La realidad no se reduce a un dilema

Ya lo dijimos varias veces, pero las circunstancias nos obligan a repetirlo: la pandemia tiene muchas facetas. Y no sería correcto, desde el punto de vista periodístico, reducir esa multiplicidad a un simple dilema, aun cuando este pueda enunciarse de manera dramática, ya sea “salud o economía” o “salud o educación”.

Pocas veces la realidad se presta a ser expresada mediante dicotomías. Y menos cuando se manifiesta en la forma de un fenómeno extraordinario, cuyo origen aún sigue siendo una incógnita y cuyas consecuencias estamos lejos de calibrar en toda su magnitud. De modo que la primera regla que tratamos de imponernos para abordarlo es la cautela. La segunda, la amplitud de perspectivas. Un claro ejemplo de aplicación de esas reglas son las páginas de la edición de hoy, en las que tocamos el tema de un modo directo o lateral.

En ellas, desarrollamos tanto las manifestaciones callejeras en contra del confinamiento como los efectos letales del Covid-19 para la población. También incluimos, por supuesto, noticias sobre las vacunas, una de las pocas ilusiones que aún nos quedan, pese a las promesas grandilocuentes y a los escándalos de las vacunaciones VIP.

La cifra de 75 mil muertos debería ser inconcebible. Si ya no horroriza, si podemos leerla y creerla, es porque se trata de una larga suma gradual que empezó en marzo de 2020 y que no sabemos cuándo va a terminar. Esa contabilidad fúnebre, sin embargo, viene acompañada de un cortejo no menos tétrico: los números de pobreza, de desempleo y de abandono escolar.

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