Detrás de la decisión: las camas encendieron la alarma en la Provincia

En la misma semana en la que el Gobierno provincial anunció una ampliación de 400 camas críticas, ingresaron en unidades de terapia intensiva (UTI) 360 nuevos internados por Covid-19. El dato encendió todas las alarmas en el Gobierno provincial. Más aún que la abrupta escalada del número de casos, que desde el martes promedia más de 2.500 notificaciones diarias.

La ocupación de camas es la “última milla” en la estrategia sanitaria provincial frente a la pandemia. Este sábado eran 1.376 los internados en UTI, cuando una semana atrás eran 1.103. No hace falta ir a la calculadora: no hay un error en la resta. Eso da 273. Pero en el mismo lapso murieron 97 personas, todas internadas hasta su fallecimiento. Calientes, esas camas también se ocuparon esta semana.

La advertencia casi está de más. Las tres semanas que siguen serán críticas. En el Gobierno provincial estiman que se informarán más de cuatro mil casos diarios, una cifra que sería más cercana al número que hoy se conoce y que tiene un serio déficit de testeos, en particular en el interior provincial.

En una reunión con los 427 intendentes y jefes comunales de la provincia, los ministros de Salud, Diego Cardozo, y de Gobierno, Facundo Torres, “mandaron al frente” a los peores del grado: ciudades que tenían registros de positividad por encima del 60 por ciento. Eso marca que han abandonado el rastreo de contactos. Y sin el rastreo y el aislamiento, la cadena de contagios no se corta y de un caso, una familia, se arma un brote.

En el pico de la primera ola, Córdoba llegó a tener 25 mil casos activos y más de 250 mil personas aisladas, a razón de 10 contactos estrechos por cada positivo. Hoy este número es ínfimo y explica en buena medida la pérdida del control de la situación.

Nada hace prever que luego de estas semanas críticas el panorama sea mucho mejor. Un buen resultado sería detener la escalada, aun en un número mucho más alto que el presente. Y conseguir una proporción mayor de la población objetivo de 1,2 millón de personas, priorizadas por edad, su carácter esencial o comorbilidades severas para el invierno. Hoy se llegó apenas a la mitad de ese número, dos terceras partes de este grupo con apenas una dosis aplicada.

Las medidas de restricción que se pondrían en marcha a partir del próximo viernes buscarán contener la movilidad en los grupos que más contagios generan: los adultos jóvenes. Serán “balas precisas”, al decir de un funcionario provincial, que buscarán minimizar los daños económicos y maximizar las consecuencias sanitarias. Bares para jóvenes cerrados, restaurantes –con un público no tan joven– abiertos; escuelas con presencialidad, actividades extraescolares suspendidas; reuniones sociales y familiares limitadas, prohibición de eventos en salones de fiestas.

No hay margen económico para mucho más, porque restringir más implicaría para la Provincia asumir resarcimientos que no está en condiciones presupuestarias de cubrir.

Pero, de nuevo, de nada sirve si no se cumplen las restricciones y estas no se complementan con medidas de prevención sanitarias efectivas. ¿De quién depende que se cumplan las medidas? En primer lugar, de la población, a la que hay que saber interpelar para generar conciencia. Luego, de los municipios y de la Policía, contestan desde la Provincia.

Este viernes se reunieron referentes de hospitales públicos y privados de la provincia con las autoridades sanitarias y expertos que asesoran al Ministerio de Salud provincial. Quedó una preocupación enmarcada: el incremento de casos de personas jóvenes que deben ingresar a terapia intensiva.

“Son personas que están activas y, como tienen una actividad informal o mucha presión laboral, siguen hasta que no aguantan más. Y llegan al hospital con cuadros muy severos, que requieren internación urgente”, confió uno de los médicos que participó de esta reunión.

El problema es más grave de lo que parece para el sistema de salud: los internados jóvenes, con cuerpos más fuertes y sin patologías previas de gravedad, le presentan más batalla a la enfermedad y requieren de largas estadías en camas de terapia. Mientras que en la primera ola la media de ocupación de camas era de 14 días, hoy lo que en la jerga se conoce como “giro cama” ya está en 20 días.

Una cama ocupada más tiempo es menos tiempo disponible para nuevos enfermos con cuadros severos, que requieren internación.

Además de restringir actividades y multiplicar los testeos, la Provincia apuesta a expandir su estrategia de contención prehospitalaria. El año pasado se llegó a tener bajo seguimiento a mil casos activos, que no llegaron a una cama crítica porque entre el tercer y el octavo día de la infección –cuando se generan los cuadros críticos inflamatorios– fueron monitoreados en persona. Es un tiro libre con barrera, uno de los últimos recursos antes de llegar al penal en contra en las camas críticas.

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