El 18 de Agosto de 1848 fusilan a Camila O’Gorman. Amor y tragedia en tiempos de Rosas.

Camila O’Gorman y el ex sacerdote Ladislao Gutiérrez, quien había abandonado los hábitos para unirse a la muchacha, fueron fusilados en Santos Lugares por orden del Restaurador Don Juan Manuel de Rosas.

Seguro no fue ni la primera ni última vez que dos personas murieron por amor, pero es probable que sea la más famosa y trágica de nuestro país. Al punto que hay una película «Camila» de 1984, que la recuerda.

Camila O’Gorman era quinta de seis hijos del matrimonio de Adolfo O’Gorman y Joaquina Ximénez Pinto. En 1843 onoce a Ladislado Gutiérrez, un sacerdote proveniente de Tucumán. Ladislao -así le decían- es asignado a la parroquia a la que asisten los O’Gorman y pronto comienza a frecuentar a la familia. Él también era de clase alta: su tío era el gobernador de Tucumán (Celedonio Gutiérrez), y conocía los códigos de los adinerados. Además, había hecho el seminario junto a uno de los hermanos de Camila.

camila pelicula 1984

Pasados los primeros días, comenzó a tomar confesiones. Ella le hablaba de sus cosas, de sus deseos, de sus pecados. Se arrodillaba en el confesionario y, sin verlo, le decía las cosas más íntimas. Sus voces fueron lo primero, sus voces sin verse, exactamente igual que en el minuto final de sus vidas.

Poco a poco Camila se fue enamorando secretamente. Se veían seguido en la que hoy es conocida como la Iglesia del Socorro, en Juncal y Suipacha, que por entonces era apenas una zona de quintas.

La sociedad argentina se dividía entre Unitarios y Federales. Los segundos, seguidores de Juan Manuel de Rosas, llevaban siempre consigo la divisa punzó, un distintivo colorado que indicaba su filiación política.

Nadie percibió lo que pasaba. Camila era, para su padre, una promesa de prestigio: las crónicas de la época cuentan que era hermosa, educada al mejor nivel, y que tocaba el piano y cantaba de manera celestial.

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Susú Pecoraro como Camila O’Gorman

Camila fue creciendo con Ladislao cerca y se enamoraron. Ya no era ella deseando lo prohibido sino ahora él tomándolo. Comenzaron un romance apasionado y secreto. En su cabeza tendría -quién sabe- el ejemplo de su abuela, Anita Perichon, que había tenido un escandaloso romance con el Virrey Liniers, además de una vida «licenciosa» y de ser acusada de espía.

No era el mismo mundo que hoy. El amor, el verdadero, parecía ser un desliz de románticos o de locos. No eran los sentimientos -mucho menos el deseo- lo que ordenaba a una familia, sino a la inversa: la familia debía conducir el deseo.

Los planes del padre de Camila eran verla casada con un joven respetado. Fue él, Adolfo, uno de los más férreos perseguidores de la pareja cuando se supo la noticia. Solo esperó 10 días para denunciarlos ante el gobernador. Según él, era «el acto más atroz y nunca oído en el país», tal como escribió en su carta a Rosas.

La historia los ubica sentados delante de un paredón. Tienen los ojos vendados. Ella vestida de blanco, él con pantalón negro, chaleco y barba de varios días. Dos cuerpos jóvenes, un tercero en camino. Ladislao Gutiérrez tiene 23 años. Camila O’Gorman 22 y un embarazo de pocas semanas en su vientre.

El 12 de diciembre de 1847 fue el día en que juntos se fugaron.

Ladislao pasó a llamarse Máximo Brandier y Camila se convirtió en Valentina Desan. Eran oriundos de Jujuy, según constaba en el pasaporte que consiguieron en febrero de 1848 (al parecer, denunciaron haber perdido los originales). El plan era sencillo: a caballo a través de Luján, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, y finalmente Brasil, donde vivirían tranquilos y contraerían matrimonio.

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Camila O’Gorman protagonista de esta trágica historia de amor

No obstante, una vez que llegaron a Goya, en Corrientes, detuvieron su marcha. Abrieron una escuela y allí quedaron trabajando un tiempo. El 16 de junio Ladislao tuvo la «mala suerte» de encontrarse con un sacerdote irlandés que conocía su verdadera identidad. Al día siguiente fueron apresados y, por orden del mismo Rosas, trasladados por separado a la prisión de Santos Lugares, en la Provincia de Buenos Aires.

Quedaron casi completamente incomunicados. Había una última carta que intentó jugar Camila: le escribió a su íntima amiga Manuela Rosas (hija del mismísimo Juan Manuel). «No te rindas -le respondió ella-, te voy a ayudar». Consiguió que le llevaran libros a Ladislao y que prepararan una habitación para Camila en la Casa de Ejercicios Espirituales (un convento de la Ciudad de Buenos Aires). Pero la ocasión nunca llegó.

En una pausa en el traslado, Camila confesó no estar arrepentida. Lo suyo no era un berrinche ni un ataque al régimen. Era una historia de amor, ni más ni menos, que databa desde bastante antes de la fuga. De esas declaraciones en San Nicolás se sabe gran parte de la historia… Y esas palabras, también, pueden haber cambiado su suerte. Al escucharlas, Rosas ordenó la inmediata ejecución de los dos.

camila y ladislao fusilamiento

El momento del fusilamiento en la película de Bemberg: «Camila»

La suerte de los dos estaba dictada. Una vez más, algo se interpuso: resultó que no eran dos sino tres. Un médico revisó a Camila y supo que estaba embarazada. Inmediatamente mandó a avisar al gobernador. Las leyes no permitían ejecutar a una mujer en ese estado. Menos lo hubiera permitido su hija, Manuela. Pero las órdenes fueron aún más estrictas: no permitir que los presos llegaran a Buenos Aires a reclamar un juicio y ejecutarlos de inmediato.

La historia, que no se conmueve con las injusticias, quiso luego que el ejecutante y la ejecutada descansaran en el mismo cementerio: los cuerpos de Camila O’Gorman y el de Juan Manuel de Rosas descansan ambos el cementerio de la Recoleta.

Encerrado, Ladislao preguntó por la suerte de Camila. «La misma que vos», le contestaron. Pidió un papel y un lápiz y le escribió su última carta: «Camila mía: acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra, unidos, nos uniremos en el cielo, ante Dios. Te abraza, tu Gutiérrez».

La hora final llegó el 18 de agosto de 1848, cinco años después de haberse conocido.

imanol y Susu

Imanol Arias como Ladislao y Súsú Pecoraro como Camila. Ella con los ojos vendados cuando lo conoce, al igual que cuando lo despide.

Juntos sentados delante de un paredón con los ojos vendados. Ella vestida de blanco, él con pantalón negro, chaleco y barba de varios días. Dos almas jóvenes y una tercera en camino. Ladislao Gutiérrez tiene 23 años. Camila O’Gorman 22.

-A veces tengo ganas de llorar. Sería mejor que fuéramos viejos y pudiéramos recordar, y contar…
-Tú no has nacido para esconderte, tú has nacido para amar

Susú Pecoraro en la piel de la joven O’Gorman e Imanol Arias en la del sacerdote. María Luisa Bemberg inmortalizó para siempre las últimas palabras de esta historia de amor.

-Ladislao, ¿estás ahí?
-A tu lado, Camila.

Camila. Película completa.

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