Entrevista a Carolina del Carmen Peleritti: “No me ha ganado la ansiedad”

Carolina Peleritti quiere que la llamen Carolina del Carmen Peleritti. No es un imperativo de diva sino una sugerencia para que las referencias mediáticas sobre su figura se correspondan con un presente musical de plenitud.

A días del estreno de Aleteo, su primer registro como artista folklórica, ella siente que su nombre completo la identifica más, que cierra en términos de sentido con la culminación de un proceso más de 11 años en el que descubrió una voz que siempre cantaba en estado de latencia y nunca soltaba del todo.

Por otro lado, está el dato objetivo de que Carolina del Carmen resuena “con apego a la tierra y al canto”, y de que es complementario a su condición de discípula de maestros como Jaime Torres y Peteco Carabajal.

“Fue un proceso que fui buscando intuitivamente, llegando a ciegas, deseando, eligiendo. El propio camino me fue llevando. Elegir la música como lenguaje fue muy certero, no hubo dudas”, dice la exmodelo y también actriz.

“Haber incorporado recursos, conocer mi voz, sacarla hacia afuera, que se haga más valiente para hablar, para anunciar, para cantar; ese fue el aprendizaje, el conocimiento. Y la pregunta: ¿quién soy yo cantando? Si algún día me animara a cantar, ¿qué me gustaría cantar?” añade como antesala para una respuesta inequívoca.

“Esa respuesta llegó y estuvo entrelazada con ir al pasado, a la infancia, recordarme jugando… yo no sabía que esa música que me conmovía era folklore. Mi madre me llevaba a ver a Mercedes (Sosa) y me quedó de aquello la emoción, lo que sentía al escucharla en vivo. La elección fue ahí, ¿qué cantarías el día que te animes a cantar? Folklore. Así salió”, responde.

Aleteo es un disco que Peleritti tenía muy perfilado a fines de 2019, y que a comienzos de 2020 había empezado a testear en algunas salas de nuestras serranías. Pero la pandemia obligó a repensar todo.

“No me ha ganado la ansiedad –dice–. Este ha sido un recorrido muy propio, en el que elegí meterme a un estudio a grabar una vez sentí una madurez expresiva”.

“Sentí la grabación como una forma de ofrenda: que se me escuche lo que he elegido, lo que me ha gustado. La grabación en sí misma (la elección de las canciones, de los productores), también ha tenido un movimiento muy personal, muy interno. Pero llega un momento en el que hay sacarlo pa’ afuera. Y es este”.

En la antesala de un debut discográfico es probable que afloren inseguridades paralizantes, sensaciones de que todo se podría haber hecho mejor. No le pasó tal cosa a Carolina del Carmen: “Estoy satisfecha con el disco, la verdad. Es una sensación nueva, es la primera vez que saco material, que ofrendo. Estas canciones son de mi autoría o de autoría compartida. Y hay otras elegidas del cancionero popular. Estoy contenta. Cuando uno está en la gestación, llega un momento de soltarlo. Se completa con los otros”.

Peleritti confiesa que con Aleteo se siente íntegra, y observa que no ha tenido nadie que la apure. “Este es un trabajo absolutamente independiente –refuerza–. Nadie me ha dicho ‘tenés que hacer esto en tal tiempo’. Ha sido resultado de un proceso interno y del talento y esfuerzo de la gente que me ha acompañado en él. No he estado sola en este tiempo de la pandemia. Al disco lo grabé en 2019 y tenía proyectado sacarlo en 2020. Pero el freno del año pasado me permitió recapitular un montón de cosas”.

Abrazarse a sí misma

En esa revisión, Carolina del Carmen no sólo decidió postergar la publicación de un EP casi finalizado sino que evitó hacer vivos de Instagram y cualquier otra acción por afuera de la necesidad de abrazarse a sí misma.

“Y estuve así hasta fin de año, que le puse fuerza y dije ‘a esto hay que una fecha para salir’. Pero más allá de eso, rescato que en pandemia hicimos Zamba del Renacer, con cada una de las amigas mujeres (Luciana Jury, Sofía Viola, Victoria Morán) grabando en su casa”, revela.

“En pandemia también produjimos todas las piezas audiovisuales que acompañan a cada una de las canciones. Una de las piezas está hecha en el mar, donde tuve que estar el año pasado por una cuestión personal”, redondea.

–La canción “El suspiro” tiene letra tuya y música de Peteco. ¿Fue epifánica la devolución de un texto tuyo amalgamado en la composición de una leyenda folklórica?

