Heriberto Muraro: genialidad y compromiso de un intelectual 

Quien quiera escribir o investigar sobre el cruce entre medios masivos de comunicación y capitalismo en América Latina debe leer y citar ineludiblemente a Heriberto Muraro. Sociólogo, especialista en comunicación, profesor universitario; protagonista del ambiente cultural y académico de las últimas cuatro décadas del siglo pasado. Con su compromiso intelectual y político fundó una nueva disciplina en nuestro medio. Ayer, 22 de setiembre, luego de una intensa y fructífera vida, murió en la Ciudad de Buenos Aires a los 85 años.

Formado en la Universidad de Buenos Aires bajo la orientación de Gino Germani, Muraro se caracterizó por su posicionamiento político de izquierda, que desplegó en su labor intelectual referida específicamente a los medios de comunicación y su incidencia en la cultura de nuestro país y de nuestra región. El Centro Editor de América Latina (CEAL) y Eudeba son los principales sellos editoriales que difundieron su trabajo.

En 1974, luego de publicar numerosos artículos sobre su especialidad en la mítica revista Crisis, ganó el “Gran Premio de Ensayo Raúl Scalabrini Ortiz” instituido por Editorial Eudeba. El jurado, entre otros, estuvo integrado por Arturo Jauretche –director de la editorial–, el periodista Rogelio García Lupo, el historiador José María Rosa y Rodolfo Puiggrós, entonces rector de la Universidad de Buenos Aires. Además de dinero, el premio incluyó la publicación del trabajo por Eudeba. El título: Neocapitalismo y comunicación de masa.

Venturas y reveses de una trayectoria ejemplar

Heriberto Muraro fue gerente de estadísticas e investigación de mercado de Proartel, la empresa presidida por el cubano Goar Mestre que gerenciaba los medios masivos de comunicación más importantes de Argentina durante los ’60 y ’70 –entre ellos canal 13–. Esta inserción profesional le posibilitó conocer el negocio de la comunicación desde adentro, a la vez que estar en contacto con investigaciones del área procedentes de todo el mundo, en tiempos en que la vida sin Internet hacía que el acceso a información relevante, actualizada y de calidad no fuera tarea sencilla.

Durante la última dictadura militar, debido a su participación política en agrupaciones de izquierda y sus fuertes vínculos con el sindicalismo peronista, su nombre pasó a estar incluido en una lista negra. Muraro y su familia se anoticiaron de esto cuando Neocapitalismo y comunicación de masa fue prohibido y confiscados y destruidos los ejemplares, tanto en la editorial como en las librerías.

En aquellos años de plomo, uno de los momentos más tristes y oscuros de nuestro país, Heriberto y su familia tuvieron que arrojar al incinerador media biblioteca, no solo los trabajos que llevaban su firma. Fueron tiempos de apurones, aeropuertos agitados, amigos chupados y ellos mismos perseguidos. Un verdadero horror que hoy conviene recordar repudiando enfáticamente a los personeros actuales de la no-política, retoños ectópicos de aquella dictadura malnacida.

A partir del retorno de la democracia en 1983, Heriberto Muraro formó parte del núcleo selecto de profesores que fundó la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, junto a Nicolás Casullo, Aníbal Ford y Héctor Schmucler, entre otros.

El libro prohibido y quemado por la dictadura militar, Neocapitalismo y comunicación de masa, fue reeditado por Eudeba en 2014 y presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires el año siguiente.

Un hombre renacentista

Pese a sus intereses claramente comprometidos con la época y a los temas de acuciante actualidad que lo ocupaban, se podría decir que Heriberto Muraro fue también un hombre renacentista. Culto y formado en varias disciplinas, su conocimiento de la música fue destacable. A propósito, nunca estaré lo suficientemente agradecido a su recomendación del trabajo de Max Weber sobre el racionalismo en música que me ha permitido poner en serie los desarrollos de ese autor con los de Marshall McLuhan para pensar la actualidad de las denominadas “redes sociales” y la producción de subjetividad que ellas propician.

No obstante, donde desarrolla su talento creativo –junto a sus amigos Carlos Gorriarena, León Ferrari y Juan Pablo Renzi, entre otros– fue en las artes plásticas. Dibujante, pintor y escultor de talento singular, realizó muestras en varias galerías de Buenos Aires. La última de ellas en el espacio “Facultar” de la UBA, en el año 2018, junto a su hija Vanina, profesora de la Facultad de Psicología de la UBA y también artista plástica. Esta muestra titulada “La visita de la anciana dama” exhibió una suite de dibujos a cuatro manos inspirada en la obra de Friedrich Dürrenmatt.

