El virus que podría ayudar a cambiar el sistema educativo

La mala educación

¡Empecemos ya con la educación que el siglo XXI se merece!

Es sorprendente observar como todavía hoy en día existen multitud de escenarios educativos de todas la edades en los que el estudiante no es tenido en cuenta. Espacios dedicados al aprendizaje y al conocimiento que niegan una realidad contextual y social para el conjunto de incipientes y aventajados aprendices que encuentran la desmotivación o, en el mejor de los casos, la motivación según el método pedagógico y la formación del docente para transmitir unos contenidos obligatorios y, en la mayoría de los casos, repetitivos y desmotivantes que se amontonan a lo largo del tiempo en las aulas.

Los contenidos se imponen por parte de una ley educativa que antepone conocimientos desfasados y poco atractivos en un tanto por ciento bastante amplio, en relación a los nuevos conocimientos generados por una sociedad líquida y cambiante, que parece desbordar las capacidades adaptativas de profesores que no saben bien como afrontar este cambio generacional y tecnológico que ha traído consigo el siglo XXI.

La mala educación no deja elegir

Ayudar a aprender es mover al alumno a pensar no solo sobre las tareas que se realizan, sino también acerca de los procedimientos que se utilizan para abordarlas y la plataforma emocional desde la que la realiza.

Romera, M. (La escuela que quiero.) 

Aún hoy en día, observamos una negativa creciente por parte de familias y profesores a transformar un modelo educativo antiguado y obsoleto, si es contemplado desde la mirada de niños que ansían conocer el mundo que les rodea. Ese mundo que nosotros nos hemos empeñado en catalogar como novedoso y rodeado de nuevas tecnologías y del que ellos poco comprenden, pues no son nuevas, son su realidad y nuestra labor debería ser formarlos y mostrarles como afrontar sin prejuicios ni miedos el uso de todos estos dispositivos que conforman su escenario próximo.

Tenemos que estar entrenados y anticiparnos a los nuevos jóvenes que llenarán nuestros colegios. La opción de carecer de una alternativa no tendría que ser una opción. Debemos ser auténticas máquinas de formación y descubrimiento, siendo nosotros ejemplo y referente que es capaz de autoformarse, de aprender a aprender y de mostrar el camino para alcanzar dicha formación de manera autónoma y efectiva por parte de nuestro alumnado. Tenemos que darnos cuenta que algo ha cambiado, que lo ha hecho para siempre y que nosotros como maestros y profesores somos ese cambio.

Si el virus que amenaza nuestra existencia tiene que confinar nuestro trabajo desde casa, nuestra forma de vida y la pizarra con la que impartimos clase al alumnado que aprende, ¡no debemos amedrentarnos! Tenemos que ser capaces de reinventar los entornos personales de aprendizaje de los estudiantes, aspirando a minimizar las brechas socio-económicas y posibilitando un aprendizaje sin barreras, horarios o áreas. Conceptos enraizados en libros y programaciones didácticas que tendrán que ser superados mediante una visión globalizada del mundo, de la educación y de las vivencias de estudiantes que nos marquen y orienten en el camino del cambio y la evolución pedagógica.

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