El pedido para que Acuña no suspenda las canastas de alimentos

La Ciudad de Buenos Aires es la única jurisdicción del país que en el área educativa ha tomado la postura del «Ni-Ni» para esta semana: suspendió las clases presenciales, sin garantizar tampoco instancias de educación a distancia. Pero hay otro «Ni» que preocupa especialmente a la comunidad educativa, y es que suspendió también la entrega quincenal de canastas alimenticias, reprogramándola para principios de junio. 

El Ministerio de Educación porteño explica que se tomó esta decisión «porque el espíritu de las restricciones es que la gente no circule, y el 98 por ciento de los chicos que van a escuelas de gestión estatal tiene beca alimentaria» (es decir, les corresponde recibir sus alimentos). Argumentan, además, que la canasta escolar tiene una «lógica pedagógica», y por tanto está asociada exclusivamente a los días con actividad. 

Desde colectivos de cooperadoras y familias, docentes, directivos y gremios siguen reclamando, cada vez con más urgencia, que se revea esta decisión, bajo la consigna de que «El hambre no espera».

El viernes pasado las escuelas recibieron con sorpresa un mail en el que se les informaba que «a raíz de las últimas medidas comunicadas en relación a la situación covid, quedan suspendidas las entregas (de canastas) del 26 al 28 de mayo». Y que se reprogramaba para la primera semana de junio. 

«La verdad, la suspensión de la virtualidad fue incomprensible, pero que no podamos dar las canastas, ya es escandaloso. Si el año pasado, en pleno cierre, los directivos podíamos exponernos y abrir las escuelas para hacer las entregas, ¿por qué ahora no?», plantea Margarita Contarelli, directora de una escuela del barrio de Once. 

Marisa Guidolin, directora de la escuela 11 de Barracas, a la que asisten 640 chicos y chicas, en su mayoría de los barrios 21 24 Zavaleta, suma el pedido de «un mínimo de sensibilidad en plena pandemia».

«Las canastas escolares entregadas a través el Ministerio de Educación no reemplazan, sino que se suman a la política de seguridad alimentaria que lleva adelante el Ministerio de Desarrollo Humano de CABA a diario a través de programas como Ciudadanía Porteña, la red de comedores comunitarios y los centros de primera infancia», explican desde el Ministerio de Educación porteño ante la consulta de Página/12.

«También es importante aclarar que la entrega de la canasta escolar nutritiva desde el ministerio de Educación tiene una lógica pedagógica. Asociada a los días en que los chicos tienen actividad escolar. De hecho no está destinada a las familias sino a los alumnos. Se entrega el equivalente a lo que cada alumno recibiría en la misma escuela durante dos semanas si estuviera permitido por protocolo sanitario, brindar comida en el comedor de la escuela como era habitual antes de la pandemia», detallan.

«Eso es verdad, cuentan gramo por gramo de alimento para sumar un total de diez raciones quincenales, y suponen que en una familia se cocina únicamente el plato de cada niño. Venimos denunciando que es insuficiente y de mala calidad, las verduras y frutas llegan en muy mal estado», responde Guidolin. En el mismo edificio funciona una escuela de adultos y un bachillerato, a todas las familias les pasó lo mismo. «Tuvimos que avisarles a último momento que esa comida, con la que contaban, no va a estar. Estoy muy enojada», dice la directora, y se le nota.

Guidolin habla de los audios que reciben los docentes, de familias que les dicen, con algo de vergüenza, que no saben qué hacer porque esperaban esa comida para «ir tirando». «Es gente que perdió la changa, que por ahí está aislada, que va al comedor pero que no puede sumar más porciones, porque ya hay un listado con lo que van a retirar, porque a los comedores también les recortaron el presupuesto y porque cada vez tienen más gente. Duele mucho», lamenta. Y cuenta que, durante estos tres días, los docentes van a seguir en contacto con los chicos «como estuvimos siempre, porque la escuela está siempre».  

