Escuelas desiertas, abiertas y cerradas: qué pasó en la Ciudad tras la orden de continuar las clases presenciales

Mientras la Justicia resuelve el planteo que el Gobierno porteño formuló contra el decreto nacional que dispuso clases virtuales por 15 días en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la comunidad educativa de la Ciudad de Buenos Aires vivió un día de incertidumbre y confusión. El lunes, en una recorrida por el territorio porteño este diario registró que había escuelas abiertas pero sin docentes, instituciones completamente cerradas, y cuya jornada transcurrió con indiferencia a las medidas por el aumento de contagios de coronavirus. Entre el desorden en la Ciudad, padres, madres y docentes estuvieron expectantes durante todo el día. “Lo que está sucediendo es una falta de respeto a toda la comunidad educativa”, advirtió la directora de una primaria de Colegiales en diálogo con Página/12.

«Para sostener la presencialidad, vacunación»

Sobre las fachadas había carteles que indicaban la cantidad de trabajadores y de contagios registrados en cada escuela, y también la cantidad de docentes que recibieron la vacuna. En la primaria Juana Manso, de Colegiales, por ejemplo, sólo siete trabajadores habían sido vacunados. “Para sostener la presencialidad la vacunación es uno de los caminos”, consignaba el cartel. 

En la puerta, una mamá conversaba con una docente. Las aulas estaban vacías y por las ventanas apenas se entreveía una luz blanca que alguien había encendido temprano. El patio estaba desierto. “Acá teníamos todo listo para las clases virtuales. Como avisaron tardísimo hoy vino una cantidad muy pequeña de alumnos, pero mañana vamos a tener que garantizar las clases en las aulas”, relató Gabriela, directora de la primaria ubicada en la calle Zapata casi esquina con Jorge Newbery, en Colegiales. «Como pasa cuando hay padres separados, estas son cosas que se deberían resolver entre ellos, sin involucrar a los chicos”, añadió. Cerca pero en otro barrio, en Palermo, la primaria N°6 -ubicada en la avenida Santa Fe y Carranza- tampoco tuvo gran concurrencia, y sólo estuvieron abiertas las salitas del jardín de infantes.

“Como padre es muy compleja la situación. No es verdad que en el cole no se contagian, es evidente que los lugares donde se concentra gente son un foco, y por eso nos da miedo a los padres que tenemos que mandar a los chicos en colectivo”, explicó Diego Marranti, padre de un estudiante de primer año de la secundaria y vicedirector de la secundaria Comercial N°32, ubicada en el barrio de Liniers. Marranti advirtió que “más allá de la decisión de la Justicia, mientras se mantenga el decreto la ART no nos cubre, es decir que cualquier docente que se doble un pie, o le pase cualquier cosa, no tiene cobertura”.

Por su parte, la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), el gremio docente mayoritario en la Ciudad de Buenos Aires, aseguró que el paro convocado para este lunes, que fue acompañado por Ademys y por el sindicato de docentes privados, Sadop, tuvo un alto acatamiento. Ante la falta de certezas por parte de las autoridades de la Ciudad, los docentes y directivos de las escuelas ya se habían preparado para la virtualidad.

“Fue realmente un despelote. Estábamos preparadas para quedarnos en casa dos semanas pero ayer llegó un mail de la escuela y tuvimos que venir”, señaló a este diario Andrea, que manda a sus dos hijas, de quinto y segundo año, a la secundaria Ecos, en Palermo. A través de las rejas que separan la institución de la vereda, por las ventanas se dejaban ver algunas aulas habitadas. 

Cerca de las doce del mediodía algunos padres y madres comenzaban a acercarse. “Fue tan inesperado que ni pude consultar con otros padres. Yo hubiera preferido que no vengan, pero mi hija tenía examen y no podía faltar”, advirtió Andrea, que trabajó en un bar para esperar a que llegara el horario de salida de su hija. Al salir del bar, apoyada contra una pared, en plena vereda, seguía resolviendo cuestiones laborales a través del teléfono celular. “La idea era que ella y unas amigas pudieran venir juntas pero las burbujas no les coinciden”, aclaró y agregó que “si se puede, yo prefiero que nos cuidemos”.

Algunos sí, otros no

En la escuela que dirige Serena había silencio de templo. En el pasillo de adelante, que da a una oficina, ella y su colega trabajaban sobre unas mesitas diminutas, de colores. “Ahora mismo estoy dando de baja a una burbuja por un contagio. Tenemos docentes y padres contagiados y una mamá en estado grave”, contó la directora de la escuela Mundo Nuevo, ubicada en el barrio porteño de Villa Crespo, y que tiene 300 alumnos entre el jardín de infantes y la primaria. 

Se acercaba el mediodía del lunes y los directivos todavía no sabían qué hacer al día siguiente. “Los chicos se divierten, seguro muchos quieran venir, pero la situación excede el deseo personal. No hay que olvidarse de que hay una pandemia”, opinó Serena. El aumento de contagios en el AMBA “se viene reflejando dentro de la escuela, y ya la semana pasada estaba todo muy tenso”, resumió.

Al otro lado de la Ciudad, en inmediaciones de la avenida Lacroze y Luis María Campos, decenas de chicos y chicas de uniforme caminaban hacia sus colegios. “A la mañana estuvo un poco más tranquilo, pero hasta la semana pasada esto se llenaba de gente. Bajan de los autos y se juntan en grupitos, ahí enfrente o en la esquina, más que nada antes de ingresar”, relató el encargado de uno de los edificios de departamentos frente al Washington School, uno de los institutos privados que este lunes convocó a un “abrazo” a los colegios contra la suspensión de las clases presenciales. 

En la puerta de la escuela tres colectivos esperaban a los estudiantes, para llevarlos al campo de deportes. “Acá fue todo normal, cien por ciento presencial”, señaló una madre que se retiraba del lugar junto a su hija, de siete años. A la vuelta, en la puerta del colegio Lincoln, estudiantes, padres y madres conversaban entre ellos o aguardaban a sus hijos. Algunas estudiantes, en rondas de a cuatro o cinco amigas, también conversaban entre ellas.

“Entiendo que hay quienes tienen miedo y lo respeto”, reflexionó Laura, mientras caminaba junto a su hijo Joaquín, que cursa séptimo grado en el Lincoln, y agregó que “por lo social, a él le viene bien ir a clases”. Laura precisó que en el colegio de Joaquín casi todas las familias “son del barrio” y “llegan caminando o en auto” al lugar aunque aclaró que, de todas formas, “la virtualidad siempre funcionó y las clases continuaron”. 

A pocos metros de allí, frente a la escuela primaria N°10 Manuel Laínez, también se reunían padres y madres junto a sus hijos, que ingresaban al jardín de infantes en el turno de la tarde. “Hoy tuvimos pocas clases por el paro pero mañana sigue todo como venía”, aseguró la directora del establecimiento, que remarcó que la escuela “es un lugar seguro”. Sin embargo en otras escuelas las y los integrantes de la comunidad educativa no sintieron la misma tranquilidad. Gilda, docente de la primaria N°17 de la Ciudad de Buenos Aires, advirtió que “estamos como los hijos de padres divorciados, tironeados por estos y por aquellos”. La docente relató que “estamos sujetos siempre a las decisiones de último momento, realmente es una situación difícil y yo creo que pensando en el invierno, hay que plantearse realmente una virtualidad”. 

Informe: Lorena Bermejo

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