La segunda ola de Covid-19 y el oxígeno con el que contaría el Gobierno

En una economía que venía mostrando pocos signos de recuperación al inicio de 2020 y que viene afectada desde hace más de un año por los efectos de la pandemia y las distintas formas de aislamiento con que se le hicieron frente, era esperable que las finanzas públicas, al igual que las de muchos sectores privados, hayan terminado el año pasado con un fuerte desahorro.

Como producto de la caída de ingresos y el incremento de gastos, como el ingreso familiar de emergencia (IFE) y la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), que junto a las transferencias a provincias y otros “gastos Covid-19” insumieron alrededor de un 3,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), el Gobierno nacional cerró 2020 con un nivel de déficit primario como no se había observado en 45 años. Aunque el indicador resultó inferior al que el propio Gobierno proyectaba, fue de 6,5 por ciento del PIB. Prácticamente todo el financiamiento del mismo corrió a cargo del Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Más allá de la relevancia que se le otorgue al Presupuesto como herramienta, sobre todo en épocas de muy alta inflación como las que se viven en los últimos años, es el principal instrumento votado en el Congreso que marca la dirección de las políticas económicas.

De modo que los números proyectados al momento de presentarse el Presupuesto (septiembre de 2020) pueden usarse para cimentar el análisis, matizándolo con lo que se vino observando según los datos del primer tercio del año.

Para 2021, el Gobierno nacional presupuestó un déficit primario del 4,2 por ciento del PIB. El achicamiento del rojo se obtendría fruto de una mejora en la recaudación de impuestos ligados a la actividad como el IVA, y también de los derechos de exportación. Para estos últimos se esperaba que superen a los de 2020 por el equivalente 0,2 por ciento del PIB.

Pero fundamentalmente la mejora en el déficit se alcanzaba porque no se anticipó repetir el “gasto Covid-19”. Gastos como el IFE o el ATP de 2020 no fueron previstos en el presupuesto 2021, quizás porque se imaginó un escenario con una inmunización mucho más extendida que impediría nuevas trabas a la circulación que ocasionaran un daño significativo a la economía.

Claramente no es el caso actual. Con datos para el primer cuatrimestre, algunas cuestiones hacen evidente que podría haber cierto margen para que el déficit efectivamente no resultara mayor al presupuestado. De hecho, el déficit primario acumulado hasta abril es del 0,2 por ciento del PIB.

El respiro que da la recaudación

Veamos cuáles son las tendencias que marca el inicio del año. Por el lado de los recursos, un dato concreto fue que en abril se pudo ver que los impuestos se duplicaron en comparación con lo que se recaudó en igual mes de 2020.

Para contextualizar este gran salto en la recaudación, hay que recordar que los ingresos tributarios tocaron su piso en el período base respecto al cual se compara. En los próximos meses, veremos para la mayoría de los recursos un efecto estadístico similar, es decir, variaciones reales positivas relativamente altas.

Pero la clave de la recuperación viene dada por los impuestos al comercio exterior, que volvieron a impulsar la recaudación. Sobre todo los derechos de exportación, que en todo el cuatrimestre crecieron por encima del 100 por ciento en términos reales. En efecto, las retenciones explicaron un tercio del crecimiento interanual real del total recaudado en estos primeros cuatro meses de 2021.

Resulta útil poner en perspectiva la relevancia que ha tomado este gravamen durante el año: su magnitud superó con creces la recaudación real de los últimos siete años, y asemeja su nivel a los períodos 2009-2011.

Asimismo, dado el contexto de precios internacionales, y el tipo de cambio y las alícuotas de retenciones vigentes, es esperable que para todo el año los derechos de exportación resulten 0,7 por ciento del PIB superiores a los de 2020. Esto sería 0,5 por ciento del PIB más que lo presupuestado: unos 200 mil millones de pesos más que lo previsto en el Presupuesto.

Asimismo, el Presupuesto no preveía la aprobación del Aporte Solidario y Extraordinario, que según las cifras oficiales recaudará aproximadamente otro 0,7 por ciento del PIB: algo menos de 300 mil millones de pesos.

Sólo sumando estas dos fuentes, se cuenta así con recursos “extras” por 1,2 por ciento del PIB no previstos inicialmente. En ambos casos, puesto que son recursos no coparticipables, estarán disponibles para financiar políticas nacionales.

El monto es cercano a los 480 mil millones de pesos que recientemente anunció el presidente de la Nación, como el gasto actual asociado a la crisis de la segunda ola.

Haciendo el parangón con la situación sanitaria, los recursos extras provenientes de los impuestos sobre los sectores agroexportadores y sobre las personas de mayor patrimonio declarado le proveen al Tesoro nacional en 2021 un oxígeno adicional necesario para afrontar los nuevos gastos no previstos inicialmente. Sin la necesidad de incrementar el déficit pautado para el año ni tener que volver a recurrir a la emisión de pesos para financiarlos.

El gasto hasta ahora y lo que puede venir

Por la misma línea de intuir un comportamiento fiscal de acuerdo con lo observado en la primera parte del año, los datos difundidos el jueves pasado mostraron que, por un lado, hasta abril no hubo un fuerte crecimiento del gasto asociado específicamente a la pandemia. Por el otro, se observa una reducción de gastos en rubros relevantes para las finanzas nacionales, como son las jubilaciones y las asignaciones, más los salarios públicos, que contemplando el efecto de la inflación muestran caídas reales de entre ocho y 10 por ciento.

La combinación de estas evoluciones de ingresos y de egresos observadas en lo que transcurrió del año, efectivamente le permitirían al Gobierno pintar un escenario de cierta disciplina fiscal para 2021.

Con un resultado primario incluso menos deficitario que aquel 4,2 por ciento del PIB presupuestado y para sumar un elemento positivo en las negociaciones ante sus acreedores.

Un escenario optimista incluso proyecta un déficit primario inferior. Esto evitaría la necesidad de emitir dinero extra en los niveles del año pasado. De hecho, la autorización presupuestaria para este año de 1,2 billones de pesos de adelantos transitorios y de transferencias de utilidades del BCRA, de los cuales hasta abril sólo se habían verificados adelantos por 190 mil millones de pesos.

Para que la estrategia resulte, es clave que se sostenga el comportamiento descrito.

Sin embargo, las proyecciones no pueden sólo extrapolar el inicio de año, y menos en nuestro país, donde hay que tener en cuenta que, además de la pandemia, hay un calendario eleccionario.

Como consecuencia, la política se muestra tan cambiante como las cepas del coronavirus, y el escenario económico podría en los próximos meses modificar su evolución.

La evidencia reciente indica que si hay un deterioro fuerte de la actividad, fruto de los cierres (como el decidido a partir de ayer) que se terminen implementando, los ingresos sufrirán nuevamente. Por ello, no puede descartarse que el gasto corrija el rumbo actual y vuelva a mostrar un salto; sea por imperio de la segunda ola del Covid-19 o por la aceleración del gasto en transferencias y en subsidios que habitualmente acompañan en Argentina a cada año electoral.

Economista del Iaraf y docente de la UNC

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