La escuela en pandemia en la voz de los docentes

“El año pasado, apenas se presentó la pandemia, el desafío fue empezar a pensar de qué manera la escuela se iba a integrar con los hogares de los alumnos y alumnas. Lo primero fue buscarlos, teníamos 2 o 3 teléfonos, los rastreamos a través de hermanos, hermanas, primos, la familia, vecinos, ¿a quién conocíamos para poder reconectarlos? Fue un tiempo de inestabilidad. Los 15 días (de cuarentena) pasaron a 15 más. Y después un mes y dos meses. La realidad nos obligó a proyectar herramientas, estrategias, formas de que el aprendizaje ocurriera. Porque no se trata solamente de seguir conectadxs, sino que el aprendizaje tiene que ocurrir: ¿Y cómo hacemos para que eso pase?”. 

Andrea, vicedirectora de una escuela de La Matanza, resume así las principales preguntas que enfrentaron –y todavía enfrentan– los docentes en épocas de covid. Sus experiencias fueron reunidas por el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba) en la revista “La educación en nuestras manos”. Se trata de una una revista histórica del gremio, nacida en 1992 y relanzada esta semana,  con un número que muestra las prácticas pedagógicas creadas desde las escuelas, por sus trabajadores, en este tiempo inédito. 

La revista fue armada así como un espacio de debate  sobre la construcción de otras formas de producir conocimiento, en la situación de pandemia y en la Argentina real. Es decir,  en un territorio (bonaerense) donde miles de estudiantes, tras el desguace que hizo el macrismo del Plan Conectar Igualdad, entraron a la pandemia sin dispositivos ni conectividad.  

«A veces hay un dispositivo en la familia y lo están
usando. Es difícil que se conecten, porque usan datos, no tienen internet. Entonces quieren aprovecharlos para hacer los trabajos, y no
para conectarse», cuenta en una de las notas Adriana Domínguez, profesora de la secundaria 32 de Monte Chingolo, Lanús.  Sabrina, preceptora del mismo colegio, agrega que «a veces lo que pasa es que el único celular que tiene la familia es el de la persona que sale a trabajar. Entonces por ahí a las 17 o más tarde es
cuando tienen acceso a los dispositivos. Y muchos chicos de nuestra
escuela también están trabajando. Aprovechan no tener que asistir
a la escuela en presencialidad y salen a trabajar con algún familiar
o haciendo una changa en el barrio. Entonces se juntan todos estos
factores. Falta de dispositivo, de datos, de WiFi y lo laboral».

En un sentido más amplio,  más político, la revista es presentada como una herramienta de los trabajadores de la educación,  para disputar el sentido de la educación pública. 

«El primer número lo publicamos en el 92», recordó Hugo Yasky, referente del gremio docente, hoy diputado nacional, sobre La Educación en Nuestras Manos. «Queríamos, sobre todo, tener una propuesta que mostrara que no aceptábamos lo que entonces se imponía de manera abrumadora: el avance del Consenso de Washington», el paquete de ideas con que el capital internacional justificó en los ’90 la imposición del neoliberalismo. Todo lo público en aquellos ’90 –en Argentina, la década de las privatizaciones menemistas– era mostrado como sinónimo de ineficiencia, como  paso previo a convertirlo en negocio. La escuela también. «Pensar en una escuela como instrumento de movilidad social ascendente era entonces casi ser parte del museo. Los neoliberales decían que la desigualdad era un factor positivo, que era la chispa que encendía el motor del esfuerzo individual», agregó Yasky.

La publicación fue así parte de las luchas docentes en el menemismo y en el gobierno de la Alianza; siguió saliendo también en los primeros años del kirchnerismo. El último de sus números regulares fue publicado en junio 2008. Pasaron muchos, en 2015 fue armada la edición nro 80, dedicada a las Jornadas del Movimiento Pedagógico Latinoamericano. En 2016 fue publicado un número más, el último, dedicado a la historia del Suteba, que cumplía 30 años.

Roberto Baradel, titular del Suteba, sintetizó de esta manera el motivo de la vuelta a la calle: «Relanzamos la revista para defender la educación pública poniendo en valor el trabajo de las y los docentes».

Para este número de relanzamiento, contaron sus experiencias docentes de escuelas del conurbano, de escuelas rurales (en Punta Indio, zona de agricultura familiar y pequeños tambos) y de Institutos de Formación. 

Las estrategias que se cuentan son muchas. Entre las más valoradas están aquellas en la que varios docentes lograron trabajar juntos.  En la escuela de Monte Chingolo, a partir de tener definido cuáles eran los contenidos prioritarios, hubo profesores que armaron actividades en la que confluían varias materias. Por ejemplo trabajaron juntos arte, literatura e inglés , y  Sistemas de información contable con Economía y Administración. Esto ayudó a los estudiantes a no dispersarse e integrar conocimientos y a los docentes a sostenerse. Hay que tener en cuenta que, de golpe, se vieron en el baile de tener que dar clases de zoom (para unos, los que tenían conectividad) y también por whatsapp (la vía que utiliza la mayoría de los alumnos, sobre todo si tienen datos y no wi fi), y también llevar materiales impresos al colegio, para los que no tenían ningún tipo de conectividad. 

«Acá construimos un equipo,
construimos con el otro y no todo es color de rosas, también contra el otro,
como dice Freire», apunta el director, Daniel Mattera, sobre ese camino.

Algo similar hicieron en el Instituto de Formación Docente n° 29, de Merlo, donde organizaron los aprendizajes por campos. «Les llevamos la propuesta a lxs profes, lo discutimos bastante
en muchas reuniones (la verdad que el año pasado tuvimos muchas reuniones
plenarias, muchas más de las que hubiéramos imaginado tener nunca)», contaron desde la dirección del Instituto. » Siempre tuvimos una
mirada interdisciplinaria sobre lo que queríamos llevar adelante, pero quizás no
encontrábamos el modo de hacerlo bien en la presencialidad, de profundizarlo
más, y creo que la virtualidad de alguna manera nos dio la oportunidad».

Recuperar esta publicación de debate pedagógico está ligado a cimbronazo que significó para el trabajo docente la pandemia y lo que se avizora: un nuevo avance en la mercantilización de la educación y el riesgo de acentuar la desigualdad, si nadie interviene para reclamarle al Estado. «

Tengo una relación íntima y personal con La Educación en Nuestra Manos porque me acompañó a lo largo de los ’90, cuando los docentes  literalmente no teníamos para comer y nos ayudaban nuestros padres o amigos, y la revista era como  un viento fresco para todos nosotros», dijo Sonia Alesso en el relanzamiento. Para la titular de Ctera contar con una revista pedagógica hecha por los docentes es un material «invalorable para mostrar lo que pasa en los Institutos de Formación, en las escuelas y para dar el  debate» sobre cómo enseñar. Que, sin dudas, tiene enormes desafíos en la pandemia, profundizados por la desigualdad. Y que se encontrará con nuevos capítulos, además, cuando puedan retomarse las clases presenciales. 

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