De la vida cotidiana

Su trabajo como consultor y asesor, que desarrolló paralelamente a su labor universitaria desde la vuelta de la democracia, lo llevó a frecuentar asiduamente a los hombres más destacados de la política argentina. Fue asesor de Raúl Alfonsín durante la campaña de 1983 y, desde entonces, de muchos otros gobernantes en el ámbito nacional y provincial. Por lo mismo, formó parte de su vida cotidiana almorzar con un presidente o con un gobernador, dirigir una reunión en su consultora y a continuación dictar una clase en Ciencias de la Comunicación de la UBA o en algún posgrado (Flacso, por ejemplo). Nada de ello le impidió ser amable con quien se acercara con ganas de conversar, siempre curioso y dispuesto a escuchar.

Gracias a algunos avatares afortunados de la vida, he tenido la dicha de tratar asiduamente a Heriberto durante los últimos diez años. Así como uno se acostumbra a lo bueno, de ese modo me he habituado a la conversación inteligente, la ironía indispensable y la proliferación de ideas novedosas, mientras deseaba que el talento fuera contagioso.

Heriberto era un hombre de inteligencia prodigiosa, aguda y penetrante cual hoja de doble filo, y de una sensibilidad social siempre atenta. La ternura para aquellos en situación de mayor vulnerabilidad era el aspecto dominante del semblante de Muraro. No me refiero a un paternalismo bobo o infatuado, sino a una mirada empática con las vulnerabilidades de los otros.

En cierta forma, caminar por la calle con Heriberto era como acompañar a una celebrity. La ciudad de Buenos Aires está llena de colegas que se han formado con él y siempre se acercaba alguien a saludar y agradecer al gran profesor.

Hoy, al menos en lo que atañe al cuerpo a cuerpo de la vida cotidiana, él se ha ido. Sin embargo, como Miguel Servet ante la perspectiva inminente de la hoguera –anécdota retomada por Borges–, el gran Heriberto Muraro nos dignifica diciéndonos en la cara a todas y a todos: “La muerte no es otra cosa que un hecho. Ya seguiremos discutiendo en la eternidad”.

Martín Alomo es psicoanalista. Doctor en Psicología. Magíster en Psicoanálisis. 

