Luis Muchaga: el entrenador del bronce del vóley en Seúl ’88

El 2 de octubre de 1988, la selección argentina masculina de vóley le ganó 3-2 a Brasil y consiguió la única medalla olímpica para la disciplina en el país. En Seúl, el conjunto albiceleste se subió al tercer escalón del podio, detrás de Estados Unidos y la Unión Soviética, y esa gesta deportiva tuvo a un cordobés como protagonista: Luis Muchaga.

Formado voleibolísticamente en La Calera, el DT de aquel equipo hizo sus primeros pasos en el Colegio Carbó y en Atenas, ambos en la rama femenina, y en el masculino de Redes Cordobeses, pero en 1981 finalizó sus estudios en el Ipef y se fue a trabajar a Buenos Aires. Cuatro años después se sumó como asistente de las selecciones nacionales.

“Comencé a colaborar como asistente de las selecciones en 1985 por invitación del primer entrenador Alberto Roitman, a quien estaré siempre agradecido. De manera circunstancial Alberto no asistió al Preolímpico en 1987 en Brasil, y tuvimos la suerte de hacer un gran campeonato y ganamos la clasificación. Al final de esa temporada Alberto dejó el trabajo y la Federación de ese momento me ofreció llevar el equipo a los Juegos al año siguiente. Era para mí un desafío enorme pero afortunadamente las cosas salieron bien”, responde a Mundo D desde España, donde se encuentra radicado desde hace más de dos décadas.

El proceso lo había iniciado el coreano Young Whan-Sohn en 1975 y en 1982 se consiguió la medalla de bronce en el Mundial de Argentina en el Luna Park. “Yo heredé un equipo que había venido formándose desde hacía ya casi 10 años y que a principio de los años 80 ya había logrado un éxito importante en el Mundial de Buenos Aires. Posteriormente el equipo fue madurando, cambiaron pequeñas cosas. Pasaron muchos entrenadores… “, relata en el marco del especial de Mundo D rumbo a los Juegos Olímpicos de Tokio y afirma que fue una “concatenación de buenos momentos, una sucesión de buenos entrenadores con un grupo excepcional de jugadores”.

“Particularmente creo que tomé algunas buenas decisiones: cambiamos algunas buenas posiciones de juego, adoptamos un sistema de distribución de roles más moderno, menos universal y más específico y creo que eso dio resultado a la larga luego en la competición internacional”, agrega quien en sus primeros años como entrenador estuvo al frente del plantel de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires en la Liga Nacional masculina.

Ya en Seúl, Argentina debutó con una victoria ante Túnez y en el segundo compromiso derrotó a Japón; cayó 3-2 ante el bicampeón olímpico Estados Unidos y consumó su clasificación al ganarle a Holanda. La derrota ante Francia en sets corridos obligó al seleccionado a un durísimo cruce ante la Unión Soviética en semifinales.

Después de más de tres horas de partido ante Brasil, el seleccionado nacional pudo cerrar el 3-2 y colgarse la presea de bronce. “Fue una gran alegría y la confirmación de que aquello que había pasado en el Mundial de 1982 no era una casualidad o simplemente producto de haber tenido un buen éxito en casa. Sino que el vóleibol argentino, específicamente este equipo en ese momento, era capaz de competir y obtener resultados en competiciones del más alto nivel, del mejor nivel mundial, y también fuera de casa”, reflexiona Muchaga, quien en 1990 fue contratado como entrenador por la Federación Española, entidad con la que mantiene el vínculo en la actualidad.

Y continúa: “Históricamente creo que también ha dejado huella, y junto también con otros hechos muy importantes y muy valiosos como lo que hicieron los jugadores y técnicos argentinos en el extranjero, consolidaron la sensación, el sentimiento de que el vóleibol argentino tenía un valor que en las décadas anteriores se desconocía. Que tenía un gran valor, que era un equipo que era importante en cualquier competición, cosa que se fue confirmando posteriormente. Se han obtenido felizmente grandes resultados en competiciones internacionales”.

Después de los Juegos Olímpicos de Seúl, Muchaga siguió un par de años más al frente el equipo. En 1989 disputó el Sudamericano y en 1990 el Mundial en Brasil, donde Argentina finalizó en la séptima colocación. “Habíamos empezado a renovar el equipo y también habían aparecido más rivales duros. Luego de ese Mundial entendimos que era hora de abrir un nuevo ciclo”, explica el DT que desde 1992 entrenó y dirigió el equipo español juvenil masculino, y un par de años (1997-98) la selección mayor de España.

Desde 2000 ocupa el cargo de Director Técnico de la Federación, un rol que no lo tiene en cancha pero que se asemeja al de un Director Deportivo. Es quien tiene a su cargo la organización, gestión e implementación de los proyectos y competiciones de la Federación, tanto en el vóley de salón como el de playa.

“Para mí fue un despegue y un espaldarazo, un refuerzo anímico muy importante para mi carrera como entrenador. Me abrió puertas para trabajar y ha sido un recuerdo imborrable, que me ha dado energía y la ilusión para ratificar aquello que tuvimos la suerte de obtener de tan jóvenes”, rememora este cordobés que vivió siempre en pleno corazón de barrio Alberdi, cursó la escuela primaria en el Carbó y la secundaria en el Liceo Militar General Paz. Se recibió de abogado en 1976 y tras trabajar un año en Tribunales decidió cambiar el rumbo y dedicarse al vóley.

El 8 de diciembre cumplirá 67 años y lleva casi 50 como entrenador. Llegó a España en 1992 y a pesar de los años aún conserva un dejo de la tonada cordobesa que se mezcla con el acento español. “Voy muy poco por allí, aunque he dejado un pedacito de mi corazón”, cierra.

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