Denunciaron que la Ciudad no permitió vacunar a los docentes de las universidades públicas

Los trabajadores de las universidades públicas denunciaron esta mañana que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires los dejó afuera del plan de vacunación. Este diario pudo constatar que, tras el reclamo, aquellos a los que el sistema había rechado fueron finalmente empadronados. 

«El Gobierno de la Ciudad, a través de su Ministerio de Educación, difundió el 18 de mayo el comienzo de la segunda etapa del plan de vacunación para personal docente y no docente, habilitando un formulario de inscripción que no contempla al personal universitario con domicilio en esta Ciudad», manifestaron las agrupaciones de trabajadores en una carta remitida este viernes al ministro de Salud porteño, Fernán Quirós.

En ese marco, exigieron al titular de la cartera sanitaria por el «cumplimiento de la resolución 386/2021 del Consejo Federal de Educación», la que determinó el cronograma de vacunación del personal docente y no docente en todo el país.

De acuerdo a lo estipulado en la Resolución 386 del Consejo Federal de Educación, con fecha del 12 de febrero pasado, los «docentes y no docentes de institutos de educación superior y universidades» integran la quinta etapa de vacunación contra el coronavirus. Esa resolución se remitió a cada distrito. 

Esta fue la segunda carta enviada por los gremios, ya que el 19 de mayo, un día después de la notificación de la Ciudad, quienes se dirigieron en forma escrita a las autoridades fueron los docentes y no docentes de la Universidad Nacional de las Artes. No recibieron contestación y eso motivó la segunda misiva, que firmaron, entre otros, el Sindicato de Docentes de la Universidad de Buenos Aires (Feduba), la Asociación de Personal de la Universidad de Buenos Aires (Apuba), Asociación de Artistas, Docentes e Investigadores (ADAI), Asociación de Trabajadores de la Universidad del Arte (Atuna) y la Asociación de Docentes de la Universidad Tecnológica Nacional (ADUT). 

«Si yo me anoto por la UBA, no me dejan vacunarme; si en el formulario consigno que trabajo en la Di Tella, me dan turno»

Silvana Franco, titular de la ADAI-UNA, contó a PáginaI12 que el formulario estipulaba la vacunación de «los docentes y no docentes de institutos de educación superior y universidades dependientes del Gobierno de la Ciudad e Instituciones privadas incorporadas a la enseñanza oficial». La dirigente gremial manifestó que, sin embargo,  hubo «una reinterpretación rara» por parte del gobierno porteño, dado que «no hay universidades privadas dependientes de la Ciudad; todas, públicas y privadas, dependen de la Nación», por una razón: los títulos otorgados tienen reconocimiento a nivel nacional.

La ventana por la cual la ciudad habilitaba al personal de universidades privadas a vacunarse pero vedaba el acceso a a quienes trabajan en casas de altos estudios de carácter público fue confirmada por otra docente, que habló con reserva de identidad y vivió una situación kafkiana. «Estoy en la UBA y en la Universidad Torcuato Di Tella, donde informaron que nos incluyeron en el plan de vacunación. Si yo me anoto por la UBA, no me dejan vacunarme; si en el formulario consigno que trabajo en la Di Tella, me dan turno», relató por entonces. Una misma persona, con el mismo DNI, que trabaja en dos instituciones a través de la virtualidad, pudo acceder al beneficio del turno para vacunarse por su labor en una universidad privada, pero se se le negó como trabajadora de una universidad pública.

La docente consultó al ministerio de de Educación porteño: «Me avisan colegas que no se están pudiendo empadronar indicando Universidad de Buenos Aires pero la Universidad Di Tella me envió un mail para que me empadrone. Mi pregunta muy sencilla es ¿puedo empadronarme como docente universitaria de la Universidad Torcuato Di Tella pero no puedo empadronarme como docente universitaria de la Universidad de Buenos Aires?». Le respondieron desde la parte de prensa que «es así», que «la UBA es nacional y le corresponde al Estado vacunar», y que «la Di Tella es privada». 

Sin embargo, la Di Tella no compró vacunas: solamente las compra la Nación. La UBA y la Di Tella tienen status nacional, con edificios en la ciudad de Buenos Aires. Dicho con propiedad: la UTDT es una universidad autónoma de carácter nacional, al igual que las demás universidades privadas, y la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) es el órgano que controla la parte académica. No depende de la Ciudad salvo en cuestiones edilicias, igual que la UBA y el resto de las casas de altos estudios.

Por cierto que la medida también afectó, a nivel secundario, al personal docente y no docente de los dos colegios públicos de la UBA en la ciudad, el Nacional de Buenos Aires y el Carlos Pellegrini. «No hay diferencias de jurisdicción, salvo público o privado, ese es el criterio para empadronar. Se empadrona o no se empadrona, o se lo hace por jurisdicción, pero hacerlo por público o privado es un invento, da la pauta de para quiénes gobiernan, esa es la clave de la discusión», agrega la docente, y subraya: «Hay que decir que esto es a nivel de las universidades públicas porque pasa por ahí: público versus privado, no nacional versus provincial o de CABA».

¿Cuál es el motivo de esta decisión? «Con ingenuidad, digo que es ineficiencia», estima Franco. «Es una ineficiencia sostenida. Los 14 años de gobierno que llevan no hicieron otra cosa que abandonar políticas públicas, y encima no acatan la ley, ya nos tienen acostumbrados».

Ante la consulta de la agencia Télam, desde el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta adujeron que «se está vacunando a los docentes y no docentes» del primer grupo establecido como prioritarios ante la vacunación por el Consejo Federal de Educación, que son aquellos que «están con la presencialidad en las aulas y que suman unos 16 mil con las dos dosis»; y que «a los docentes universitarios aún no se está vacunando ya que son del quinto grupo». También afirmaron que eso requerirá de un abastecimiento mayor de dosis para el distrito, ya que «de las 57 universidades nacionales, hay 50 que tienen sede en la Ciudad».

La cuestión burocrática no se agota solamente en el hecho de que alguien que trabaja en universidad pública y en una privada pueda vacunarse según dónde trabaje, sino también en la residencia. Franco contó que «la medida afecta por domicilio, porque hay muchos que trabajan en universidades del Conurbano y residen en la ciudad de Buenos Aires». Mientras, la provincia de Buenos Aires no ofrece estas trabas.

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