Milei sin escarapela: ¿cuánto pesa un gesto cuando la patria está en juego?
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El 25 de mayo, mientras millones de argentinos conmemoraban la Revolución de 1810 luciendo con orgullo la escarapela nacional, el presidente Javier Milei eligió no llevarla. No es un detalle menor. En política, los símbolos hablan, y a veces gritan más fuerte que los discursos. ¿Qué significa que el jefe de Estado no se coloque uno de los emblemas más tradicionales de la argentinidad en una fecha fundacional?
El gesto que faltó dice más que mil palabras
Desde Bernardino Rivadavia hasta Cristina Kirchner, todos los presidentes se colocaron la escarapela el 25 de mayo. No importa el color político ni el contexto económico: esa pequeña cinta celeste y blanca ha sido, históricamente, un pacto silencioso con la historia común. Pero Milei rompió esa tradición.
No se trató de un olvido. En las imágenes de su presencia en el Tedeum en la Catedral Metropolitana, su saco negro, cerrado hasta el cuello, no deja lugar a dudas: la escarapela estuvo ausente por elección. Un mensaje que interpela, incomoda y, para muchos, duele.
La patria no se borra con tijeras ni con ausencias
En los últimos meses, el Gobierno nacional ha emprendido una ofensiva contra la memoria simbólica del país. Recortes en educación, desprecio por la ciencia local, ataques a referentes de derechos humanos y una retórica que parece más extranjera que propia. En ese marco, la ausencia de la escarapela no es una anécdota: es un síntoma.
“No es casualidad. Es coherencia con un discurso que desprecia lo colectivo, lo popular, lo nuestro”, dijo a Espacioteca.com una docente de historia de secundaria, al ver la imagen viral del presidente sin escarapela.
Y sí: como si no tuviéramos ya suficientes problemas, ahora también tenemos que discutir si nuestros gobernantes están dispuestos a representar a su pueblo… o sólo a una idea abstracta de “mercado”.
¿Es obligatorio usar la escarapela? No. ¿Pero debería hacerlo el presidente?
La Ley 25.173 establece al 18 de mayo como el Día de la Escarapela. Aunque su uso no es obligatorio, su valor simbólico es enorme, especialmente en actos oficiales. En un país atravesado por la desigualdad y la crisis, los símbolos pueden ser un refugio, una afirmación de identidad.
Cuando un presidente elige no usarlos, el mensaje es claro: se corre del pacto simbólico con el pueblo. Y eso, en Argentina, no pasa desapercibido.
Porque los gestos importan. Porque no hay patria sin memoria ni símbolos que la abracen. Y porque en días como el 25 de mayo, la escarapela no es un accesorio: es una bandera en miniatura.
¿Vos qué pensás? ¿Es sólo un detalle… o es una señal de algo más profundo? Compartilo. Que se escuche fuerte.
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