Liliana Romero

El sábado celebramos el día de lxs trabajadores, una jornada emblemática y muy simbólica para lxs laburantes. Según Eduardo Galeano, es la única fecha verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día en que coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo.

Cuando pensamos en trabajadorxs no creo que tengamos en cuenta a todxs, específicamente a las identidades travestis y trans. Es momento de que sean consideradas en este festejo. Es hora de deconstruir y sumar a quienes en silencio y a fuerza de voluntad supieron soportar y defender sus puestos de trabajo a pesar de todo.

Hoy me gustaría recordar a una compañera: Liliana Romero, ingeniera química, graduada en la Universidad Nacional de San Juan. Lili ingresó a trabajar al Centro Atómico Ezeiza de la Comisión Nacional de Emergencia Atómica (CNEA) en 1997 antes de iniciar su transición. Aquellos fueron años difíciles para ella; sabemos que sus jefes y compañeros la maltrataban y discriminaban por su identidad de género. Además de negarse a llamarla por el nombre con el cual se identificaba. La violencia que vivía era tal que hasta le prohibían utilizar el baño de mujeres.

Estos episodios no la detuvieron: Liliana era una apasionada de su trabajo y seguramente este entusiasmo la ayudó a tolerar y resistir, y con el tiempo la fortaleció. En este camino, pudo desafiar prejuicios, la estigmatización, la discriminación y la transfobia en el ámbito científico.

Me imagino que no habrá sido fácil para ella hacer su transición sola en este ambiente y muchos años antes de que se sancionara la Ley de Identidad de Género, gracias a la cual pudo cambiar su nombre en su DNI. Por suerte Liliana tenía amigas travestis, esta gran familia tan importante para nosotras, que supieron contenerla y apoyarla.

El 18 de abril de 2018 murió repentinamente, de causas que no son conocidas públicamente. En el momento de su muerte, Liliana estaba llevando adelante una denuncia contra algunxs de sus jefes ante el INADI por discriminación.

Deseo que la historia de Lili sea contada por muches, ya que no hay relatos sobre las disidencias y sus trabajos que no sean la prostitución. Para muchas compañeras, el no tener estadísticas es un obstáculo que sostiene la invisibilización de nuestrxs colectivos, porque lo que no se nombra pareciera que no existe.

Lamentablemente, los ataques de odio y los travesticidios continúan y los transfemicidios persisten, lo mismo que la violencia extrema hacia las identidades diversas. De hecho, llevamos más de un mes y nos seguimos preguntando:

¿Dónde está Tehuel? Recordar a Liliana en este pequeño homenaje es un modo de contrarrestar toda esta hostilidad de la que aún somos blanco, proyectando que otro futuro puede ser posible. Ella supo que su capacidad era mucho más importante que lo que llevaba debajo de su falda y su logro nos debe enseñar que somos capaces de ocupar lugares importantes en la historia de un país.

¡Liliana Romero, presente!

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