Palo Pandolfo y Córdoba: una relación íntima que multiplica los recuerdos y la tristeza

Como en el caso de las recientes muertes de Willy Crook, de Gabo Ferro o de Rosario Bléfari, el inesperado deceso de Palo Pandolfo se tradujo casi automáticamente en un aluvión de anécdotas, de comentarios y de recuerdos de todo tipo por parte de distintos allegados al cantautor en sus distintos pasos por Córdoba.

Comunicadores, artistas y productores recordaron al fundador de grupos emblemáticos como Don Cornelio y La Zona y Los Visitantes como un productor cultural en sentido amplio, con un pie fundamental en la música, pero con un acercamiento directo a la literatura y a la poesía en particular. También, a través de distintas imágenes de sus distintas visitas a la provincia.

Un ser de mirada atenta

“Nuestra relación desde el principio fue impulsada por el amor por hacer. Una noche en Río Arriba (en Agua de Oro, donde venía a tocar seguido) nos vimos y al instante ya estábamos armando cosas. Fue química absoluta”, recuerda Natalia Ferreyra, agente de prensa y productora que trabajó junto con Pandolfo en los últimos años.

En enero de 2020, fue ella quien trajo al músico para que diera un taller para compositores y un concierto solista en Salsipuedes. “Empapelé negocios y paradas de colectivos con la noticia. En ‘Salsi’ nunca se había hecho algo así. Lo busqué en la Terminal de Córdoba, llegaba de tocar en Capilla del Monte y ahí estaba bajando del ‘bondi’ con un bolso y su viola. En el camino fuimos almorzando en el auto: palta y fiambre”, recuerda Ferreyra, haciendo referencia a las habituales giras del músico por nuestra provincia.

“El Palo adoraba las montañas, los pájaros, los perros, toda la naturaleza. Sus clases comenzaban con una práctica de yoga contemplativa que abría esos sentidos”, añade en relación con el multifacético artista, que también supo vincularse con el poeta Vicente Luy a través del colectivo performático Verbonautas. Otro link con Córdoba y van…

De hecho, en una entrevista con VOS a propósito de la presentación de comienzos del año pasado a la que hacía referencia Ferreyra, Pandolfo reveló que su debut en formato solista fue precisamente en la capital provincial, y a instancias de Héctor “el Perro” Emaides. “Mi primer solo set fue en Córdoba por insistencia de él, en un pub con una guitarra criolla. Creo que fue en 1994”, comentaba el músico en ese entonces.

“Así era el Palo… luz, simpleza, amor, inteligencia, rapidez, energía, entrega. Un ser de mirada atenta, un revolucionario, un ser político y sensible que tenía las bases listas para armar un nuevo partido con bases ecológicas, un vanguardista de alma noble”, define Ferreyra.

“Era puntual y muy atento, no me hacía renegar con nada”, añade en relación con el vínculo laboral con el artista. “Muchas veces nuestro laburo es persecutorio porque hay horarios de notas, de pruebas de sonido e infinitas circunstancias que tenemos que ‘controlar’, y con el Palo fue todo un placer”, resalta Ferreyra, quien destaca el rol de su gran aliado, Germán Alperowicz, “un ser precioso también, con quien compartían la ruta de la producción y los sueños”.

Vida y obra

“La primera vez que lo vi estaba en llamas sobre el escenario del Chateau Rock 88. Don Cornelio cortaba la primavera democrática con un alarido disonante y crudo”, recuerda a su turno el periodista Pablo Ramos, quien en su cuenta de Twitter narró algunos episodios vividos junto a Pandolfo. Entre ellos, su primera visita a Córdoba con su segunda banda, en 1992.

“Vino a Varsovia con Los Visitantes, un trío poderoso que no les temía a la oscuridad y a la alegría. Al año siguiente tocaron en el Nuevo Rock Argentino”, añade el conductor de Subersiones Radiofónicas, en las 102.3 FM. “Desde allí entabló una gran amistad con ‘‘el Perro” Emaides, que fue su anfitrión por años y productor de sus shows. Ahí también surgió la buena onda con los Rastrojero Diesel, que los unió en una gira nacional”, detalla el también docente, quien además saca a relucir que el primer concierto de Pandolfo solista tuvo lugar “en un pub de Cofico”.

“Así se forjó una alta fidelidad entre el Palo y Córdoba, que lo trajo incontables veces con banda o solo”, profundiza Ramos, quien destaca la última visita del cantautor en plan de gira serrana a comienzos de 2020. En su rol de periodista, además, tuvo la posibilidad de entrevistar varias veces al cantautor y poeta.

“Me tocó entrevistarlo por primera vez en el ’92, y fue muy loco pasar de fan a periodista. Él era un tipo muy humilde y sensible. No posaba para el póster. No pedía idolatrías. Podías charlar horas sobre música, literatura, cine, política, y al mismo tiempo era alguien que te hablaba desde la calle, desde la experiencia, desde la construcción autodidacta, desde el amor por el arte. Tocaba en cualquier lugar con la misma pasión y entrega, tripa y corazón, sea en un club, en un pub o en un gran festival”, ilustra el comunicador.

En ese sentido, Ramos hace hincapié en el cruce entre “arte” y “vida” que proponía Pandolfo desde su propia naturaleza humana. “En algunos artistas, la vida y la obra son inseparables. Viven como crean y crean como viven”, agrega.

“El Palo tenía la capacidad de reinventarse según un instinto que no respondía a los mandatos del mercado o a las exigencias de su público. Hacía lo que sentía”, amplía el periodista. “Por eso atravesó el rock, el punk, el dark, con las sonoridades urbanas, con las raíces folklóricas, electrificado o desenchufado, solo o con banda”.

“No importaba si era tango, carnavalito o un vals, lo importante era que recorriera sus venas y se transformara en algo que es del Palo. Tan inconfundible como inclasificable”, añade Ramos. Y cierra con una reflexión que pinta de cuerpo entero al fallecido músico y poeta: “Las existencias de estos artistas nos permiten ver la vida como un proceso creativo sin pausas. Ahí está la coherencia, no en tocar siempre lo mismo, sino en hacer lo que el corazón siente y la mente imagina, y compartirlo sin prejuicios”.

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