Quien quiera escribir o investigar sobre el cruce entre medios masivos de comunicación y capitalismo en América Latina debe leer y citar ineludiblemente a Heriberto Muraro. Sociólogo, especialista en comunicación, profesor universitario; protagonista del ambiente cultural y académico de las últimas cuatro décadas del siglo pasado. Con su compromiso intelectual y político fundó una nueva disciplina en nuestro medio. Ayer, 22 de setiembre, luego de una intensa y fructífera vida, murió en la Ciudad de Buenos Aires a los 85 años. Formado en la Universidad de Buenos Aires bajo la orientación de Gino Germani, Muraro se caracterizó por su posicionamiento político de izquierda, que desplegó en su labor intelectual referida específicamente a los medios de comunicación y su incidencia en la cultura de nuestro país y de nuestra región. El Centro Editor de América Latina (CEAL) y Eudeba son los principales sellos editoriales que difundieron su trabajo. En 1974, luego de publicar numerosos artículos sobre su especialidad en la mítica revista Crisis, ganó el “Gran Premio de Ensayo Raúl Scalabrini Ortiz” instituido por Editorial Eudeba. El jurado, entre otros, estuvo integrado por Arturo Jauretche –director de la editorial–, el periodista Rogelio García Lupo, el historiador José María Rosa y Rodolfo Puiggrós, entonces rector de la Universidad de Buenos Aires. Además de dinero, el premio incluyó la publicación del trabajo por Eudeba. El título: Neocapitalismo y comunicación de masa.Venturas y reveses de una trayectoria ejemplarHeriberto Muraro fue gerente de estadísticas e investigación de mercado de Proartel, la empresa presidida por el cubano Goar Mestre que gerenciaba los medios masivos de comunicación más importantes de Argentina durante los ’60 y ’70 –entre ellos canal 13–. Esta inserción profesional le posibilitó conocer el negocio de la comunicación desde adentro, a la vez que estar en contacto con investigaciones del área procedentes de todo el mundo, en tiempos en que la vida sin Internet hacía que el acceso a información relevante, actualizada y de calidad no fuera tarea sencilla.Durante la última dictadura militar, debido a su participación política en agrupaciones de izquierda y sus fuertes vínculos con el sindicalismo peronista, su nombre pasó a estar incluido en una lista negra. Muraro y su familia se anoticiaron de esto cuando Neocapitalismo y comunicación de masa fue prohibido y confiscados y destruidos los ejemplares, tanto en la editorial como en las librerías. En aquellos años de plomo, uno de los momentos más tristes y oscuros de nuestro país, Heriberto y su familia tuvieron que arrojar al incinerador media biblioteca, no solo los trabajos que llevaban su firma. Fueron tiempos de apurones, aeropuertos agitados, amigos chupados y ellos mismos perseguidos. Un verdadero horror que hoy conviene recordar repudiando enfáticamente a los personeros actuales de la no-política, retoños ectópicos de aquella dictadura malnacida. A partir del retorno de la democracia en 1983, Heriberto Muraro formó parte del núcleo selecto de profesores que fundó la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, junto a Nicolás Casullo, Aníbal Ford y Héctor Schmucler, entre otros. El libro prohibido y quemado por la dictadura militar, Neocapitalismo y comunicación de masa, fue reeditado por Eudeba en 2014 y presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires el año siguiente.Un hombre renacentista Pese a sus intereses claramente comprometidos con la época y a los temas de acuciante actualidad que lo ocupaban, se podría decir que Heriberto Muraro fue también un hombre renacentista. Culto y formado en varias disciplinas, su conocimiento de la música fue destacable. A propósito, nunca estaré lo suficientemente agradecido a su recomendación del trabajo de Max Weber sobre el racionalismo en música que me ha permitido poner en serie los desarrollos de ese autor con los de Marshall McLuhan para pensar la actualidad de las denominadas “redes sociales” y la producción de subjetividad que ellas propician.No obstante, donde desarrolla su talento creativo –junto a sus amigos Carlos Gorriarena, León Ferrari y Juan Pablo Renzi, entre otros– fue en las artes plásticas. Dibujante, pintor y escultor de talento singular, realizó muestras en varias galerías de Buenos Aires. La última de ellas en el espacio “Facultar” de la UBA, en el año 2018, junto a su hija Vanina, profesora de la Facultad de Psicología de la UBA y también artista plástica. Esta muestra titulada “La visita de la anciana dama” exhibió una suite de dibujos a cuatro manos inspirada en la obra de Friedrich Dürrenmatt. De la vida cotidiana Su trabajo como consultor y asesor, que desarrolló paralelamente a su labor universitaria desde la vuelta de la democracia, lo llevó a frecuentar asiduamente a los hombres más destacados de la política argentina. Fue asesor de Raúl Alfonsín durante la campaña de 1983 y, desde entonces, de muchos otros gobernantes en el ámbito nacional y provincial. Por lo mismo, formó parte de su vida cotidiana almorzar con un presidente o con un gobernador, dirigir una reunión en su consultora y a continuación dictar una clase en Ciencias de la Comunicación de la UBA o en algún posgrado (Flacso, por ejemplo). Nada de ello le impidió ser amable con quien se acercara con ganas de conversar, siempre curioso y dispuesto a escuchar.Gracias a algunos avatares afortunados de la vida, he tenido la dicha de tratar asiduamente a Heriberto durante los últimos diez años. Así como uno se acostumbra a lo bueno, de ese modo me he habituado a la conversación inteligente, la ironía indispensable y la proliferación de ideas novedosas, mientras deseaba que el talento fuera contagioso. Heriberto era un hombre de inteligencia prodigiosa, aguda y penetrante cual hoja de doble filo, y de una sensibilidad social siempre atenta. La ternura para aquellos en situación de mayor vulnerabilidad era el aspecto dominante del semblante de Muraro. No me refiero a un paternalismo bobo o infatuado, sino a una mirada empática con las vulnerabilidades de los otros. En cierta forma, caminar por la calle con Heriberto era como acompañar a una celebrity. La ciudad de Buenos Aires está llena de colegas que se han formado con él y siempre se acercaba alguien a saludar y agradecer al gran profesor. Hoy, al menos en lo que atañe al cuerpo a cuerpo de la vida cotidiana, él se ha ido. Sin embargo, como Miguel Servet ante la perspectiva inminente de la hoguera –anécdota retomada por Borges–, el gran Heriberto Muraro nos dignifica diciéndonos en la cara a todas y a todos: “La muerte no es otra cosa que un hecho. Ya seguiremos discutiendo en la eternidad”. Martín Alomo es psicoanalista. Doctor en Psicología. Magíster en Psicoanálisis. Leer másSociedad Página12

¡Haz clic para votar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja un comentario