Competencias parentales: a ser papás se aprende

Las funciones parentales no sólo se limitan a alimentar y cuidar a los hijos. Van más allá y alcanza, por caso, la tarea de educar. Pensar acerca de la relación entre el aprendizaje de los niños y la labor de ser padres es un buen punto de partida para reflexionar. Intentar responder algunas preguntas también puede ayudar.

¿Por qué pensar en el aprender fuera del espacio de la escuela?, ¿qué esperan los otros de mi como mamá o papá?, ¿concebir un hijo nos hace instantáneamente capaces de ser padres? Elisa Azar (MP 120818), doctora en psicopedagogía y especialista en clínica psicopedagógica y en orientación en sociopsicogénesis, delinea algunas respuestas posibles.

Al nacer, el bebé debe aprender a sobrevivir y a ser humano. Para eso, necesita la presencia y la acción de un otro humano, dispuesto a alojarlo y cubrir sus necesidades. El bebé se irá constituyendo como miembro de la familia y de una cultura gracias a su capacidad de aprender. El aprender, como un proceso complejo que comprende al cuerpo, lo afectivo, la inteligencia, lo social e histórico, le permite al niño construir su mundo.

Ese mundo se construye a partir de una transmisión que se da, necesariamente, en procesos de enseñanza y de aprendizaje. “No hay aprendizaje sin enseñanza, no hay alguien que aprenda sin alguien que enseñe. En nuestra sociedad, dos instituciones son las principales responsables de ese proceso: la familia y la escuela. Ambas están centradas en las relaciones humanas y en procesos de intercambios, protección y transferencias de conocimientos y saberes”, expresa la profesora y licenciada en psicopedagogía.

Familia

Por eso es necesario profundizar en el papel de la familia como primer espacio de aprendizaje humano. Esta institución de la sociedad está comprendida como el contexto más deseable para el desarrollo personal, social e intelectual de niños y adolescentes y el ambiente que mejor puede preservarlos de situaciones de riesgo.

Su influencia se da desde los primeros tiempos de la vida, es la más persistente, y se caracteriza por ser intensa afectivamente y por moldear las relaciones futuras.

Es la familia como espacio afectivo y vincular el lugar de las primeras interacciones del niño, en el que se desarrollan habilidades sociales, emocionales, cognitivas, intelectuales, comunitarias y psicomotoras.

“Eso nos permite referirnos a la parentalidad como condición necesaria para que aparezca lo humano del hombre. Nos hacemos miembros de una determinada sociedad, inicialmente en la familia”, remarca Azar.

Y aquí se hace necesario diferenciar la capacidad de procreación o parentalidad biológica de la parentalidad social. Esta última hace referencia a las actividades de cuidado, educación y promoción de la socialización, desarrolladas por padres y madres respecto de sus hijos. Ahora bien, para poder hacer frente a la función de parentalidad, las mamás y los papás requieren desarrollar competencias.

Capacidades

Las competencias parentales implican aspectos cognitivos, afectivos y de comportamiento que refieren a las capacidades y habilidades tanto de padres como de madres para desarrollar y coordinar repuestas frente a las tareas vitales de cuidar, proteger y socializar a los hijos procurando un desarrollo lo más sano posible.

Las capacidades refieren principalmente a la empatía (aptitud para identificar y responder a las distintas necesidades evolutivas), al apego (cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido) y a la disponibilidad de recursos emotivos, cognitivos y conductuales de los padres.

Las habilidades refieren a los modelos de crianza, a la participación en redes sociales y a la de hacer uso de los recursos de la comunidad para ejercer sus funciones.

“Los padres suelen desarrollar estas competencias a lo largo de trayectorias de vida en interacción con las generaciones anteriores, o bien a través de lecturas, informaciones o asesorías”, señala la especialista.

No se nace, se hace

Convertirse en padres es una ardua tarea que supone el ejercicio, la experiencia y la práctica, así como la disponibilidad tanto psíquica como corporal con competencias suficientes para poder responder a las necesidades de los hijos para que puedan hacer frente a las adversidades de la vida y superarlas.

“Pero no se trata de apelar a la buena voluntad, sino de tener acceso a los recursos a través de los cuales poder hacerse competentes”, advierte la psicopedagoga.

En relación con el aprendizaje en general y al escolar en particular, numerosas investigaciones en psicología, neuropsicológica y psicopedagogía dan cuenta que las principales funciones de la familia son favorecer el desarrollo de las competencias cognitivas de los hijos y brindar la estimulación necesaria y adecuada para hacer a los niños capaces de relacionarse con su entorno físico y social.

Por otra parte, recientes investigaciones afirman que las competencias parentales se ven impactadas por factores socioeconómicos. De modo que la pobreza y vulnerabilidad inciden directamente en el desarrollo de los chicos y de las competencias de los padres y en consecuencia también indirectamente en la de sus hijos.

“Todo esto nos interpela como sociedad respecto del cuidado y ayuda que la familia requiere que se le brinde. La experiencia profesional, junto a trabajos de investigación tanto desde la psicopedagogía como de disciplinas que aportan a la comprensión de la persona que aprende, nos habilita a sostener que la familia cumple un rol trascendental para cada uno de sus miembros”, opina Azar.

Por todo esto, la especialista considera necesario la creación y sostenimiento de dispositivos que ayuden a los padres a formarse y a crear condiciones para desempeñar lo mejor posible su quehacer como papás. “Estamos convencidos que brindar estos espacios para pensarse como padres, para aprender junto a otros, es un factor de prevención de ausentismo, fracaso escolar y drogadependencia, entre otros”, reflexiona.

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