06/04/2026

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Progresismo de pie / Lo que dejó la cumbre en Chile

4 minutos de lectura

Mientras el discurso de la ultraderecha gana terreno en muchos rincones del mundo con promesas vacías, odio institucionalizado y ajustes brutales, en Chile sucedió algo distinto. Santiago fue sede de la Cumbre de Líderes Progresistas, un encuentro que reunió a más de 30 líderes, exmandatarios, intelectuales, movimientos sociales y voces jóvenes de América Latina y Europa.

Convocada por el presidente chileno Gabriel Boric, la cumbre buscó ser algo más que una foto protocolar: fue una respuesta política y cultural al avance de los proyectos autoritarios y neoliberales que amenazan conquistas históricas. En un mundo donde cada vez más gobiernos niegan el cambio climático, atacan la diversidad y recortan derechos, el progresismo decidió organizarse y pensar en serio cómo volver a conectar con la ciudadanía.


Diagnóstico compartido: la derecha no se combate con slogans

Uno de los consensos más fuertes fue el siguiente: el progresismo perdió parte de su conexión con las mayorías. Y ese vacío fue ocupado por la ultraderecha, con sus discursos de odio, su estetización de la violencia y su falsa épica de la libertad.

Desde distintos rincones del continente —Brasil, Colombia, Bolivia, México, Uruguay—, las delegaciones coincidieron en que la derecha ya no es solo un partido o un grupo de poder económico, sino una narrativa que seduce, sobre todo, a jóvenes precarizados y frustrados. El caso argentino, con la irrupción de Javier Milei, fue uno de los más debatidos. No por su profundidad ideológica, sino por la capacidad de imponer agenda mediática y desarmar el sentido común en tiempo récord.

Frente a esto, el progresismo necesita volver a ofrecer futuro. No solo resistir. No solo indignarse. Sino construir horizontes posibles, con políticas públicas efectivas, pero también con relatos que inspiren, abracen e incluyan.


Juventudes, feminismos y nuevas agendas

Una de las novedades más potentes fue la presencia activa de organizaciones juveniles, feministas, ambientales e indígenas. Ya no como invitadas de ocasión, sino como protagonistas del debate político. La cumbre dejó claro que el progresismo del siglo XXI no puede ser una reunión de exmandatarios y partidos históricos desconectados de la calle.

Se debatió sobre derechos digitales, salud mental, cultura urbana, trabajo informal, educación sexual integral, inteligencia artificial, y más. En varios paneles, jóvenes activistas exigieron una política más horizontal, más diversa, menos burocrática y más militante de lo cotidiano. Porque las nuevas generaciones no están esperando un Mesías que las salve, sino un proyecto que las escuche.

En TikTok y X, el evento generó conversación bajo los hashtags #CumbreProgresista y #ProgresismoLatam. Hubo memes, críticas, reflexiones y sobre todo una pregunta que flotó en el aire digital: ¿puede el progresismo reconquistar los corazones y las mentes de la Gen Z?

Argentina: la gran ausente (y el gran tema)

Como era de esperarse, el gobierno argentino no participó de la cumbre. Javier Milei rechazó la invitación con sus ya clásicos insultos vía Twitter, fiel a su estilo provocador. Pero aunque no estuvo presente, Argentina fue uno de los temas más discutidos.

Varios oradores mencionaron la situación del país como ejemplo del costo social de aplicar un ajuste brutal en tiempo récord, con consecuencias directas sobre la salud, la educación, la ciencia, la cultura y los sectores populares. Se habló del cierre de programas sociales, de la represión a docentes y estudiantes, del vaciamiento del CONICET, y de la persecución a medios y artistas críticos.

El presidente colombiano Gustavo Petro fue uno de los más contundentes: “No se puede gobernar contra la gente. No se puede llamar libertad a la destrucción del tejido social”, dijo en su intervención. La sala lo aplaudió de pie.


¿Un nuevo ciclo progresista?

La cumbre no buscó esconder los errores del pasado. Se habló con autocrítica de los límites de los gobiernos progresistas en la región: la corrupción, el extractivismo, la burocracia y la desconexión con las nuevas generaciones. Pero también se reafirmó algo clave: sin Estado, sin comunidad, sin derechos garantizados, no hay democracia real.

La experiencia chilena, con el liderazgo de Boric, fue puesta como ejemplo de una nueva manera de hacer política: jóvenes con responsabilidades, alianzas amplias, y una narrativa ética frente al cinismo de la derecha.

El progresismo tiene por delante el enorme desafío de reconstruir el contrato emocional con la sociedad. No solo pelear elecciones, sino volver a enamorar. No solo denunciar, sino proponer. No solo resistir, sino transformar.


¿Será esta cumbre un punto de inflexión o una postal más? Todo dependerá de lo que hagamos a partir de ahora.

#CumbreProgresista Más en espacioteca.com – Informarse es resistir.


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