Buenas y malas noticias

Se supone que uno de los criterios del periodismo a la hora de juzgar el valor de una información no es si se trata de una buena o de una mala noticia, sino del grado de relevancia que esta tiene para la sociedad en la que el medio se inscribe.

Sin embargo, ningún editor podría negar que existen buenas y malas noticias, ni que esos calificativos (usados aquí en sentido emocional y no moral) también son contrapesados cuando se eligen los títulos de la tapa de un diario.

Ya hemos repetido varias veces en este mismo espacio que la pandemia ha copado la agenda mediática del mundo desde hace un año y medio y que sería irresponsable no seguir el tema de manera cotidiana en toda la extensión y en toda la profundidad que merece.

De hecho, desde que se inició la segunda ola de coronavirus casi todos los títulos principales y casi todas las páginas de Primer plano fueron destinados a diferentes aspectos de la pandemia, que son muchos, ya que la propagación del virus impacta en el sistema sanitario, en la educación, en la economía y en la política.

En ese contexto, hay días en que otros hechos adquieren la relevancia suficiente como para ser juzgados importantes para la sociedad cordobesa.

En este caso, se podrían considerar dos “buenas” noticias, que hoy encabezan nuestra portada: la anulación del ajuste por recategorización que la Afip aplicó a los monotributistas y la reducción del precio del gas en algunas zonas de la provincia de Córdoba. “Buenas” porque vienen a aliviar los bolsillos de miles de familias acuciadas por la inflación y las restricciones.

Dicho esto sin olvidar que la segunda iniciativa tiene una clara intención electoralista de parte del oficialismo nacional y que el país sigue postergando un verdadero debate sobre las tarifas en particular, y sobre los impuestos en general.

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