Clases presenciales: Qué pasa con las familias que piden virtualidad por razones de cuidado

Tras el fallo de la Corte que hace una lectura cuasi separatista de la autonomía de la Ciudad, las familias porteñas que eligen las clases virtuales para sus hijes como una medida de cuidado se encuentran ante una encrucijada: sostener la decisión de no enviarlos a las escuelas, y por lo tanto seguir sin clases ni presenciales ni virtuales; o enviarlos aun con el temor cierto del contagio y la necesidad de frenar la circulación del virus en medio del crecimiento de casos positivos y muertes. Algunas se están organizando para presentar nuevos amparos en la justicia local, muchas enviaron cartas colectivas en las escuelas. Dependiendo de las conducciones, hay escuelas que «por lo bajo» permiten los Zoom en primaria, pero en general «la bajada del Ministerio es que las clases son presenciales, o no son». «Somos rehenes», «nos expulsan del sistema», «el Gobierno porteño nos obliga a fingir demencia, a ignorar la pandemia», recogió entre los testimonios Página/12

«La modalidad propuesta por el Ministerio de Educación es presencial, no tenemos injerencia para modificarla salvo en los casos que son de riesgo por salud o en el aislamiento de burbujas», es la respuesta que recibieron muchas familias desde las supervisiones ante el pedido, iniciado dos semanas atrás, de sostener de algún modo la virtualidad en cumplimiento de un DNU con fuerza de ley. 

Hubo casos más groseros, como el del distrito diez, que pidió listados de familias que adherían al DNU para denunciarlos por “vulnerar” el derecho de sus hijos a la educación. En otros, como el distrito 6, a los maestros que hacían paro pero aun así intentaban sostener el vínculo virtual, les pidieron que no realizacen más Zoom. En el distrito 14 se llegó al ridículo de maestras sin ningún alumno en su burbuja, pero sin poder dar tampoco clases por Zoom. Algunas conducciones sugieren a las familias, de formas más o menos solapadas, que mientan o busquen la manera de declararse de riesgo para poder pasar a estar «exceptuados» de la presencialidad, y así tener acceso a aquello que «la bajada del Ministerio» les prohibe. Otras aceptaron el pedido de las familias y las cooperadoras, incluso manifestándose de acuerdo con los planteos, o encontraron la manera de enviar tareas por la plataforma o en cuadernillos, pero a condición de que sea una suerte de trato interno: en todos los casos recogidos por Página/12 pidieron reserva. 

Natalia Mollo tiene una hija que va al Esnaola y es una de las casi cien amparistas que lograron hace dos semanas la cautelar que dictó el juez porteño Guillermo Scheibler, ordenando al Gobierno local garantizar la virtualidad y las vacantes, y no pasar las faltas. Forma parte de la agrupación «Familias por la salud colectiva», surgida al calor del pedido de cuidado en las clases. Desde las redes y a través del mail familiasxlasalud@gmail.com, recogen testimonios que sumaron a un segundo amparo que ya presentaron, ya que el fallo incial introducía un justo medio: «hasta tanto se expida la Corte». Ellos aseguran que aún tiene validez, ya que su objeto no ha variado: era un pedido previo al DNU y a la declaración de guerra de Larreta.  

«Hay de todo: escuelas super permeables y abiertas, que nos dicen que nos bancan, aunque no puedan salir a decirlo públicamente. Otras que hacen un guiño con la declaración jurada, o sea que prefieren que las familias mientan para sacarse el problema de encima. Algunas tienen el tema real de que los docentes no pueden dividirse para dar presencial y además virtual, pero en otras lo podrían hacer perfectamente, y se los prohiben expresamente», repasa los casos recogidos. 

«El balance igual es positivo. Muchos directores que estaban más duritos, presentándoles una nota y citando el fallo habilitaron clases virtuales, sincrónicas o asincróicas, para quienes quieren preservarse. Acá está en juego nada menos que la salud colectiva, hay que pedir y reclamar», recomienda. Colectivos como «Vacantes para todos» y «Familias por un retorno seguro a las escuelas» son otros de los que están trabajando en el mismo sentido, con actividad en las redes. 

«Si hay algo que logró este fallo de la Corte es unirnos en el espanto. Somos varias las asociaciones de abogados que estamos trabajando para presentarnos patrocinando a grupos de familia que piden preservar a sus hijos con la virtualidad», dice Hernán Mirasole, de la Asociación Nace un Derecho. Promovieron una acción de amparo con una cautelar que pide readecuar la normativa del protocolo inicial de vuelta a clases en CABA, que exime de la presencialidad por casos de enfermedades preexistentes y familiares de riesgo. «Pedimos que cualquiera pueda elegir entre lo presencial o lo virtual, que quien lo considere necesario pase a estar exceptuado, sin tener que falsear una declaración jurada», adelanta Mirasole. 

Los docentes invisibles

«En la escuela de mi hija los profes sostuvieron el paro todo lo que pudieron, por los descuentos. Pero igual hacían Zoom hasta que les dijeron que podían tener algún problema legal», cuenta Gabriela Bernasconi sobre la Escuela Almafuerte, de Boedo. «Un gran grupo de familias firmamos una nota pidiendo la virtualidad, se terminó armando una suerte de comisión de padres y docentes para ver qué se puede hacer. Como es jornada simple los nenes  venían haciendo una semana de clases, y la otra en la casa, con un cuadernillo. Nuestra idea es que se readecúe ahora eso mismo con las familias que piden una y otra instancia, si se organiza, se puede hacer». 

«Tal vez es cierto que aquí muchos vamos a la escuela caminando, pero los docentes no, y casi ninguno está vacunado. Lo que observo es que el Gobierno de la Ciudad a los docentes ni los nombra a los docentes, es como si no existieran. Es de una crueldad terrible, ellos paran para preservar su vida y la de la comunidad también, y los sacan hasta del discurso», plantea.

En la escuela 10 de la Villa 21 24 Zavaleta, de Barracas, los docentes ayer hicieron una reunión virtual con las familias, «para explicarles un poco, por la angstia que vemos que sienten, que es compartida por nosotros», dice un maestro a Página/12.  

«Un 90% de las maestras de grado viajamos en transporte público, desde lugares alejados a Caba: Florencio Varela, Quilmes, Berazategui, Ezpeleta, Adrogué… Comenzamos nuestro viaje a las 5 de la mañana, tomamos colectivo, tren, en promedio son 2 horas y media de viaje. Luego de esta exposición nos encontramos en las aulas con los peques, donde la distancia según protocolo no se cumple. La mayoría de nosotrxs no estamos vacunadxs, y si lo estamos es solo con una dosis», les explicaron allí.

«Lxs compañerxs auxiliares de la escuela no son vacunadxs en la ciudad, están expuestxs todos los días. Hay docentes que, transitando la enfermedad, no han tenido respuesta desde la obra social. Grupos que han estado aislados por casos de niños y niñas contagiadas, familiares de docentes que han fallecido a causa de esta enfermedad», les contaron también.

Aunque muchos sostienen el paro, renovaron el compromiso de «sostener las clases cuidadas»: por Zoom si se puede, pero también por WhatsApp, llamadas, cuadernillos. «Acá pasó un año y estamos como el primer día: los pibes siguen sin conexión y sin computadoras. Si no se tiene en cuenta eso, es mentira que la pelea es por la educación», concluyen. 

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