Regreso a las aulas: cuáles son los desafíos del segundo semestre

El regreso este lunes a clases presenciales con modalidad alternada y en burbujas, en todas las escuelas de la provincia de Córdoba después de las vacaciones de invierno, encuentra a docentes y alumnos frente a un gran desafío: terminar el segundo año de educación en pandemia con los mejores resultados posibles.

¿Cuáles son las expectativas para el último semestre en un contexto complejo, con desvinculación de estudiantes y un retraso en los aprendizajes y en la socialización? ¿Dónde habrá que poner el foco?

Una consulta de La Voz a educadores de escuelas estatales y privadas muestra que hay grandes retos: sostener la presencialidad, consolidar un formato flexible, reforzar los vínculos humanos y los contenidos; capitalizar las habilidades aprendidas, reorganizar el funcionamiento escolar y recuperar a miles de alumnos que se cayeron del sistema o están en riesgo.

“La escuela tiene que ser promotora de los vínculos, de los lazos, de las relaciones entre los chicos y las chicas con los docentes y las familias, promoviendo el reaprender a estar con otros y otras. Un desafío en las escuelas es cuidar y sostener los protocolos, pero al mismo tiempo no transformarse en policías de la distancia”, plantea Liliana Maltz, licenciada en Ciencias de la Educación y capacitadora.

La especialista también advierte que hay que evitar entrar en una máquina contra el tiempo tratando de saltear los vacíos producidos por la pandemia. “Hay que ser muy pacientes y pensar en las diferencias entre grupos, comunidades con las que trabajamos y en relación a las posibilidades de cada estudiante”, apunta.

Más conectividad

Garantizar la conectividad en las escuelas de zonas vulnerables es una de las prioridades en el regreso a la bimodalidad. “La pandemia ha agravado la desigualdad en los aprendizajes entre el que más recursos tiene y el que menos tiene”, dice Miguel Lorenzo, director del Ipem 316 Eva Duarte de Perón, de barrio Colinas de Villa Carlos Paz.

Lorenzo explica que más del 70 por ciento de los alumnos de su escuela no tienen conexión a internet; por ende, su vinculación es baja. La situación, que se repite en toda la provincia, obliga a sostener el aprendizaje en el formato papel.

Antes de las vacaciones de invierno, siete escuelas primarias y secundarias estatales de Carlos Paz solicitaron al municipio la instalación de puntos de conectividad en los barrios (polideportivos, centros de salud, escuelas) porque, dicen, la desconexión es una gran preocupación.

“La escuela no tiene servicio de internet y la gran mayoría de los alumnos en sus hogares no tienen recursos tecnológicos. En una clase por plataformas si se conecta el 20 por ciento es mucho”, remarca.

Mucho por hacer

“El desafío es saldar la enorme deuda que tenemos con el currículo prescripto, tanto de la Nación como de la Provincia. Hay contenidos, habilidades, competencias que estamos muy lejos de obtener”, opina Adrián Narváez, director del Ipem 2 República del Uruguay de barrio ciudad Villa Parque Las Rosas en la capital cordobesa.

“No se cubrieron mínimamente” las expectativas de enseñanza aprendizaje. “La virtualidad no es favorable para los estudiantes de nuestras escuelas urbano marginales”, apunta.

No obstante, reconoce la adquisición de conocimientos por fuera de los contenidos indicados como prioritarios. “La necesidad llevó al trabajo interdisciplinario y al uso de las tecnologías. Hace 20 años que se venía hablando de las tecnologías, y ahora se efectivizó”. remarca.

Agrega que la pandemia visibilizó las fortalezas y las debilidades de las escuelas y que el gran desafío es que el “aprendizaje intempestivo” al que obligó el Covid-19 se convierta en sistemático, a través de políticas públicas.

Elizabeth Garbino, licenciada en Ciencias de la Educación y directora del Ipem 312 de barrio Ferreyra, cree que en el segundo semestre hay que enfocarse en los contenidos, en los aprendizajes y en fortalecer los vínculos para que ningún alumno abandone. Para ello, opina, la presencialidad es fundamental, al igual que salir a buscar casa por casa a los chicos desconectados.

“Es muy importante la presencia, enseñar y aprender es un acto humano; y es muy difícil hacerlo con una máquina”, subraya.

Por otra parte, considera que hay cuestiones positivas a preservar: las reuniones virtuales con los supervisores y el personal y la agilidad de la documentación on line.

Qué hay que aprender

Fanny Bierbrauer, profesora de Lengua y Literatura en el colegio preuniversitario Manuel Belgrano considera que la pandemia dejó en evidencia la necesidad de garantizar el acceso tecnológico a estudiantes y docentes. En este sentido, dice, es necesario pensar en propuestas didácticas situadas que identifiquen esas condiciones reales para desde allí construir conocimientos.

“La escuela no es la misma y no será igual a la que teníamos previo al Covid 19. Lo primordial en esta segunda etapa será reconstruir o trabajar en esta trama vincular, el espacio del encuentro con los demás, el diálogo, la colaboración, la solidaridad, el afecto”, apunta la docente.

