Comentario de “Daddy’s Home”, el nuevo disco de St. Vincent: Ni santa ni inocente

Si a alguien le cuesta encontrar una referencia acabada para la palabra “artista”, puede acudir a la compositora norteamericana St. Vincent, quien ha convertido a una circunstancia personal desgraciada en un álbum excitante y polivalente como Daddy’s Home.

Es que la mujer enrolada como Annie Clark ha tomado la experiencia de visitar a su padre en la cárcel, donde cumplía una pena por una maniobra financiera fraudulenta, y compuso canciones sobre el delgadísimo límite entre la tierra firme y el abismo. “Todos nacemos inocentes, pero algunos buenos santos se arruinan”, se le oye en el tema que da título.

“Bueno, diablos, ¿a dónde podés correr cuando el forajido está dentro tuyo?”, se explaya.

Y St. Vincent no se quedó sólo en eso. También capitalizó el insólito hecho de que alguien le pidió un autógrafo en un día de visitas para interpelar (e interpelarse) mediante canciones hermosas en su sonoridad y sórdidas y pícaras en su desarrollo literario.

Canciones sobre el deambular de madrugada sobre tacos altos, con maquillaje corrido y llamadas perdidas en el celu (Down and Out Downtown); sobre el ingrato trato que recibieron las mujeres en la industria; y sobre la determinación de morirse de risa si es que la vida es una broma, tal como plantea en The Laughing Man.

Por otro lado, St. Vincent le cabe el sustantivo “artista” porque ha cristalizado todo este zig zag entre lo tumbero y la cúpula refiriendo a una música relacionada a la educación musical que su padre le brindó (rock & soul elegante de los ’70), lo que le permitió resetear su condición de diva electropop.

De esa versión, aquí apenas sobrevive el espasmo glam Pay Your Way in Pain, consecuente con el devenir de una freak (ella misma) que camina por Nueva York algo hambrienta y sin un dólar partido al medio, y el sobresaltado Down, donde poner la otra mejilla no es opción por más que haya sido un potente consejo materno.

El resto es todo organicidad soul, blues y gospel, que adquiere estatus galáctico en medios tiempos como Candy Darling (sobre la actriz transexual llamada así, años atrás fuera revindicada por Antony & the Johnsons) y The Melting of the Sun, la citada pieza sobre lo voraz de la industria sobre las popstars mujeres.

Esa es una canción muy bella y, en algún punto, angustiante, por cuanto plantea que desbarrancar, o un eventual pico de heroína, es mejor opción que ser abusada.

Sólo un movimiento al borde del plagio (My baby wants a baby está calcada de Morning Train de Sheena Easton) le pone paños fríos a la excelencia.

Otro aspecto a destacar, y para cerrar la asociación entre “artista” y St.Vincent: es muy consciente de que enuncia la expresión Daddy’s Home en un contexto en el que Daddy (papi) tiene una potente carga sexual y trasciende el amor platónico en relación al propio padre.

La ambigüedad como motor de un círculo virtuoso – vicioso, a través de 11 canciones y tres interludios. Magistral.

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