Reclamos

La inesperada desición del Gobierno porteño generó reclamos de legisladores y asociaciones de padres y cooperadoras. «En este momento de la pandenia no pueden garantizar la virtualidad, porque no han invertido en dispositivos ni en conectividad, suspendieron el Conectar Igualdad, en lo que va del año no entregaron ni una sola computadora del Plan Sarmiento, y el año pasado muy pocas. Suspender esta canasta es más ajuste al presupuesto educativo, que está en su mínimo histórico de un 17 %. Y no solo eso: el Gobierno porteño subejecuta ese presupuesto ya de por sí escaso», denuncia la legisladora Lorena Pokoik. 

Y recuerda el proyecto de Tarjeta Alimentaria Universal Escolar que propusieron el año pasado en la Legislatura, y que fue frenado por el oficialismo: reemplazaba al sistema de concesionarios privados (que acumulan denuncias por la calidas de los productos y los sobreprecios de las licitaciones) y proponía que cada familia eligiese qué alimento comprar con un monto mensual, reduciendo también los problemas logísticos en contexto de aislamiento.   

«Esta es una muestra más del sinsentido de la gestión de Larreta y la ministra Acuña respecto a las prioridades de la Ciudad, de la insensibilidad de este gobierno: cuanto más se necesita la presencia del Estado, más se retira», suma el legislador Santiago Roberto. 

«Cada vez que tenemos reuniones con familias, siempre remarcan la necesidad de mejorar esa canasta en estos tiempos tan difíciles. Hoy la necesitan familias que antes no la hubieran necesitado, es vital esa cuota de leche para los chicos. Pero en lugar de mejorarla o de acceder al sistema de tarjeta universal, que es algo que viene reclamando toda la comunidad educatica, la suspenden. No tiene lógica alguna», apunta. 

Bajo la consigna «El hambre no espera», colectivos como la Red de Cooperadoras, Cooperadores Unidos e Inter Escuelas por Educación y Salud siguen reclamando que se revea la decisión. «Las cooperadoras exigimos que se sostenga el cronograma de entrega previsto», dicen. 

Renata Schnaider, de Inter Escuelas, cuenta la situación del Esnaola, una escuela secundaria con orientación en música de Saavedra que podría definirse como «de clase media» y en la que, sin embargo, esos alimentos se demuestran muy necesarios: «En este momento hay baja presencialidad en la escuela, por motivos de cuidado o porque hay familiares de riesgo. Pero sin embargo, el día que se entregan las canastas van muchísimas familias, y muchas tienen que atravesar largos trayectos», cuenta. 

«Quitarle la comida de la boca a los chicos es otra forma de extorsión a la comunidad educativa y a las familias», evaluó Eduardo López, secretario gremial de Ctera y secretario general adjunto de UTE. «El dispositivo está, en todo el país las escuelas están abiertas para garantizar la comida y la virtualidad. Acá Larreta decidió que no va a entregar los alimentos con el único fin de que los chicos y las madres pidan la comida, es de una crueldad manifiesta», analizó.

Tras dar un panorama de lo que ocurre en su escuela, con muchas familias atravesando situaciones de vulnerabilidad pero eligiendo, en su mayoría, la no presencialidad por motivos de cuidado, Contarelli lo analiza en el mismo sentido: «Yo veo que lamentablemente hay como una concepción de castigo, esto tiene algún viso de revanchismo: si no quieren ir a la escuela, no tienen comida tampoco». 

«La suspensión de la virtualidad la entiendo en el mismo sentido, porque nosotros teníamos toda la planificiación hecha como para seguir. Y para peor, con una fecha tan significativa en el medio como es el 25 de mayo. Cortar todo de un día para el otro es impensable desde lo pedagógico. En la escuela no pegamos el portazo y nos vamos. En la escuela planificamos, ofrecemos soluciones, y estamos siempre cuando nuestros alumnos nos necesitan». 

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