En busca de vacunas contra la resignación

Los centros de vacunación son los únicos espacios donde se respira cierto alivio y se puede observar gente contenta en Argentina.

Es en ese proceso de inmunización –demorado inexplicadamente hasta estos días– donde se administra la clave que determinará el año electoral. Y esta evidencia intensifica la carrera provincial por la compra de vacunas, en la que Córdoba está anotada. La semana pasada esa intención fue reflotada desde el Centro Cívico. Vacunar, o al menos mantener la ilusión de más vacunas, es el principal activo político por estos días.

No hay en el horizonte ningún otro dato que no conduzca a la desesperanza.

Lo demás se encuentra muy cerca del umbral de la resignación. No hay otra lógica que explique que en el peor momento de la pandemia, la Nación y la mayoría de las provincias apliquen desde mañana un relajamiento de las restricciones que se cumplieron a medias estos nueve días: el Estado, en todas sus jurisdicciones, acepta que tiene escasas posibilidades de hacer cumplir la única receta disponible para reducir los contagios. Opta por relajar 12 días antes de que el desacato generalizado invalide por completo la posibilidad de nuevas restricciones, a las que deberá apelar reiteradamente durante los tres meses que vienen.

Ese es el común denominador de todas las decisiones adoptadas en las últimas 48 horas. Las grandes diferencias que fabricó la política consisten en una hora más o una hora menos de circulación, y en mayor o menor presencialidad en las escuelas, una variable sujeta por estas horas al criterio de los gremios docentes y a la cantidad de casos que irrumpan en las aulas. Son esos los estrechos límites que la embestida de la pandemia deja a la autonomía provincial.

La fórmula que la administración de Juan Schiaretti diseñó para Córdoba apuesta a un cierre total desde las 19 de cada día, que compense la flexibilización de actividades productivas y educativas, que se intenta preservar. El gobernador retoma el lunes sus funciones formales, pero fue quien definió cada una de las acciones que hizo públicas el vicegobernador Manuel Calvo.

La fórmula Schiaretti

La gran diferencia que logró marcar la Provincia está en el anuncio de ayudas económicas y exenciones para los sectores que ya fueron acribillados por la cuarentena del año pasado, y que van camino a la desaparición con las nuevas restricciones. Se trata de un paquete económico que tiene un costo de 600 millones de pesos y que atiende buena parte de los reclamos de los sectores vinculados al comercio, el turismo, la gastronomía y el esparcimiento.

Si no se pueden controlar los contagios, lo urgente para el Centro Cívico fue controlar las protestas que incitaron abiertamente al incumplimiento de las restricciones. Las ayudas van en ese sentido y la polémica actuación preventiva del Ministerio Público provincial –que advirtió a los organizadores de las protestas contra el cierre de comercios– fue la constatación de ese desvelo oficial.

La otra diferencia que empieza a marcar Córdoba radica en el número de testeos: fue abrupto el incremento de los análisis que realizan los municipios y la Provincia. Los sucesivos récords de contagios reflejan el que hasta ahora es el momento de mayor circulación del virus –nadie se anima ya a hablar de que este sea el pico–, pero también representan mayor determinación en la detección. La implementación de un esquema de atención prehospitalaria es otra novedad, ante el peligroso ascenso de la ocupación de camas de internación.

Todas las diferencias que Schiaretti pueda seguir marcando dependen hoy de ese factor de ocupación, que en el interior provincial es extremadamente crítico e incluye a pacientes aguardando camas en centros municipales que carecen de internación. El fortalecimiento del sistema de salud con la incorporación de camas críticas fue hasta ahora la principal bandera de la Provincia y prácticamente el único logro que la Nación le reconoce al Gobierno de Córdoba. Todo lo demás son críticas sobre el manejo de la pandemia.

De lo que no hay dudas, es de que marcar distancia con el Gobierno nacional se vuelve cada día más imperioso para el Centro Cívico.

No hay campaña sin diferenciación. Hacemos por Córdoba enfrenta severos obstáculos para diferenciarse de la oposición de Juntos por el Cambio ante su electorado antikirchnerista, pero además deberá defenderse de la ofensiva que el Frente de Todos le planteará en la provincia. La cordial invitación del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, a sumarse a la lista que encabezará Carlos Caserio marca el final de una negociación que nunca existió.

En el peronismo cordobés, se empieza a observar la elección legislativa con un temor creciente al tercer puesto detrás del kirchnerismo. El alto rechazo que se mide en Córdoba sobre la gestión nacional de Alberto Fernández ya no es consuelo: cuando se mide la intención de voto, ninguna encuesta es tranquilizadora para el Centro Cívico, que mira 2021 pensado siempre en 2023.

Este escenario electoral no es menos complicado que el frente sanitario para el Gobierno de Córdoba. No se inventaron las vacunas contra la posibilidad de una derrota. Y saltearse el turno no es una opción en el Panal.

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