–No he compuesto muchas canciones, pero las que tengo han salido de un lugar muy personal, muy de adentro. Algo que se ha manifestado con mucha fuerza. Nunca hubo algo programado del tipo “ahora tengo que componer”. El suspiro se relaciona con el suspirar por amor. Esa sensación interna me inspiró e hice una letra, de una. La leía y me gustaba lo que expresaba en ella. Y mandársela a Peteco fue como un acto de arrojo. “Bueno, mando esto”. Me gusta a mí y tengo el impulso de mandársela. Él es un amigo, tengo idea y vuelta. Él es mucho de mandar ideas, de compartirlas. Es un referente y un maestro… Cuando le envío esa canción, insisto, es un acto de arrojo, ni siquiera le dije que era mía. Me la devuelve con una canción y fue una gran emoción. Fue muy contundente. El otro día me contaba que, en una situación así, la gente piensa que él devuelve una chacarera o una zamba. Y él también está permeable a la letra, por lo que en El suspiro se inspiró para que sea una canción. Fue muy fuerte, un regalo. Me costó grabarla de tan personal que era. Tuvo que decantarse la sensación al grabarla. De impregnarte del arte de otros, empezás a encontrar tus propios paisajes, tus propios sentires. Escribo, siempre lo hice, sólo que ahora lo hago en métrica de canción.

–Una pregunta acerca de “Zamba del renacer”. ¿Ese renacimiento rompe con tu pasado o lo integra a este presente?

–La canción surgió de una conversación sobre astrología que mantuve con Max Masri, uno de los productores. De un intercambio sobre este momento plutoniano. Plutón es el planeta de la energía vida – muerte – vida. Renacimiento. Hay algo que tiene que morir para volver a nacer. Todo el tiempo se manifiesta esa posibilidad. La letra se gestó desde esa charla. Transformaciones personales que redundarán en lo colectivo. La hicimos entre los dos y luego se me ocurrió invitar a mis amigas de la música. Tenemos la intimidad de juntarnos a guitarrear, jugar, componer.

–¿Es un frente de cantautoras alineadas a este momento sociocultural de empoderamiento femenino?

–Cada una de estas cantoras ponen su voz al servicio de causas o cosas en las que creen. Nos conocemos, compartimos muchos pensamientos y miradas. Y esto que haya voces femeninas que se aúnen para cantar, para trabajar en conjunto, vuelve más poderoso al todo.

–También se oye una voz femenina en quichua. ¿De quién es?

–De la “seño” Pety Chazarreta. Una maestra de una carrera bilingüe que enseña quichua. La contacté a través de un amigo; luego le conté la idea y le pregunté si tenía ganas de relatar la letra en esa lengua. Nos mandó los audios y los amalgamamos.

Hace unos días, Carolina del Carmen posteó en Instagram un collage de fotos y un texto de resonancia poética que dieron cuenta de lo que significó el paso de Luis Alberto Spinetta por su vida.

El gesto resultó revelador, por cuanto la hoy cantora siempre se mostró elusiva a referirse a ese vínculo, que en contacto con VOS describe como “una de las cosas más hermosas que me pasó en la vida”.

–Luis era intransigente y muy firme en sus convicciones. ¿Vas a trasladar esa actitud en tu carrera musical?

–Su coherencia y su forma de decir y hacer tenían que ver con su ser, con cómo era él. Y eso lo llevó no sólo a la música sino a todo. Eso es lo rescaté e incorporé. Es lo que saqué en claro del momento en el que estuvimos juntos. Primero, digo que fue una de las cosas más hermosas que me pasó en la vida compartir ese tiempo con él. Pero también destaco lo que me dejó el hecho de tener al lado una persona coherente, consecuente con sus miradas.

–En el debate sociocultural, en la conversación social, siempre hay debates en torno a la belleza hegemónica. ¿Qué te sugiere esa expresión a vos?

–La belleza tiene que ver con ser uno mismo. Más que nunca. Si tomás todo mi trayecto, lo que ahora se ve de mí es lo que soy: una persona libre. Me puedo mostrar tal cual soy después de haber transitado un montón de mundos expresivos. Me puedo presentar como soy, tomando todo ese bagaje. Sintiéndolo, integrándolo, siendo quien soy, una mujer libre que está a punto de cumplir 50 años. La belleza es ser lo que uno elige ser. Ahí nos tenemos que parar. Y siento que ya no hay tanta discriminación con respecto a qué seas, qué te pongas, qué te guste. Tenemos que ser seres libres. Tiene que salir de uno y permitir que otro también lo sea.

–¿Qué situación de la nueva realidad, si es que hay una nueva realidad, te gustaría para presentar “Aleteo”? ¿Teatro, sala alternativa, escenario festivalero?

–La continuidad de un material sigue en el vivo. En este momento empiezo a pensarlo e imaginarlo. Amo Córdoba, de verdad, desde la infancia. Es un lugar que siento como mi casa. Amo las sierras, me dan una energía muy potente. En 2019, en el momento en el que volvemos de una gira, en la que actué en Río Arriba y en Traslasierra, se vino la pandemia. Me encantaría volver a esas salas pequeñas y cálidas; a las que he conocido y a las que aún no he tenido posibilidad de conocer. Tengo amigos y hay un circuito alternativo para desarrollar. Pero si está la posibilidad de hacerlo en una sala más grande, también me gustaría. Porque este EP tiene muchos detalles de estudio que me gustaría recrear en vivo. Empezamos a pensar la puesta para presentar este EP. Y además, con mis compañeros de banda sentimos que quedó latente eso de subirnos al auto y empezar a recorrer las sierras para mostrar nuestras canciones.

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