Cómo ayudar a niñes y adolescentes a sobrellevar la pandemia

Frente al regreso de las clases a distancia, necesario para contener los contagios de coronavirus de esta segunda ola, especialistas en psicología y educación señalan que representa un desafío para niñes y adolescentes y brindaron recomendaciones para sobrellevar la situación.

Con la aclaración de que caso es particular, aconsejaron dialogar en familia sobre la necesidad de garantizar espacios individuales, organizar encuentros cortos con pares al aire libre y con protocolo, así como contener los sentimientos de hartazgo a través de mensajes esperanzadores que ayuden a visualizar que «esto es transitorio».

«La pandemia nos ha cambiado a todos y al tipo de familia que teníamos. Lo que en un primer momento resultó un descubrimiento interesante de conocernos en familia, de cómo distribuimos las rutinas, donde compartimos y donde los padres jugaron más con sus hijos, hoy ya se extraña mucho tener tiempo para uno mismo, más en adolescentes, padres y madres», señaló la psicoanalista Claudia Amburgo, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), coautora del libro Parentalidades.

Para la especialista, es importante que, en la medida que se pueda, se distribuyan «los tiempos para respetar una intimidad». 

«El adolescente se buscó su tiempo cuando todos duermen. A los chicos quizás llevarlos a la plaza, al aire libre, porque necesitan estar, encontrarse. Y las parejas se pueden poner días para cada uno y que cada cual haga lo que le guste hacer y no se lo interrumpa», ejemplificó.

Lo ideal, continuó en ese sentido, es «respetar y dialogar lo que cada uno necesita y ponerse de acuerdo». Una opción que podría ayudar, propuso la experta, es «por ejemplo que los chicos pequeños se queden a dormir» en la casa de sus abuelos y abuelas, si ya recibieron la vacuna.

«Dentro de la familia no se consigue nada si no se ponen las pautas primero, se acuerda qué necesita cada uno, que no sea a través de caprichos o violencia, sino de entender que lo mismo que yo pido para mí, lo va a tener el otro», indicó Amburgo.

Nora Koremblit de Vinacur, psicoanalista y miembro titular de APA, de la comisión de Familia y Pareja, también consideró positivo para ayudar a niñes y adolescentes para atravesar el encierro «procurar encuentros con otros en tiempos cortos, al aire libre y con recaudos, como nos enseñaron los epidemiólogos».

En este camino de acompañamiento y tolerancia, otra de las recomendaciones que dan los especialistas es dialogar en familia sobre lo temporal de la situación. «Los niños y adolescentes necesitan una explicación frente a lo que estamos transitando, que se les recuerde que es transitorio y que en poco tiempo podrán encontrarse con sus pares», explicó Koremblit.

Para la psicoanalista, es fundamental que las familias transmitan a sus hijes «mensajes claros, tener tranquilidad para que puedan vivir un clima de menor desesperación, contarles que las vacunas contra el coronavirus están llegando y vamos a estar mejor».

«Es importante poder contener el hartazgo y hastío en niños, niñas y adolescentes porque los adultos tienen mejores herramientas emocionales que ellos para entender y tolerar sus frustraciones», completó.

Cómo acompañar en las clases virtuales

El cansancio que experimentan niñes y adolescentes hacia el zoom, tras más un año de pandemia, es cada vez mayor. «No quieren participar y no los culpo, porque la presencialidad es amistad, afecto, el lazo social y también se aprende por imitación e identificación con pares», señaló Amburgo. 

Frente a ese hastío, la asociación civil Libres de Bullying generó una serie de pautas para que las familias puedan acompañar a sus hijes durante las clases virutales. «Quedate cerca para ayudarlos en cuestiones técnicas, dales tiempo para responder, permitiles dudar y bancá sus errores, no respondas por ellos ni les ‘soples’, contenelos si se angustian y validá sus emociones», escribió la organización en su cuenta de Faceebok, donde llama a «no juzgar ni criticar los espacios de cada uno». 

María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, consideró, retomando la discusión sobre privacidad, que una de las cosas que más rompió la pandemia «es la intimidad del vínculo entre el alumno y docente en el aula».

«Los padres y madres empezamos a ver a nuestros hijes en situaciones de alumnos y a los docentes enseñando, algo que antes estaba reservado a un espacio íntimo del aula y eso despierta lo más primitivo», apuntó.

En las consultas que recibe de padres y madres, por ejemplo, se repite la creencia de que el niño o la niña no responde «porque no sabe o porque hay otro que contesta más rápido».

«A lo mejor es un tema nuevo y no tiene idea de lo que plantea el docente, y eso pasa en la escuela pero con la virtualidad queda al desnudo. O pensamos que la maestra explica mal o nuestro hijo es un burro», lamentó la especialista en Déficit de Atención y Dificultades del Aprendizaje de Favaloro.

«Se corrieron los tiempos de espera y se pretende un resultado permanente; sin embargo, educar y aprender lleva un proceso que nadie sabe, se va construyendo», recordó Zysman. Frente a eso, la experta aconsejó «hacer un trabajo firme desde la familia y organizar las rutinas, elegir un momento para estudiar y concentrarse en hacerlo, preguntarles qué cosas no entienden y poder trabajarlas después».

La psicopedagoga también recomienda que las familias «prueben trabajar la autonomía más allá del tiempo escolar, que el chico pruebe, se equivoque, darles responsabilidades de la casa, como colgar la ropa, ordenar, lavar algo».

La doctora en Educación, Melina Furman, coincidió con Zysman en la importancia de trabajar la autonomía y compartir momentos juntos y señaló que según un informe realizado por el Observatorio de Argentinos por la Educación, la vuelta a clases del 2021 «tiene una gran mayoría alumnos que resuelven las tareas en sus casas y no tienen clases sincrónicas».

Por eso, para Furman, lo que hay que es pensar es la forma de ayudar a los chicos a construir su autonomía: «Organizarse para estudiar, buscar un espacio que haya en casa, idealmente lo más tranquilo posible, iluminado, silencioso, apagar la tele, la radio, y sea un momento por día para hacer el trabajo de la escuela». Y, si se puede, «estar disponibles en esos momentos, para resolver algún problema tecnológico, en caso de tener clases sincrónicas, o acompañarlos en situación de hacer la tarea», remarcó la profesora de la universidad de San Andrés.

Por su parte, Gustavo Galli, docente e investigador en la Universidad Nacional de Hurlingham, propuso «dejar de pensar a las familias de una forma idílica», debido a que «la escuela es el paréntesis y una bocanada de aire en torno a algunas realidades que tienen los pibes y pibas, porque muchas veces las peores cosas pasan al interior de los hogares».

Si bien «es verdad que la pandemia impide brindar ese espacio y el vínculo de intimidad cambió entre docentes y alumnos», indicó, «es igual de verdadero que la dicotomía planteada en la Ciudad de Buenos Aires sobre escuela presencial o la nada, tampoco es el camino». Y finalizó: «La virtualidad nos hace poder sostener un vínculo que, por supuesto, no es el que deseamos, pero es el posible y hay que trabajar las cosas desde ahí».

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