Testimonio de Tati Almeyda, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora
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Yo provengo de una familia de militares y radicales, muy antiperonista. Y era muy ignorante de la política, de lo que estaba pasando. Cuando lo desaparecen a Alejandro me hablan de la Liga… «¿Qué liga?» digo yo . Era la Liga Argentina de los Derechos del Hombre. …Y yo que me acerco a mis conocidos militares… Bueno, viene el golpe y yo pensé que ahí sí me iba a enterar de lo que le había pasado a mi hijo. Pero aunque los conocía socialmente, como a Galtieri y esposa, no me reciben. Y empiezo a bajar la cortina a mis viejas amistades.
Entonces escucho de las madres y averiguo. Y una tarde, creo que del ’79, me voy con mi yerno Guillermo a la Plaza de Mayo, tres de la tarde, tres y cuarto, tres y veinte y no había nadie. Le digo: «y dónde están?» De repente aparecen con un sacerdote adelante que era De Nevares. «¡Qué magnifico!» Yo lloraba y lloraba agarrada del saco de mi yerno. Entonces venía la policía y las madres decían «¡Caminen, caminen!, no le lleven el apunte.» Venían a provocar. Le pregunté a una madre dónde estaba la casa de las madres y me dijo «en Uruguay». Allí nos fuimos con mi hija a la calle Uruguay, entramos y además de madres veo una pared llena de fotos. «Ay Dios mío, qué espanto!» Se me acercó María Adela Carpi Antocoletz y me dijo «Aquí no preguntamos quién sos sino quién te falta.» Era divina y entonces nos juntamos las tres madres que nos faltaban hijos del ’75: Esther Sánchez, Nelly Stagnaro y yo. En el ’83 nos fuimos a un programa de Enrique Vázquez, en Radio Belgrano a hablar de los Desaparecidos del ’75 y yo leí una poesía de mi hijo que fue traducida en todos los países que visité.
En esta lucha una madre hace cualquier cosa por su hijo, por su memoria. Mientras Dios nos de fuerza seguiremos estas «Locas de Plaza de Mayo» exigiendo verdad, justicia memoria con nuestras rondas de todos los jueves, nacidas casi sin quererlo.Fue a Azucena Villaflor que en 1976 se le ocurrió ir a hablar con Videla y, lógicamente la policía las hizo circular. Esa orden provocó que nunca dejaramos de caminar alrededor de la plaza, todos los jueves a las l5 horas. Lamentablemente Azucena no vio cómo creció ese primer grupito de 15 madres.)
Unas fueron desaparecidas, otras llegaron después, pero no somos heroicas. Somos madres que con instinto visceral, con inconsciencia, con miedo, con tenacidad no pudieron vencernos.
Yo sufrí una metamorfosis: yo fui parida por Alejandro: Alejandro me ha enseñado y me enseña tanto para valorar las cosas de la vida. Y me lo imagino abrazándome como tantas veces, diciéndome: «¡Bien ,vieja, dale, dale!» Con esa sonrisa tan linda. Por eso seguiré hasta el último aliento. Yo me siento muy contenida por mis hijos y mis nietos. Nadie exige a nadie. Pero están. Para la marcha de los veinte años mi nieto Alejandro vino y se puso al lado mío, del brazo. Un cronista le preguntó: «¿Che, pibe, por qué estás acá vos?» Y le contesta: «Porque los hijos de puta se llevaron a mi tío»
Con los 20 años parece que fue una explosión y la gente dijo: Basta de impunidad!
Nosotras las madres no decimos nunca que nuestro hijo está muerto. Hasta que el Estado lo diga o encontremos su cuerpo.
Como decía antes nosotras no somos heroicas y ahora sabemos que no estamos solas, que hay conciencia en la gente. El pañuelo blanco ha dado la vuelta al mundo. Y hemos conseguido muchas cosas: que se los juzgara, que algunos estén presos por el robo de bebés, cobrar el resarcimiento que ordenó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, y en 1995 algo importantísimo, la ley que reconoce la ausencia por desaparición forzada que es el reconocimiento del Estado al terrorismo que aplicó.
El 17 de junio de 1975 desaparece Alejandro Almeyda, de 20 años.
Fuente: El Ortiba
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