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¿Quién es el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz?

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Genocida Miguel Etchecolatz

Por Ernesto Castelnovo. Miguel Osvaldo Etchecolatz, ex Director de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires, represor y genocida condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar en la Argentina, podría obtener en los próximos días el beneficio del arresto domiciliario. La justicia platense definirá si el represor sigue o no en una cárcel común. La decisión que debía tomarse hoy quedó en suspenso porque todavía resta designar a uno de los tres jueces. El Tribunal Oral Federal 1 (TOF 1) de La Plata postergó para el próximo viernes la resolución sobre si otorga o no el beneficio de la prisión domiciliaria al represor.

Mano derecha del ex General Ramón Camps , el ex Jefe de la Policía bonaerense y responsable principal de “La Noche de los Lápices”, Etchecolatz cuenta con un triste antecedente: 5 condenas por diferentes delitos, siempre ligados al terrorismo de Estado.
La primera le llegó en 1986, en el marco de la denominada “Causa Camps”, que investigaba la participación de policías bonaerenses en el aparato represivo ilegal montado en 1976. Allí, fue condenado a 23 años de prisión por delitos de tormentos en 95 hechos comprobados. En 1990, gracias a los indultos militares que sancionó por decreto el ex presidente Carlos Menem fue liberado.
Tras la reactivación de las causas por delitos de lesa humanidad a partir de la llegada del kirchnerismo y luego de la anulación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el ex comisario fue condenado en 2004 a 7 años de prisión por el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata por la supresión de la identidad de Carmen Sanz, hija de desaparecidos, en la causa por robo de bebes. Luego obtuvo la prisión domiciliaria por problemas de salud que le fue revocada por el Tribunal Oral 3, cuando se comprobó que guardaba una 9 milímetros de Fabricaciones Militares en su casa.
etchecolatz 3En 2006, fue el primer miembro de un organismo de seguridad que sin el beneficio de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, afrontó un juicio oral. El 20 de septiembre tuvo su tercera condena: prisión perpetua “por delitos de lesa humanidad en el marco del genocidio que tuvo lugar en la Argentina entre 1976 y 1983”. Nuevamente el Tribunal Oral Federal N°1 fue el encargado de dictar la sentencia y ese día por primera vez se utilizó la calificación de “genocidio” en una condena por estos delitos. Culpable de homicidio agravado por ensañamiento y alevosía, privación ilegítima de la libertad y tormentos el represor dijo antes de que sea leído el veredicto: “No es este tribunal el que me condena. Son ustedes los que se condenan.” También se declaró como un “prisionero de guerra y detenido político”. Apenas 2 días antes desaparecía Jorge Julio López, secuestrado durante la dictadura, querellante y testigo de la causa. Su testimonio había sido clave para condenar a Etchecolatz y hasta el día de hoy no hay datos sobre su paradero.

El 24 de octubre de 2014, en la Plata, el Tribunal Oral integrado por Carlos Rozanski, Pablo Vega y Pablo Jantus condenó a prisión perpetua a 15 militares, policías y civiles que intervinieron en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha. Se acreditó la responsabilidad de los acusados en homicidios, tormentos y privaciones ilegitimas de la libertad, todos delitos calificados en el marco de un “genocidio perpetrado durante la última dictadura militar”. Entre las más de 128 víctimas se encontraba Laura Carlotto, hija de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. La lista de condenados estuvo encabezada por Etchecolatz, a quien se lo encontró “cómplice de crímenes de genocidio”. Al final de la sentencia, y entre los festejos del público, el genocida agarró un papel y fiel a su estilo cruel y provocador escribió “Jorge Julio López”. Luego quiso entregárselo al Tribunal pero no se lo permitieron. La cárcel de Marcos Paz lo esperaba nuevamente.

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Su última condena fue el 23 de marzo de 2016. A los 87 años, la Justicia platense lo condenó otra vez a prisión perpetua por el secuestro y la desaparición de los militantes universitarios Daniel Favero y María Paula Álvarez. Al sumar las 4 sentencias anteriores el Tribunal Oral Federal N°1 le fijó una pena única de reclusión perpetua.
En la Cámara Federal de La Plata, los jueces debían decidir hoy si este genocida puede volver a su casa o no. La decisión se postergó para el viernes. Organismos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares querellantes en las causas por las que fue condenado, se concentraron para reclamar por la no concesión de la prisión domiciliaria. El final del comunicado es claro: “A casi diez años de la desaparición de Jorge Julio López, no podemos permitir más impunidad.”

Fuente: Resumen Latinoamericano

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Etchecolatz y Hess: una lección moral

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El torturador y genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz

