El fracaso del plan libertario / 16.000 kioscos cerraron bajo el gobierno de Milei
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“Nos fundieron”. Esa frase, repetida en barrios, esquinas y redes sociales, resume el drama que atraviesan miles de familias en Argentina. En el último año, cerraron 16.000 kioscos en todo el país, según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA). Un número que duele y que grita fuerte: el plan económico de Javier Milei está dejando un tendal de persianas bajas y sueños rotos.
Un país sin kioscos, un país sin barrio
Los kioscos son más que un negocio. Son punto de encuentro, refugio cotidiano, termómetro social. Pero no pudieron resistir el impacto combinado de inflación, tarifazos, caída del consumo y políticas sin red. Cada cierre es más que una estadística: es una familia que pierde su ingreso, un vecino que desaparece, una comunidad que se vacía.
“No llegamos a cubrir los costos. El azúcar aumenta cada semana y la gente ya no compra ni un alfajor”, cuenta Silvana, exdueña de un kiosco en Avellaneda. Su historia se repite por miles: ventas que cayeron más del 60 %, aumentos del 300 % en servicios y alquileres impagables. Todo eso en un contexto de motosierra ideológica, donde la consigna parece ser: “sálvese quien pueda”.
Redes que lloran persianas bajas
En redes sociales, la noticia generó bronca y desolación. “Los kioscos son el termómetro del barrio. Si cierran, es porque la economía no da para más”, escribió una usuaria en X. Otros sumaron fotos de locales vacíos, con carteles de “Liquidamos todo” y candados en la puerta. El hashtag #KioscosEnCrisis comenzó a circular como un grito mudo, pero potente.
Sin red estatal, solo caída libre
La UKRA denuncia que el Gobierno nacional no ofrece medidas de contención: ni créditos, ni alivios fiscales, ni regulaciones mínimas. La lógica de “el mercado se regula solo” termina asfixiando a quienes viven de la economía real. Los kioscos no son empresas tech ni brokers de Wall Street. Son personas que venden lo básico para sobrevivir.
Generaciones marcadas por la pérdida
En TikTok, jóvenes comparten videos donde relatan cómo sus padres debieron cerrar el kiosco familiar. Muchos crecieron ahí, atendiendo con su mamá o haciendo los deberes en el mostrador. Hoy, ven cómo todo eso se esfuma, sin respaldo, sin respuestas, sin futuro. Una generación entera asiste al derrumbe de sus redes de contención económica y emocional.
¿Qué modelo estamos eligiendo?
El modelo Milei, que prometía “libertad” y “prosperidad”, muestra su rostro más cruel en las esquinas vacías. Libertad para unos pocos, pobreza para los de siempre. ¿Hasta cuándo se podrá sostener esta receta que expulsa a los pequeños del tablero económico?
¿Y si en vez de hablar de libertad, empezamos a hablar de comunidad? ¿Cuántos kioscos más vamos a dejar caer antes de decir basta?
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