Del chiste a la apología de la violación y la violencia

Cuando me disponía a escribir esta columna el pasado lunes, la urgencia de ampliar información sobre un femicidio que había sucedido un día antes hizo que postergara ese momento.

El martes, en un nuevo intento por plasmar algunas reflexiones en esta página, arremetió con el décimo femicidio en Córdoba en lo que va del año: otro hombre que mataba a su expareja. Esta vez en la localidad de Río Primero.

Cubrir periodísticamente cada una de estas violencias, hablar con allegados a las víctimas no hace más que reafirmar una y otra vez que las instituciones estatales, los medios y la sociedad civil en general tienen que poner su máximo esfuerzo en erradicar y dejar de promover una cultura que se lleva una mujer muerta cada 30 horas. No hay margen para la postergación de este cuestionamiento de nuestras prácticas en lo personal y lo comunitario, en lo micro y en lo macro.

Sabemos que los cambios culturales llevan tiempo, que nadie puede arrogarse el derecho de decir que está totalmente deconstrido/a y que la cultura de la cancelación no siempre es efectiva, pero ya hay ciertos consensos básicos innegociables.

Mientras corríamos para contar el nuevo femicidio en una entrevista televisiva el diputado nacional por Córdoba, Luis Juez, encendió nuevamente el repudio en redes sociales al opinar en contra de la compra por parte del estado de penes de madera para la educación sexual integral en centros de salud: “Que prueben esos penes de madera con los vacunados VIP” fue la frase que desató el escándalo.

En forma indirecta y sutil (o no tan sutil), el diputado se refería a que se podría haber “castigado” a esas personas. Sucede que esa acepción no sólo desconoce la importancia de la educación sexual integral sino que refiere ni más ni menos que a una violación como castigo. Ponerle nombre es entender la gravedad de lo simbólico.

Lo mismo sucedió en el fútbol con algunos festejos en partidos de la Copa América cuando una buena atajada de un penal se festejó con un gesto sexual.

Es incómodo ponerse en el papel de policía en situaciones y momentos tan felices y que pertenecen a nuestra idiosincrasia nacional, pero también es incómodo -y más que incómodo muy grave- que figuras públicas sigan reforzando estereotipos de masculinidades, promoviendo la cultura de la violación y que todo ello sea festejado o relativizado en el discurso público.

Modificar un cántico en la hinchada popular en un estadio de fútbol puede llevar mucho más tiempo del que pensamos. Sí. Pero figuras públicas y más representantes del sector político tienen una responsabilidad mayor. Mientras sigamos contando víctimas de femicidio, casos de abusos sexuales, crímenes de odio contra LGBTIQ+ no queda mucho margen para la relativización.

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