Murió “Tommy” Capdevila / El sanguinario médico de la ESMA
4 minutos de lectura
Murió Carlos Octavio Capdevila, alias “Tommy”, uno de los engranajes más perversos del terrorismo de Estado en Argentina. Fue médico de la Armada, pero su tarea excedía cualquier código ético: asistía partos clandestinos en la ESMA para que los bebés fueran apropiados por represores y las madres asesinadas.
No fue un médico. Fue parte del mecanismo criminal.
Capdevila murió el 30 de julio de 2025 a los 79 años, en su casa de Córdoba, beneficiado desde 2020 con prisión domiciliaria. Estaba condenado por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino más emblemático del horror: la Escuela de Mecánica de la Armada.
Pero su historia no termina ahí. Su expediente es una radiografía del sadismo organizado.

Partos clandestinos, bebés robados, madres ejecutadas
En la ESMA, “Tommy” era el encargado de evaluar el estado físico de los detenidos antes de las sesiones de tortura. Era quien decidía, con frialdad clínica, si una persona resistiría otra sesión de picana o si era momento de ejecutarla.
Pero su rol más espantoso fue como “partero del horror”: atendía a las mujeres secuestradas embarazadas para asegurar que el bebé naciera sano… y luego fuera entregado ilegalmente a otra familia. Las madres, tras dar a luz, eran desaparecidas.
El médico genocida participó directamente en el robo de identidad de al menos un niño nacido en la ESMA, lo que le valió una condena adicional de 10 años.
La ejecución de Norma Arrostito
Capdevila fue parte del grupo que asesinó a Norma Arrostito, fundadora de Montoneros. La mantuvieron viva durante semanas tras haber sido dada por muerta en los medios. Fue brutalmente torturada, y según testimonios, Capdevila fue quien le inyectó pentotal para matarla.
No fue un acto médico. Fue un crimen de Estado llevado a cabo por un médico cruel e inhumano.
Un criminal sin arrepentimiento
Durante los juicios, Capdevila jamás pidió perdón. Jamás mostró remordimiento. Por eso, en 2020, cuando pidió la libertad condicional, le fue denegada. La Justicia sostuvo que no había señales de arrepentimiento ni colaboración real con la verdad.
Sin embargo, ese mismo año, durante la pandemia, le otorgaron prisión domiciliaria por su edad. Murió sin haber devuelto ni un solo niño, sin aportar datos de las víctimas que pasaron por sus manos, sin enfrentar el castigo de morir en una cárcel común.
Reacciones en redes y memoria activa
Tras su muerte, en redes sociales estalló el repudio. “Otro genocida al tacho de basura de la historia”, escribió HIJOS Capital. El hashtag #MurióTommyCapdevila se viralizó entre quienes insisten, generación tras generación, en que la memoria no se negocia.
Para la Gen Z y los millennials, su nombre tal vez no sea conocido. Pero Tommy fue un símbolo de cómo el aparato represivo utilizó la ciencia, la medicina, y la estructura del Estado para perfeccionar la desaparición forzada.
Capdevila fue además testigo en varios juicios. Algunos lo llamaron “arrepentido”, pero nunca aportó datos claves. Solo habló lo justo para evitar condenas más severas. En una de sus declaraciones dijo: “Los conceptos de moral se habían borrado en mí”. Tenía razón.
Murió en su cama. Pero las madres siguen desaparecidas.
Capdevila nunca devolvió a los bebés. Nunca reveló a quiénes se los entregó. Murió sin decir dónde están los cuerpos de las madres asesinadas. Esos secretos se los llevó, como tantos otros represores, al infierno íntimo de la impunidad biológica.
¿Y ahora qué?
Ahora toca recordar. Enseñar. Viralizar. Porque la justicia penal puede cerrar un expediente, pero la justicia social se construye en las aulas, en TikTok, en las charlas de amigos, en las calles.
No podemos permitir que este tipo de nombres se pierdan en el olvido o la indiferencia. Que ningún algoritmo o timeline tape el horror con filtros.
Capdevila no fue un simple médico. Fue un engranaje activo del genocidio argentino. Y aunque la biología lo haya vencido, su muerte no es justicia. La verdadera justicia es que nunca más haya un “Tommy” en nuestras instituciones.
#NuncaMás Más en espacioteca.com – Informarse es resistir.
Descubre más desde Espacioteca
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.