Una década sin Bam Bam Miranda, el gurú del ritmo que transformó a Córdoba

“Cuando murió, creo que dejó a Córdoba media vacía”. La frase pertenece a Willy Crook en sus Memorias improbables (2017) y refiere al gran Bam Bam Miranda, el músico nacido en Perú que se convirtió en una leyenda cordobesa desde que desembarcó en esta ciudad a comienzos de la década de 1990. El próximo 29 de julio se cumplirá una década de su fallecimiento.

Hay muchas definiciones posibles sobre Miguel Antonio Miranda, tal su verdadero nombre, pero elegimos rescatar la de Crook, otro enamorado del agite cordobés y quien también nos dejó hace algunas semanas. Al momento de partir, ambos tenían prácticamente la misma edad.

“Bam Bam me llevaba a hacer turismo étnico por las villas de Córdoba, adonde íbamos de compras. Nunca un cucú. No tenía límites. Terminaba de tocar con La Mona y venía a mis shows para mejorarlos. Para mí, fue uno de los mejores percusionistas del mundo”, sentencia Willy en el mencionado libro.

Además de transformar el sonido del cuarteto tras su ingreso a la banda de Carlitos Jiménez, convertirse en una de las figuritas más solicitadas para subirse al escenario y ponerle una mística única cuando las bandas más reconocidas de la escena rockera llegaban a la provincia (de Divididos a Bersuit, pasando por Callejeros y los grupos de Pity Álvarez, por citar sólo algunos) y ser un verdadero gurú para los y las percusionistas de estas tierras, Bam Bam obtuvo un decisivo certificado de cordobesitud el día de su fallecimiento.

La última noche

Por si algo le faltaba para ser un mito cordobés, su partida de este mundo comenzó cuando se descompensó mientras tocaba con su banda Guarango en el máximo coliseo, el Teatro del Libertador San Martín, para un concierto por el 190° aniversario de la independencia del Perú. ¿Algo más simbólico que eso? Ni en el relato más trasnochado.

“Estaba feliz, en su salsa, haciendo chistes y sonriendo como siempre. Sólo una indicación de que le bajaran el retorno del cajón que percutía se puede tomar desde hoy como un indicio de que algo andaba mal”, narra la crónica de La Voz del día posterior, dato que reafirmaba su coterráneo y compañero de aventuras Toño González.

“Vayan de negro que yo iré de blanco”, recuerda el también percusionista que le dijo Miranda, al reconstruir esa noche un año después. “Lo tomé como una señal”, añadió González, mientras no ocultaba su fastidio porque la ambulancia tardó más de 20 minutos. Bam Bam falleció a las pocas horas en el hospital Córdoba por un ACV.

Lo que ocurrió posteriormente en la noche del viernes 29 fue la certeza de que Bam Bam se había convertido en el santo patrono de los tambores en Córdoba. Una caravana de percusionistas y bailarines comenzó un ritual en la mismísima avenida Vélez Sársfield y debido a la concurrencia, la Policía tuvo que cortar un carril de una de las calles emblemáticas de la ciudad.

Desde allí, la multitud se dirigió hasta 990 Arte Club, donde incontables veces se había presentado con Guarango y como invitado de tantos artistas. Es que en ese mítico espacio se realizó el velatorio a pedido de sus amigos, con el cajón que llevaba sus restos vestido con una bandera de Perú y rodeado de bailarines.

“Alguna vez había dicho que quería que su despedida fuera con música”, aseguró otro de sus compañeros de ruta, Gabriel “el Corto” Juncos, flautista de Guarango que por supuesto tocó en esa velada. Un ritual del sincretismo que representaba. Tradición cristiana, música afroperuana y cordobesa.

Esa noche estaban todos: el público de los bailes, la plana mayor del cuarteto y músicos de todos los palos: rock, jazz, afro; miembros del Consulado de su país natal bien trajeados y amantes de los tambores recreando ese espíritu libre y generoso. Todo eso era Bam Bam.

El patrón del ritmo, el libro

Su historia fue tan rica en música y anécdotas que sería imposible desarrollarla en esta nota. Una aproximación mucho más certera y completa es que la ensaya Germán Arrascaeta en El patrón del ritmo, el libro que se publicará próximamente y en el que se visibiliza la enigmática vida de Bam Bam a través de conversaciones con colegas, familiares, amigos y discípulos.

Allí por ejemplo se narra el momento en que La Mona lo convoca para que toque en su banda, con la que arrancó en marzo de 1992. “Fue a buscarme personalmente y se armó un revuelo bárbaro en barrio Güemes”, recordaba el propio Miranda sobre la el lugar donde paró un tiempo antes de establecerse en Cofico.

Sus discípulos

Por esos años también lo conoció Vivi Pozzebón, otra gran referente de la percusión cordobesa que también participa en el libro. “Fue en el espectáculo Mandingo, yo participé con el Coro del Seminario del Teatro”, rememora sobre el primer flash.

Años más tarde, llegó la influencia y complicidad. “Formamos Combo Pimienta donde varias mujeres empezamos con la percusión y nos pasaba los toques de cada uno de los instrumentos para armar el ensamble de distintos ritmos. No enseñaba con técnica, decía que tenía que sonar con ‘mugre’, que el toque tenía que ser ovalado y no circular”, apunta Vivi.

Luego remata con una idea que reproducen muchos músicos que tocaron y se formaron con él. “La mayor enseñanza era verlo tocar, te hacía entrar como en un viaje. Me acuerdo de grabar todo y después ir a casa y tratar de descifrar y transcribir, ¡todavía guardo los casetes de esas sesiones!”, exclama. El gran gusto de la Vivi fue hacer un tema homenaje “donde participaron sus hermanos, como él decía de la familia Ballumbrosio, Miguel y Roberto”.

Bam Bam grabó en Madre Baile de Pozzebón y en más de 500 discos, pero nunca pudo terminar el de su proyecto más querido, Guarango, que fue una verdadera escuela para músicos cordobeses. Aunque algunas grabaciones muy dignas en vivo fueron subidas a las plataformas, las cintas originales de ese disco que nunca se publicó las tiene (o tenía) Pity Álvarez.

Ahora tendrá un libro sobre su vida, un documental dirigido por Florencio Ruiz que está en el proceso final y un mural en su honor que pintará su amigo Fabián Villarruel. “La idea es pintarlo en una de las paredes de la cancha de Belgrano, de quien lo hizo hincha el Potro Rodrigo”, cuenta Villarruel. Como se ve, el legado de Bam Bam sigue presente. No es poca cosa.

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