Jóvenes con comorbilidades reclaman entrar en la fila de vacunación

Rosana Peralta quiere darle su vacuna contra Covid-19 a su hijo Lucio. Rosa tiene 50 años, sin enfermedad de base que pueda agravar una posible infección con coronavirus. En cambio, para su hijo de 18 años el Covid-19 podría ser mortal, ya que padece de un asma severo y crónico.

“Cuando tengo un episodio de asma, se me cierran los bronquios y no puedo respirar. Sería muy difícil y riesgoso que a este problema se le agregue el coronavirus. Debería tener prioridad para vacunarme. Conozco personas mayores de 60 años que están sanas y pudieron transcurrir sin problemas el Covid-19”, cuenta Lucio, que está en séptimo año de la secundaria en Bell Ville, pero que desde hace varios días no va a la escuela.

Su madre agrega: “No quiero la vacuna para mí. De mil amores se la daría a mi hijo. Porque sé que si se contagia puede tener consecuencias graves. Muchas madres en mi situación harían lo mismo. Hay un rango de personas con problemas que no están contemplando”.

Miles de personas jóvenes que padecen enfermedades de base como cardiopatías, diabetes, obesidad, enfermedades pulmonares crónicas e inmunosuprimidos todavía no fueron convocadas a vacunarse en Córdoba.

Algunas reclaman que esa decisión es injusta. La campaña de vacunación está escalonada por edad. Hasta ahora el Gobierno de Córdoba sólo está llamando a los mayores de 45 años con comorbilidades.

“Se va a ir abriendo la vacunación por rango etario en función de la cantidad de vacunas disponibles. Hay una gran expectativa de la sociedad, pero no se puede prometer algo que no sabemos si vamos a cumplir, porque la provisión de vacunas no depende de nosotros”, asegura Gabriela Barbás, secretaria de Promoción y Prevención de la Salud de Córdoba.

Para Noelia Azcona, de 40 años y con una cardiopatía, el escalonamiento por edad no tiene sentido. “En nuestro caso el riesgo es por un problema de salud, sin importar la edad. La valoración que hay que hacer es en relación a la gravedad o no de la patología”, sostiene.

Noelia es madre de dos hijos, empleada del Poder Judicial y docente universitaria. “Hace más de un año que me cuido con estricto protocolo. Para mí no hay diferencia si se decreta cuarentena, yo vivo todo el tiempo dentro de casa. Pero estoy cansada de vivir con miedo a enfermarme”, asegura.

Como experta en derecho menciona que desde que se dio la resolución 627/2020 del Ministerio Salud (que detalla los grupos de riesgo) están claras las prioridades, cualquiera sea la edad del paciente.

“Siento que nadie nos tiene en cuenta, quizás porque somos jóvenes. Pero justamente por esa razón resultarían pérdidas de vidas más anticipadas”, sostiene.

Perspectiva bioética

Carlos “Pecas” Soriano, médico experto en emergencia y bioética, asegura que existe consenso de que no debería primar a la expectativa de vida como criterio para acceder a una cama de terapia intensiva y que ese criterio se podría aplicar a la vacunación.

“No se puede priorizar a los más jóvenes sólo por el hecho de que pueden vivir más. El argumento va en otro sentido: sí se debe vacunar a las personas que tiene más riesgo de morir. Para el Covid-19, son las personas mayores de 60 años”, explica.

“Los criterios para priorizar la vacunación se basan en dos conceptos centrales: el riesgo de exposición, por eso se vacunó primero al personal sanitario, y el de comorbilidades que agraven el riesgo de muerte. Se demostró que la posibilidad de morir de Covid-19 aumenta con la edad”, explica Ignacio Maglio, abogado miembro de la Red de Bioética de la Unesco.

En este sentido señala diferencias de criterio entre acceso a la vacuna y camas críticas: “La prioridad en el acceso a una cama de terapia intensiva se da por la gravedad del cuadro del paciente y por las chances de recuperación”.

Maglio detalla que las prioridades en la vacunación la establece la Comisión Nacional de Inmunizaciones (Conain), pero que las provincias pueden establecer criterios dinámicos.

Para Soriano, las prioridades fijadas para la vacunación en el país fueron correctas, aunque señala algunas injusticias. Los casos más polémicos fueron los “vacunados VIP”, pero agrega otro ejemplo.

“Equivocadamente se abrieron las escuelas por presiones políticas y de la opinión pública. Entonces las autoridades se vieron presionadas a tener que vacunar a los docentes. Eso generó injusticias. Las escuelas deberían haber seguido en modalidad a distancia”, detalla.

Para Soriano, no hay evidencias de que el riesgo de morirse por Covid-19 en una persona joven con diabetes u otra comorbilidad sea igual o mayor que al de una persona sana de más de 60 años.

“No es éticamente aceptable priorizar por expectativa de vida. Si fuera así debería centrarse toda la atención médica en la pediatría y debería ignorarse la salud de los adultos mayores”, agrega Soriano

Población activa

Varios de estos jóvenes no tienen miedo de morirse, pero sí de perder calidad de vida y afectar su futuro y el de su familia. Es el caso de Damián March, de 39 años y con diabetes insulinodependiente. “No me preocupa que me vaya a morir, sino perder calidad de vida y cómo eso puede afectar a mi familia”, dice.

Damián tiene dos hijos y otro más en camino. Sabe que si se contagia las probabilidades de “pasarla mal” son altas y le pueden quedar secuelas. “Ya fui cinco veces a los centros de vacunación con la esperanza de que sobrara alguna dosis y me la pudieran dar a mí. No tuve suerte. Ahora estoy gestionado la visa para EE.UU. para vacunarme allá”, cuenta.

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