La discriminación al inmigrante no es sólo percepción

De octubre a noviembre de 2020, desde el Conicet y en articulación con más de 30 instituciones de migrantes de todo el país, se realizó la primera Encuesta Nacional Migrante de Argentina (Enma). Muchas organizaciones de la sociedad civil participamos desde el diseño inicial. Respondieron 3.188 migrantes en todo el país.

El objetivo es qué y cómo construir información relevante desde una perspectiva de derechos con los propios sujetos, que se saben portadores de derechos y garantías, y no con “objetos” de estudio y de políticas públicas.

El resultado se lanzó en un anuario este pasado 13 de mayo. Hay tanta información que es difícil decidir sobre qué explayarse. Opté por abordar el tema de la discriminación por considerarlo muy relevante para la vida diaria de los migrantes. Cuando decidimos colaborar con la encuesta, lo hicimos por estimar de gran importancia que se conozcan nuestras vivencias como migrantes y se dejen de naturalizar acciones que afectan nuestras vidas cotidianas.

Los migrantes que vivimos en Argentina siempre lo supimos: sí, hay mucha discriminación. Aunque siempre se la intentó minimizar.

Los datos de la Enma evidencian lo que muchos sentimos a diario. Ante la pregunta “¿ha experimentado discriminación por su condición de migrante y/o aspecto físico en Argentina?”, el 45% –es decir, casi la mitad– respondió que sí.

Al agrupar con las otras respuestas afirmativas –”sí, alguna vez”; “sí, esporádicamente”, “sí, frecuentemente”, y “sí, siempre”–, 65% dijeron haber experimentado situaciones de discriminación por su condición migrante y/o ascendencia étnico-racial.

Entre el 35% que respondió de manera negativa, no podemos ignorar el subregistro por la “eterna gratitud” que siempre nos piden a los migrantes. No importa lo que damos: sólo hay que ser agradecidos. Por ello, callamos algunas verdades que duelen y hasta fomentan resentimientos.

Punto de vista de género

La percepción según el género también es variable: respondieron de modo afirmativo el 71% de las mujeres y el 59% de los hombres. Aunque varios varones niegan discriminación, en otro espacio de la encuesta hacen comentarios a situaciones de esa índole que viven o vivieron.

En relación con la nacionalidad de origen, se observa cómo la migración europea (italiana y española) ha experimentado menos o nula discriminación, mientras que, en los casos de migrantes provenientes de Haití, de China, de Bolivia, de Colombia y de Senegal, el 80% respondió haber sufrido discriminaciones.

¿Qué hacemos con estos resultados? Consideramos necesario ver los lugares donde se evidencian las discriminaciones. En la encuesta, se podía elegir más de una opción: 37%, en la calle; 29%, en los medios de comunicación; 29%, en el trabajo; 26%, en trámites en alguna oficina del Estado; 24%, en grupos sociales, y 16%, en escuelas y universidades.

Nos gustaría que se trabajara en cada uno de los espacios, pero hay dos que nos preocupan sobremanera: aquellos medios de comunicación donde los discursos de odio y la reproducción de prejuicios y de manifestaciones racistas son moneda corriente. Es imperioso sensibilizar y promover “buenas prácticas” en los medios de comunicación.

Y el otro tema, el 16% de los establecimientos educativos. Ello pese a que esta encuesta se realizó a mayores de 18 años, o sea, niños y adolescentes no fueron escuchados.

No podemos dejar que tantos niños migrantes e hijos de migrantes sigan sufriendo y cosechando los sinsabores de considerarse diferentes. Debemos poner foco en la gran riqueza cultural de las diversas comunidades. En la Argentina tenemos todas las herramientas para compartir y practicar la interculturalidad.

Abusos naturalizados

Por último, resulta elocuente y alarmante que el 31% de las mujeres migrantes encuestadas haya indicado haber sufrido algún tipo de violencia por motivos de género, y todos sabemos también de este subregistro. Es significativo, y un tema que merece atención y acciones.

“Siempre es difícil adaptarse, sobre todo al principio, ya que no comprendemos sus chistes”. “Hay que pagar el derecho de piso. Duele más al principio; después, uno se acostumbra”. “Es hasta que nos conozcan mejor”. “Con las mujeres jóvenes, son más tolerantes, uno se va acostumbrando y ya no duele tanto”. “A mis hijos les digo que no tomen en cuenta esos dichos y agresiones, hay que aguantar, nomás”. “Es el precio de ser de otro lugar”. “Cuesta ser negra y pobre en este país”. “Con alguien tienen que descargar la bronca y las necesidades; no hay que tomarlos en serio”. “Los políticos nos agreden más”. “Es por ignorantes que nos maltratan”. “No hay que hacerle caso; siempre nos agreden, pero seguimos trabajando juntos”.

Este tipo de respuestas nos lleva a pensar en acciones y en políticas públicas muy necesarias para combatirlo.

La discriminación afecta la vida diaria de los migrantes, dificulta el acceso a derechos y altera y frustra la vida de muchos niños migrantes e hijos de migrantes que merecen ser tratados de manera equitativa, sin primar su lugar de nacimiento o rasgos étnicos raciales. Son temas que necesitamos poner en agenda de esta patria que también es nuestra por adopción y aporte.

* Red Nacional de Líderes Migrantes en Argentina

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