las escuelas no hubo estos debates de la tele», sostiene. Cita algunas de las evidencias científicas repasadas en esta nota y se queja de que el gobierno porteño acuse a los docentes de “no querer laburar”.

El primer informe de la gestión de Larreta sobre este tema, del 17 de marzo, indicaba que había 2555 contagios. La mitad de los afectados eran docentes, 30 por ciento no docentes y 20 por ciento estudiantes. “Nunca más dieron los datos así, diferenciados. Y hay algo que no miden. Una maestra jardinera volvió a la calle, contagió al marido, que es diabético, y no lo cuentan como contagiado”, subraya López. “El número de 7200 contagiados en dos meses en escuelas públicas de la Ciudad es suficientemente grave. Y para nosotros son más”, añade. 

«Los docentes tenemos una vocación de cuidado intrínseca a nuestra profesión. No estalló todo como pensábamos que iba a estallar por eso«, completa Javier Conde, maestro de primer grado de escuelas públicas del barrio de Flores. «Pensé que iba a ser todo más caótico. Si se mitigó no fue por una política de gobierno, sino por los acuerdos de cada escuela motorizados por la vocación de cuidado de los docentes. Desde que comenzaron las clases es grado aislado tras grado aislado y caso positivo tras caso positivo. La situación resultaba insostenible; la muerte estaba rondando todo el tiempo. No soy epidemiólogo y no puedo opinar sobre la medida de suspender la presencialidad, pero si fueran sólo 15 días nos estamos rasgando las vestiduras por una nimiedad.» La urgencia del momento convoca, por lo menos, a tratar de mirar la película entera.

Lo que dicen las madres

El testimonio de Eloísa, mamá de una nena de ocho años que asiste a la escuela pública Intendente Alvear, del barrio de Boedo, confirma aquello que dice López respecto de la presencialidad diluyéndose por sí sola. En la última semana decidió no mandar a su hija al colegio. Tenían Covid la directora de la institución, una de las supervisoras y una maestra. Estaba aislada una de las burbujas del curso de la nena; a su maestra la habían hisopado por ser contacto estrecho de la docente con coronavirus; un padre era caso sospechoso.

Ya habíamos tenido que empezar a hacer aislamientos. Es necesario el cierre para bajar los contagios. Es poner en claro, visibilizar lo que está pasando, y lo que el gobierno de la Ciudad está tapando diciendo que es menor el número de contagios”, manifiesta Eloísa. “Me estresa más tener que decidir que mi hija no vaya a la escuela por esto a que declaren que no vaya por dos semanas. No tiene mucho sentido estar mandando a los chicos y al otro día estar aislándolos. No veo otra salida en este momento que no sea atender a lo urgente y aspirar a que haya camas en hospitales, para que cualquier persona no se quede en un pasillo sin respirador”, concluye.

Magalí, mamá de Teo, de seis años, cuenta que en la fachada de la escuela a la que el nene concurre colocaron un cartel que advertía que había tres casos positivos en familias de alumnos y dos profesores contagiados. Dos burbujas tuvieron que aislarse por sospecha de Covid. Los trabajadores de la institución adhirieron al paro del 14 de abril para la suspensión de clases presenciales. “Es un chiste que Larreta se preocupe por la educación con la cantidad de recortes que hubo, la falta de recursos, de escuelas y vacantes”, critica la mujer.Reconoce que tiene “sentimientos encontrados” en cuanto a la suspensión de la presencialidad. “Es súper importante para los chicos la sociabilización, pero a la vez es una exposición; esto es riesgoso para chicos y docentes. Hay chicos que no tienen recursos para afrontar clases virtuales y la escuela y el gobierno no lo solucionan. La realidad es que, tampoco, dos horas de clase una vez por semana en las aulas resuelven la situación educativa”, analiza.

El gremio de docentes privados

El sindicato de docentes privados, Sadop, anunció que presentará denuncias ante el Ministerio de Educación y el de Trabajo de la Nación contra aquellos propietarios de establecimientos educativos de gestión privada del AMBA, «que en abierta violación a la normativa vigente, convoquen a las y los docentes a prestar tareas de modo presencial». Así lo confirmó el gremio que conduce Jorge Kalinger que señaló que la denuncia se hará en base a los artículos 205, 209 y 236 del Código Penal.

El Sador sostiene que sigue vigente el DNU 241/2021 que establece para el AMBA «la suspensión del dictado de clases presenciales y las actividades educativas no escolares presenciales en todos los niveles y en todas sus modalidades» hasta el 30 de abril de 2021, inclusive”. Kalinger aseguró que el gremio «no va a tolerar que se ponga en riesgo la vida y la salud de las personas, solo porque algunos empleadores inescrupulosos pretendan hacer prevalecer el lucro por sobre los valores que hoy el Gobierno Nacional está resguardando para proteger a toda la población, en este contexto de segunda ola de la pandemia».

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