Para Bierbrauer una lección de la pandemia quizá sea aprender a priorizar lo verdaderamente importante. “Hay una idea de Franco Berardi (escritor italiano) que apunta a crear prácticas educativas cuyo centro sea aprender a partir de acuerdos de lo que debe ser aprendido desde un lugar amoroso e inclusivo, enfocándonos en el desarrollo de vínculos que hacen al cuidado de unos y otros y que hacen del aprendizaje una experiencia acompañada y altamente poderosa”, opina.

Bierbrauer cree que ahora lo prioritario será lo humano y trabajar en el reconocimiento de lo construido en este tiempo (los aprendizajes en entornos virtuales y la incorporación de herramientas de trabajo colaborativo on line, entre otras).

“La escuela cobra relevancia en cuanto a estar presente. Obviamente no puede dar respuesta a la cantidad de demandas, pero sí es un agente social importante en estos momentos”, remarca la docente, quien observa el crecimiento en el número de estudiantes que trabajan para ayudar a sus familias.

Rediseño permanente

Martín Brusa, director de un colegio secundario privado coincide en que la gran apuesta es sostener la presencialidad. “Si bien lo virtual ha intentado dar continuidad pedagógica, es muy diversa la respuesta de un estudiante a otro y, al menos en la educación inicial, primaria y secundaria, no estábamos todos los actores de la comunidad educativa igualmente preparados para la implementación de esta modalidad”, opina.

En relación a lo que se viene, el docente considera que la incorporación de una hora más de clase (cinco a partir de ahora) complejiza la organización cotidiana de las escuelas.

Para Brusa, esta medida impactará más en el secundario ya que obliga a coordinar horarios docentes, la vigilancia del protocolo sanitario y la incorporación de cambios en el sistema de evaluación y acreditación. En otras palabras, “a un rediseño permanente de la propuesta educativa”.

Otro reto, sostiene el director, es lograr una mayor vinculación real de los estudiantes con la propuesta pedagógica y recuperar a los alumnos que se van desconectando de los aprendizajes. “Un gran desafío pasa por el cuidado de los equipos docentes, que sostienen y posibilitan, a través de los procesos de enseñanza continua, el desarrollo de las capacidades fundamentales previstas por las políticas educativas”, subraya.

Y agrega que es necesario acompañar a los educadores y generar redes de protección emocionales, colaborativas y sanitarias, como la vacunación efectiva, para garantizar “mayores niveles de calidad y equidad en las propuestas de la escuela”.

Por su parte, Hugo Tissera, director del colegio privado Corazón de María, de la ciudad de Córdoba, plantea que es necesario poner fin al sistema de burbujas que – opina- “en la práctica ralentiza el aprendizaje” y, recuperar espacios y encuentros entre familias, docentes y alumnos, como reuniones y actos escolares.

Para el director, el foco en la última etapa deberá estar en la alfabetización de los primeros grados, en la profundización de los saberes y habilidades en la primaria para favorecer el tránsito al secundario, en la generación de espacios que promuevan y recuperen la socialización, en donde circule la palabra para abordar emociones y sentimientos, en el acompañamiento a los docentes ante tantos cambios e incertidumbres y a las familias, que precisan certezas, claridad y garantía del aprendizaje de sus hijos.

Enseñar y aprender en pandemia

¿Cuáles son algunos de los desafíos para las escuelas en lo que resta del año teniendo en cuenta el contexto sanitario impuesto para todo el sistema educativo, las familias y las decisiones de los Ministerios de Educación nacional y provincial?

Consolidar un formato de enseñanza móvil y flexible, adecuado a las condiciones epidemiológicas que suponen combinar presencialidad virtual y real. Este formato necesitará de una supervisión permanente, tanto por lo novedoso de su implementación como al acceso de la totalidad del estudiantado a los diversos recursos informáticos y materiales necesarios.

Reconocer los aprendizajes vitales que realicen nuestros/as estudiantes en los ámbitos virtual y real asociados a la autonomía personal, la alfabetización digital, el reconocimiento y manejo de las emociones, el desarrollo de actitudes prosociales y el reconocimiento personal y social. Se trata de registrar la certeza esencial de que la mayor cantidad posible de estudiantes aprendan significativamente.

Sostener la intencionalidad formativa en tanto deseo renovado por el enseñar y aprender en condiciones inéditas y adversas, regenerando el compromiso por el sostenimiento del derecho social a la educación de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos como sentido y pasión no negociable.

Potenciar y sostener en este tiempo el cuidado mutuo real y concreto desde el Estado y entre todos los miembros integrantes de nuestras comunidades educativas. En tiempos de pandemia, el cuidado y la promoción de la vida constituyen un sentido educativo que da contenido a las acciones, los gestos y las iniciativas que llevan al encuentro, al reconocimiento positivo de los otros y de cada uno, a la circulación de la palabra, al reconocimiento de las emociones y vivencias que afilien y refuercen lazos humanos, comunitarios y solidarios.

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