Martha Argerich: la pianista de la pasión inagotable cumple 80 años

Argerich, apasionada y vigorosa, parece una prolongación del piano, pisando con energía el pedal que ha marcado el ritmo de su vida desde tan temprana edad. Se dice que no le gusta ensayar. Será porque lo lleva en la sangre.

La pianista nació en Buenos Aires el 5 de junio de 1941. Su ascendencia paterna proviene de españoles catalanes afincados en Argentina en el siglo XVIII; y la de su madre, Juana Heller, de una familia judía ucraniana que se estableció en Argentina cuando huía de los pogromos del siglo 20.

En 1945, a los 4 años, dio su primer recital público de piano en el teatro Astral. A los 7, su primer concierto formal en el teatro Astral. En esa oportunidad, la pequeña interpretó el Concierto para piano y orquesta n.º 20 en re menor, K. 466 de Mozart. Enseguida comenzó a estudiar piano con el gran Vicente Scaramuzza, maestro de maestros. De él viene esa pasión casi salvaje con que Argerich interpreta su repertorio, lanzada al escenario en el que sus manos vuelan. Verla tocar es una experiencia única. El maestro le pedía durante su preparación que pensara menos al tocar.

Gracias a la película de su hija Stephanie, Bloody Daughter, se pueden conocer los entretelones previos a cada actuación. Se la ve nerviosa, con el impulso de desistir, hasta que se sienta al piano y el mundo que la rodea desaparece.

Dice el sitio Ezanime.net: “Uno siempre corre el riesgo de que Martha Argerich no aparezca porque también existe la posibilidad de que lo haga. Incluso si hay algunos otros grandes pianistas en el mundo, no hay nadie como ella. Argerich, que celebra su 80 cumpleaños el 5 de junio, es un músico único, un músico con un sonido personal que es distintivo, de hecho inconfundible si lo conoces: los componentes de su magia incluyen un ataque ligero y rápido, un cantabile que se derrite y un sentido de reflujo y flujo que puede convencerte de que la música está emergiendo de su subconsciente recién acuñada, sin importar cuántas veces hayas pensado que la habías escuchado antes”.

Siguiendo la cronología de la niña prodigio, es muy conocida la anécdota de Martha y su mamá en la audiencia que les dio en 1954 el por entonces presidente de la nación, Juan Domingo Perón, en la residencia presidencial. Ella misma contó qué pasó en ese encuentro.

“Yo tenía un poco más de 12 años, había tocado en el teatro Colón, y Perón me había dado una cita en la residencia presidencial. Mamá preguntó si podía acompañarme y le dijeron que sí, por supuesto. Yo no era muy peronista; me acuerdo de que siempre estaba pegando por todos lados papelitos que decían ‘Balbín-Frondizi’. Perón nos recibió y me preguntó: ‘¿Y adónde querés ir, ñatita?’. Y yo quería ir a Viena, para estudiar con Friedrich Gulda. A él le gustó que no quisiera ir a Estados Unidos. Lo más cómico fue que mi mamá, para congraciarse, le dijo que a mí me encantaría tocar un concierto en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios)”, empieza.

Y sigue: “Y parece que yo debo haber puesto una cara bastante reveladora de que la idea no me gustaba, porque Perón le empezó a seguir la corriente a mamá, diciéndole ‘por supuesto, señora, vamos a organizarlo’, mientras me guiñaba un ojo y, por debajo de la mesa, me hacía con un dedo que no. Él la estaba cargando a mamá y a mí me tranquilizaba. Se dio cuenta de que yo no quería. Fantástico, ¿no? Y le dio un trabajo a mi papá. Lo nombró agregado económico en Viena. Y a mamá le dijo que le parecía que ella también era muy inteligente, emprendedora y capaz, y le consiguió otro puesto en la Embajada”.

Desde 1954, Argerich estudió durante 18 meses en Viena con Friedrich Gulda. Después estudió en Ginebra con Madeleine Lipatti y Nikita Magaloff. Fue alumna de Stefan Askenase y María Curcio; y en 1960, de Arturo Benedetti Michelangeli.

Martha Argerich tiene tres hijas: la mayor, Lyda, es violista, hija de Chen Liang Sheng, director de orquesta chino-suizo; Annie es hija de Charles Dutoit, violinista y director de orquesta; y Stephanie, hija del pianista Stephen Kovacevich, es una cineasta que presentó en el Festival de Cine de Roma su ópera prima Bloody Daughter, sobre la vida de su madre.

Argerich reside desde 1954 en Europa, habitualmente, en Bruselas.

Todo sobre ella

La pianista, que tiene una personalidad más a tono con una estrella de rock y es venerada en el mundo, no da entrevistas. Por eso en el ambiente siempre sorprendió que Argerich accediera a hablar con Lovier Bellamy, autor de dos libros sobre ella, y a esta altura, exégeta privilegiado.

“Llegó a herirse un dedo para saltarse un concierto”. Esa y otras historias aparecen en las 261 páginas de Martha Argerich raconte (cuenta), de Olivier Bellamy, publicado en París por Buchet-Chastel. Un acontecimiento porque Argerich nunca había contado gran cosa de ella. Salvo a Bellamy. En 2010, tras 10 años de grabarla sin que nadie supiera explicar por qué le concedió esa gracia, Bellamy publicó su primera biografía autorizada, Argerich, la niña y los sortilegios, traducida a 20 idiomas. El nuevo libro recopila 20 años de entrevistas, emitidas en los programas de radio y televisión de Bellamy o publicadas en Classica.

También su hija Stéphanie corrió el velo del misterio en el que se refugiaba su madre, una artista maravillosa pero esquiva, cuando estrenó Bloody Daughter. La directora de cine ha seguido de cerca, literalmente, a Martha durante sus rutinas, inseguridades y gestos de afecto en la intimidad de la casa y en relación con sus hijas. La película es un documento muy valioso tanto por el contenido crítico, como por las imágenes que la directora fue atesorando durante años.

Argerich se presenta regularmente en Argentina: desde el teatro Colón a los espacios alternativos de las fábricas recuperadas.

A propósito del encuentro con Daniel Baremboim, escribió el crítico Gabriel Pérez Senz en 2014: “Pocas propuestas pueden despertar la ilusión de los melómanos de cualquier rincón del mundo de forma tan excitante como un encuentro de Martha Argerich y Daniel Barenboim. Si además esa propuesta tiene lugar en la ciudad donde ambos nacieron con solo un año de diferencia –ella en 1941; él en 1942– y en un escenario tan cargado de historia como el teatro Colón, hay que hablar de auténtico acontecimiento cultural”.

En 2020, Martha Argerich estaba programada junto con el maestro argentino Luis Gorelik para la apertura del Festival Bemus en Belgrado. El rebrote de Covid-19 frustró el concierto presencial en el que ofrecería la extraordinaria madurez que la pianista ha logrado a la hora de interpretar la obra de Ludwig van Beethoven.

Córdoba tuvo el honor de disfrutar su arte, en su presentación más reciente junto con la Orquesta Sinfónica Provincial, el 28 de agosto de 2018 en la Sala de las Américas. Esa noche el público la amó cuando la grandiosa Martha puso las manos sobre el piano y sacudió su cabellera plateada.

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