Por Atilio A. Boron

El 2017 termina en la Argentina con otra pésima noticia que se suma a otras conocidas en las últimas semanas: el Tribunal Oral Federal Nº 6 de la ciudad de Buenos Aires le concedió el genocida y torturador probado y confeso Miguel Osvaldo Etchecolatz, ex Director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, el beneficio de la prisión domiciliaria a causa de su “delicado cuadro de salud”. El personaje de marras desempeñó aquel cargo entre marzo de 1976 y fines de 1977 y fue la mano derecha de otro asesino de triste memoria, el ex general Ramón Camps. En 1986 Etchecolatz (que actualmente tiene 88 años) fue sentenciado a 23 años de cárcel al ser hallado culpable de 91 casos de tortura. Después de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en 2003 fue condenado por delitos de lesa humanidad en un juicio que se sustanció en el 2006 y donde fue el único acusado. En esa oportunidad se lo condenó a prisión perpetua por seis homicidios. Fue en el juzgado de La Plata donde se ventilaba el caso que un testigo presencial de sus crímenes, al albañil Jorge Julio López, lo identificó como uno de los torturadores. En su declaración narró entre otras la siguiente escena: “La chica estaba casi a mi lado, en un camastro. Le habían tirado un baldazo con agua y Etchecolatz le pasaba picana…y ella le gritó: “Por favor no me mates, llevame presa de por vida pero dejame criar a mi beba”…y él le sonrió…y delante mío le pegó un balazo ahí mismo. Si la encuentran alguna vez, verán que la cabeza tiene dos agujeros, porque la bala entró por la nuca y le salió por el costado”. Conocida la sentencia, los fotógrafos advirtieron que el genocida había escrito el nombre de López en un pequeño papel, y también una orden: “secuestrar”. El mensaje fue a parar a manos cómplices y obedientes. Tres horas después, López desaparecía para siempre.

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Rudolf Hess

Teniendo a la vista estos antecedentes, ¿debería concedérsele a Etchecolatz el beneficio de la prisión domiciliaria? Desde el punto de vista ético, filosófico, la respuesta es terminante: no, de ninguna manera. Ni la edad ni una enfermedad deben atenuar la ejemplaridad de la pena que le fue impuesta por la comisión de delitos atroces y aberrantes. Pero, además, hay un antecedente internacional que merece ser tenido en cuenta: es el caso del ex jerarca nazi Rudolf Hess. Este había caído prisionero de los ingleses en una extraña misión que lo había llevado al Reino Unido, supuestamente con el objeto de pactar una tregua con Londres para que los ejércitos hitlerianos librasen una batalla en un solo frente, el oriental, y aplastar a la Unión Soviética que, sin duda, era una vieja aspiración de las potencias capitalistas. Al producirse el derrumbe del Tercer Reich Hess como tantos otros fue juzgado por el Tribunal de Nuremberg y condenado a cadena perpetua el 1º de octubre de 1946. Junto con otras prominentes figuras del régimen nazi fue enviado a la cárcel de Spandau, un enorme complejo carcelario construido por Bismarck en Berlín. El presidio fue diseñado para albergar a 500 prisioneros pero luego de los juicios de Nuremberg trasladaron a todos los presos y la cárcel se destinó exclusivamente a la reclusión de los condenados, custodiados por más de cien guardia cárceles y personal militar de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética. Sólo 7 antiguos jerarcas nazis ocuparon sus celdas y en 1966, con la excarcelación de Albert Speer al cumplirse los veinte años de su condena, el único que permaneció en ese inmenso presidio, en confinamiento solitario y custodiado por un inmenso aparato fue Hess.

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En la mano del genocida un papel con el nombre de Julio Lopez

Desde los años ochenta algunos sectores neonazis europeos comenzaron a promover abiertamente una campaña para lograr la excarcelación de Hess, aduciendo su avanzada edad (más de 80 años) y sus problemas de salud. Pero tal como lo revelara el periódico británico The Guardian en su edición del 20 de Julio de este año, nada menos que desde 1957 Londres venía sigilosamente solicitando la excarcelación de Hess a las autoridades soviéticas. La reciente desclasificación de los Archivos Nacionales que se hizo efectiva al cumplirse 30 años de la muerte del lugarteniente de Hitler permitió conocer algunos interesantes entretelones anteriormente vedados a la opinión pública, entre ellos la hipocresía de la lucha de las “democracias capitalistas” contra el fascismo. En once ocasiones –¡once, no una!– el Reino Unido demandó de manera unilateral a la URSS la liberación de Hess, y en otras catorce lo hizo de común acuerdo con Washington y París. La última petición británica la firmó Margaret Thatcher el 4 de Octubre de 1982 según consta en los archivos. (ver https://www.theguardian.com/uk-news/2017/jul/20/uk-pressed-for-rudolf-hess-release-from-spandau-prison-soviets-hitler-thatcher-national-archives) Sin embargo, la absoluta intransigencia de la Unión Soviética frustró esos planes. Esta actitud fue acompañada, si bien discretamente, por el gobierno de Israel. El argumento de Moscú se apoyaba en dos consideraciones: uno, la liberación de Hess sería una afrenta a los veinte millones de soviéticos que murieron a causa de la invasión nazi a la URSS; dos, que una tal decisión alentaría la resurgencia del nazismo y el racismo en Europa. Fracasadas estas tentativas de liberación por “causas humanitarias” Hess murió en prisión en 1987, a los 93 años, en misteriosas circunstancias. La versión oficial es que se ahorcó, pero en Londres hay quienes aseguran que fue asesinado para que se lleve a la tumba el secreto de la misión que lo llevara al Reino Unido a inicios de los años cuarenta. De lo anterior se desprende una lección para la Argentina: un gesto supuestamente “humanitario” como el que benefició a un personaje como Etchecolatz –aún más sórdido y criminal que Hess que nunca perpetró por mano propia las atrocidades cometidas por aquel– no sólo es inmoral sino que fomentará el crecimiento de grupos racistas y neofascistas de diverso pelaje y alimentará la ilusión de que sus crímenes, como ocurrió en el pasado, podrían quedar impunes. Y en la Argentina de hoy si hay algo que no necesitamos es precisamente eso.

Fuente: Página 12

Ver también: Macabro: Etchecolatz quiso entregar al tribunal un papel que decía «Julio López»